jueves, 30 de junio de 2011

Grecia. "Recortes": Paquete de medidas

Paquete de medidas

Más impuestos

-Se crea una tasa de "solidaridad" en los hogares que irá entre el 1% y el 5% de los ingresos, hasta recaudar 1.380 millones de euros.

-Se subirán los impuestos a la propiedad.

-El IVA más bajo pasará del 5,5% al 6,5%; el segundo tramo, del 11% al 13%, y el tercer tramo, del 19% al 23%.

-El IVA para bares y restaurantes se incrementará del 13% al 23%.

Gasto público

-Los salarios de los funcionarios se recortarán nominalmente un 15%.

-Los empleados de empresas públicas verán reducido su salario un 30%.

-Se recortarán 150.000 empleos públicos (un 25% del total) al rescindir a los temporales y no reponer vacantes.

-Se fusionarán o cerrarán 1.976 colegios.

-Se recortarán los gastos en sanidad e inversión pública.

Prestaciones sociales

-La Seguridad Social se recortará en algo más de 5.000 millones de euros hasta 2015.

-Se incrementarán los medios para comprobar el derecho a un subsidio.

-La economía sumergida será perseguida.

-La edad de jubilación subirá a los 65 años y se necesitará haber cotizado al menos 40 para cobrar el 100% de la pensión.

Privatizaciones

-Se venderán participaciones en la lotería estatal, en Hellenic Postbank en los puertos de Piraeus y Thessalonika, y un 10% de la operadora de telefonía Hellenic Telecom.

-En los siguientes años se venderá la gestión de aguas de Atenas, la refinería estatal, aeropuertos y concesionarias de autopistas. El Gobierno espera recaudar en total 50.000 millones de euros.

Fuente: Público

"Debtocracy - Χρεοκρατία - Deudocracia"

http://www.youtube.com/watch?v=KX82sXKwaMg

Katerina Kitidi y Ari Hatzistefanou

"Debtocracy - Χρεοκρατία - Deudocracia" es un documental realizado por los periodistas griegos Katerina Kitidi y Ari Hatzistefanou, y distribuido en internet libremente por sus autores, que busca las causas de la crisis y de la deuda en Grecia, y que propone soluciones que el Gobierno y los medios de comunicación dominantes ocultan.

Lo llaman UNIÓN Europea (y no lo es)

Dos cifras para no perdernos. La primera: para salvar al sistema financiero de los errores que provocó su propia voracidad suicida, Europa inyectó 311.400 millones de euros en sus bancos. El total de dinero movilizado por los socios de la UE en 2008 y 2009, tras la caída de Lehman Brothers, alcanzó los 3,7 billones de euros si sumamos también los préstamos y los avales y garantías no ejecutados que pusieron sobre la mesa las naciones europeas para respaldar a sus irresponsables banqueros. Por entendernos: 3,7 billones de euros es más dinero que el PIB de España (1,1 billones) y el de Alemania (2,4 billones) juntos.

La segunda cifra: el rescate a Grecia costará 110.000 millones de euros y no es un regalo desinteresado. Salvamos a Grecia para salvar de nuevo a la banca europea. También para evitar que la deuda soberana se encarezca aún más y el terremoto se lleve por delante al euro, de sur a norte. Los griegos pagarán el préstamo a sus socios con un 4% de interés. Y con su sangre.

Comparen ahora, si es que se quieren enfadar, el incondicional rescate a la banca europea y mundial –que en estos tres años de crisis apenas ha padecido reforma alguna– con los dolorosos recortes que hoy exigimos a Grecia. El “rescate” que impone la UE francoalemana a su supuesto socio tiene un nombre médico: ensañamiento terapéutico. Consiste en recetar dolor y más dolor a un paciente que se da por perdido. ¿Podrá acaso la anoréxica economía griega pagar lo que debe con una nueva dieta?

En el mejor de los casos, los ciudadanos griegos tienen por delante un lustro de recesión. En el peor, un corralito argentino. Es cierto: gran parte de la responsabilidad es suya. Al menos tanta como la que nunca han asumido por esta crisis los banqueros.

Ignacio Escolar

Público

miércoles, 29 de junio de 2011

Cosas curiosas de la economía europea

Como es sabido, uno de los protagonistas de la crisis financiera que se inició en 2008 en Estados Unidos, junto con la entidad Morgan Stanley, fue un banco de inversión llamado Goldman Sachs. Abocado a la bancarrota, en septiembre de 2008 la Reserva Federal estadounidense decidió que dejase de ser un banco de inversión para convertirse en un banco comercial y tuvo que ser rescatado con diez mil millones de dólares públicos. En abril de 2010, la Comisión del Mercado de Valores de Estados Unidos acusó a Goldman Sachs de fraude por las hipotecas subprime. En los juzgados la entidad financiera está acusada de emitir obligaciones de deuda a partir de valores respaldados por hipotecas que se preveía que fallaran y comercializarlas para sus clientes presentándolas como una buena inversión. Así, las autoridades bursátiles estadounidenses calculan que los ingenuos inversores de Goldman Sachs perdieron en torno a 740 millones de euros (El País, 17-4-2010).

No solamente esto, Goldman tuvo un papel central a la hora de ayudar a Grecia a ocultar el déficit presupuestario de su gobierno a la Unión Europea, los mercados financieros y la opinión pública en general. Goldman vendió a Grecia unos complejos canjes en los que pagaba al gobierno griego por futuras fuentes de ingresos por conceptos tales como tasas de aterrizaje en aeropuertos. Se trataba en realidad de un préstamo, pero el canje permitía al gobierno griego evitar que el dinero prestado pasara a los libros como préstamo, lo que habría elevado su déficit presupuestario por encima de los límites permitidos en la zona euro (The Guardian, 20-4-2010). Goldman Sachs gestionó colocaciones de bonos griegos por importe de unos 15.000 millones de dólares (unos 11.000 millones de euros al cambio actual) tras llevar a cabo una permuta de divisas que permitió al Gobierno de Atenas ocultar la verdadera cuantía de su déficit. Goldman ganó unos 735 millones de euros con la colocación de bonos griegos desde 2002, según datos de la agencia de noticias financieras Bloomberg News (El País, 18-2-2010).

¿Y por qué contamos ahora esto? Porque entre enero de 2002 y enero de 2006, mientras se cocían todos estos petardos financieros, el vicepresidente de Goldman Sachs era un señor que se llama Mario Draghi. El mismo que los líderes de la Unión Europea en una cumbre de Bruselas acaban de nombrar presidente del Banco Central Europeo. Ejercerá su cargo desde el 1 de noviembre de 2011, al 31 de octubre de 2019. El presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, afirmó que Draghi “ejercerá un liderazgo fuerte e independiente” de la institución, “continuando la tradición establecida por sus antecesores”. Hasta ahora solamente habíamos dedicado fondos públicos a salvar a las grandes financieras que habían provocado la crisis, ahora ya contratamos a sus directivos para gestionar la economía pública.

Y una última anécdota. Recordemos que los ciudadanos de Islandia decidieron en referéndum que no estaban dispuestos a que su Estado asumiera el pago de 3.700 millones de euros a la banca privada del Reino Unido y Holanda. El gobierno islandés, que defendía el pago, se quedó muy abrumado y dijo que entonces el país no podría acceder a los mercados financieros. Sin embargo no hubo ningún problema para colocar en el mercado bonos a cinco años. Su precio se estableció a un tipo del 4,875% (Público, 11-6-2011). Lo curioso es que otros gobiernos más disciplinados con el mercado deberán pagar un interés mayor para que los inversores se interesen por sus bonos y los compren. Los bonos irlandeses se pagan al 15% y los griegos al 25%. Hasta el Estado español deberá pagar más interés que el islandés para que los inversores se los queden, el 5,6%. De modo que ni los mercados te premian cuando eres servil.

Www.pascualserrano.net

Pascual Serrano es periodista. Su último libro es ¿El mejor del los mundos? Un paseo crítico por lo que llaman “democracia” (Icaria)

Fuente:Rebelión




martes, 28 de junio de 2011

Indignante Europa

Juan Torres – Consejo Científico de ATTAC

A base de poner el proyecto europeo cada vez más claramente al servicio de los intereses de las grandes corporaciones económicas y financieras, los dirigentes de la UE van a lograr que la mayor parte de la población europea se desentienda de Europa y que se desvincule indignada de los horizontes y sacrificios que le quieren imponer.

Tratar de salvar solo a los pasajeros de clase preferente cuando el avión corre peligro de estrellarse es una quimera. Pero en lugar de entender que a quien hay que salvar es a toda Europa sus líderes ceden a la presión y apuestan por salvar solo a los bancos francoalemanes y tras ellos, en cada país, a los nacionales. Con tal de lograrlo, están a punto de sumir a Europa en una depresión y en una crisis sin precedentes y pueden llegar a convertirla, para salvar solo los muebles de los grandes financieros, en la primera dictadura corporativa del planeta porque todo ello se lleva a cabo, además, sin deliberación social y a base de imponer recortes de derechos y costes sociales muy elevados sin consultar para nada a la población.

Por si fuera poco, se puede decir que las medidas económicas que están imponiendo rozan la superchería porque se empeñan en basar la política económica en la moderación salarial y del gasto público argumentando que así aumentarán la competitividad y el empleo cuando hoy día se sabe a ciencia cierta que esa secuencia no se da y que la reducción del salario no crea empleo sino todo lo contrario.

Los investigadores Jesus Felipe y Utsav Kuma acaban de demostrar (Unit Labor Costs in the Eurozone: The Competitiveness Debate Again, Working Paper of Levy Institute, 2011) que la tesis que utilizan las autoridades europeas para justificar sus políticas, según la cual para obtener más producción y empleo es preciso menor crecimiento salarial, no está de ningún modo contrastada. Y que si los costes laborales unitarios han subido en los años o países con peores niveles de empleo, que es el argumento que utilizan los neoliberales para imponerlas, no es porque hayan subido los salarios sino los precios, como consecuencia del enorme poder del que disponen las grandes empresas y al que nunca le hacen frente.

Sylvain Broyer y Costa Brunner demostraron hace poco (L’évolution récente des parts de marché intra-UE n’a rien à voir avec la compétitivité coûts, Flash Economie, Natixis, N° 193, 2010) que la evolución de las cuotas de mercado intraeuropeas no tiene nada que ver con los costes de competitividad. Para que las cuotas de mercado de los diferentes países respondieran a sus distintos niveles de costes, esto es, para que se pudiera producir el efecto que se pretende alcanzar con las medidas de ajuste salarial que impone el pacto del Euro Plus, tendría que suceder que todos los países de la zona exportaran los mismos productos, que fuesen perfectamente sustituibles, que es justo lo contrario de lo que ocurre en Europa en donde la tendencia realmente observada es la de una progresiva especialización.

Hace también poco tiempo, James Galbraith y Deepshikha Chowdhury (The European Wage Structure, 1980- 2005: How much flexibility. LBJ School of Public Affairs. Austin, Texas 78713, UTIP Working Paper Number 41, 2007) han demostrado que de los datos sobre salarios y empleo en Europa entre 1980 y 2005 no se puede deducir que deban disminuir los salarios para que aumente el empleo, porque lo cierto es que las variaciones de los salarios y del empleo en ese largo periodo han ido de la mano: cuando han aumentado los salarios ha subido el empleo y cuando se han reducido ha bajado.

Y desde finales de los años noventa se viene haciendo numerosos estudios por autores como Dean Baker, Laurence Ball o Thomas I. Palley que demuestran que la evolución del desempleo en Europa no depende de variables que tengan que ver con instituciones “rígidas” del mercado de trabajo sino con las políticas macroeconómicas de austeridad y moderación salarial dominantes.

Hasta la propia OCDE, unos de los baluarte desde los que se diseñan las políticas neoliberales, tuvo que reconocer en su Employment Outlook de 2006 (p. 190) que diferentes países habían podido lograr buenos resultados en materia de empleo aplicando políticas “extremadamente diferentes”, y el economista francés Jean Paul Fitoussi afirmaba en 2003 (Comments on Frydman, R., Stiglitz, J., Woodford, Expectations in Modern Macroeconomics, University Press, Princeton, p.434) que “hasta ahora no hay evidencia de que las instituciones del mercado de trabajo sean responsables del alto nivel de desempleo de la Unión Europea”.

No es verdad, pues, que las medidas de recorte salarial contempladas en el Pacto del Euro vayan a permitir crear empleo. Hay mucha más base empírica para asegurar que la austeridad que se está imponiendo va a debilitar la capacidad de crearlo y que va a llevar a Europa a una atonía de muy graves consecuencias sociales durante años.

Y lo peligroso es que se prefiere producir estos efectos que serán dramáticos solo para asegurar que aumenten las rentas financieras, para que los Bancos que han producido un colosal desastre financiero recuperen cuanto antes sus beneficios y su poder y para que las grandes empresas consoliden su posición de privilegio en los mercados.

Europa necesita una orientación política y económica diferente. El euro ya ha dado todo lo que podía dar sin generar un problema sistémico irresoluble en Europa y que antes o después se va a proyectar sobre el resto del mundo. ¿Quién puede creer que la solución es ir condenando a una nación detrás de otra a seguir el camino impuesto a Grecia, dejándolas sin recursos para levantar cabeza en uno o dos decenios?

Europa necesita una nueva constitución monetaria y económica que no agrande constantemente las asimetrías tan profundas hoy día existentes sino que permita cerrarlas mediante políticas de bienestar e igualdad.

Hay que abordar el problema de la deuda con decisión, haciendo que carguen con ella quienes la han provocado e impidiendo de una vez que siga siendo una fuente de negocio para los especuladores financieros, y para ello se requiere otro banco central y otra política monetaria, comprometidos con el pleno empleo, con la sostenibilidad y con la igualdad. Es ya imprescindible contar con un auténtico presupuesto y con una hacienda europeos que armonicen la fiscalidad, que articulen políticas de reequilibrio y desarticulen los mecanismos que hoy día favorecen la obtención de rentas financieras en perjuicio de la creación de riqueza. Hay que contar con normas laborales continentales, con estándares de protección paneuropeos y, sobre todo, con una política europea de gestión del tiempo de trabajo que favorezca el empleo y no su reparto empobrecedor mediante el desempleo o la precariedad laboral. Hay que establecer una estrategia de Europa por la igualdad, entre otras vías, imponiendo a las empresas códigos de responsabilidad ambiental, laboral y en materia de no discriminación. Europa debe modificar su posición en la estructura del comercio internacional renunciando al cínico principio del librecambio exigido a los países pobres, pero que los ricos y la propia Europa no cumplen, para asumir la cooperación y la restitución como principios ordenadores de los intercambio internacionales. Hay que someter a los mercados financieros y reprimir la especulación con todas las fuerzas.

Los líderes europeos pueden insistir y seguir proclamando, como acaba de hacer Barroso, que “no hay alternativa” pero así solo van a conseguir que la indignación se extienda sin remedio entre la ciudadanía y que ésta, antes o después, tome las calles para echarlos y evitar el desastre imponiendo pacíficamente otra política económica al servicio de las personas y basada en una verdadera democracia.

Artículo publicado en Sistema Digital

http://www.juantorreslopez.com

jueves, 23 de junio de 2011

Insolidaridad y crisis de la UE

Tras tanto hablar de la cohesión social para afirmar que el proyecto de la UE trascendía de la mera unión mercantil originaria, la crisis ha venido a aclarar sin tapujos que es la Europa del capital, y no la de los ciudadanos, la que prima en la toma de decisiones. Los recientes movimientos de protesta vienen a recordar las promesas violadas de esa Europa unida y solidaria a la que hacía mención el Tratado de Lisboa.

Para contentar a la mayoría, se presentó la adhesión a la UE de los países hoy llamados “periféricos” como la entrada en un club de ricos que, guiado por el objetivo de la cohesión social, iría construyendo un espacio cada vez más homogéneo en derechos, retribuciones y prestaciones sociales. Sin embargo, al cebarse precisamente en los “países periféricos” las agresiones a las retribuciones, derechos y prestaciones sociales de los trabajadores, practicadas al calor de la crisis, se hundió el sueño de esa Europa de ciudadanos libres e iguales, llamados a participar en instituciones que, se suponía, irían reforzando la unidad política y la cohesión social en un espacio heterogéneo.

Por ejemplo, según las estadísticas de la UE, el coste laboral por hora de trabajo en Rumanía era antes de la crisis sólo el 15% de la media de los 27 y el gasto social y las pensiones per cápita apenas alcanzaban a ser el 4 y 5% de la media comunitaria; pese a ello, se han acordado drásticos recortes en aras de una supuesta mejora de la competitividad. Lo mismo ha ocurrido en Grecia, Portugal y España. Cuando en nuestro país el coste laboral por hora de trabajo, el gasto social y las pensiones a duras penas llegan a ser la mitad que en Alemania y se sitúan bien por debajo de la media de la UE de los 27, se vienen imponiendo más y más recortes en retribuciones, cotizaciones y derechos sociales. Es vergonzoso que se juegue a salvar la UE hundiéndola como proyecto socio-político, pues ya no se habla de igualar por arriba, ni siquiera de igualar por abajo, sino de degradar más y más la precaria situación de los de abajo, ampliando la grave polarización social del espacio europeo, a la vez que se corre un tupido velo sobre los factores que de verdad sesgan la productividad y los ingresos a favor de los ricos.

Carlos Taibo

Público




miércoles, 22 de junio de 2011

La tragedia griega

Ya no están Tespis, Esquilo, Sófocles o Eurípides para mostrarnos la tragedia griega. Grecia es hoy un país al borde del abismo, pero el abismo es la orilla de un territorio que abarca a todas las naciones: la tragedia las abarca a todas.

Esos trágicos inmortales dirigieron su atención hacia el mundo interior de los hombres, buscando lo intrínsecamente humano narrando sus aventuras, en las que exploraron los abismos y vericuetos de lo que ellos llamaban alma. Aristóteles postuló que la tragedia, mediante la piedad o el horror era capaz de lograr que el alma se elevara y se purificara de sus pasiones.

Ese proceso, denominado catarsis, es la purificación interior que logra el espectador a la vista de las miserias humanas. El fondo común de lo trágico será la lucha contra un destino inexorable, que domina la vida de los mortales; y el conflicto que se abre entre el hombre, el poder, las pasiones y los dioses.

Sus temas, son sin duda grandilocuentes y, aunque no han perdido vigencia, adoptan en nuestros días significados tan desconcertantes que llevaron a Paul Tabori a escribir La historia de la estupidez humana.

Las primeras palabras de la Introducción de La historia... de Tabori, dicen: “Este libro trata de la estupidez, la tontería; la imbecilidad, la incapacidad, la torpeza, la vacuidad, la estrechez de miras, la fatuidad, la idiotez, la locura, el desvarío. Estudia a los estúpidos, los necios, los seres de inteligencia menguada, los de pocas luces, los débiles mentales, los tontos, los bobos, los superficiales; los mentecatos, los novatos y los que chochean; los simples, los desequilibrados, los chiflados, los irresponsables, los embrutecidos. En él nos proponemos presentar una galería de payasos, simplotes, badulaques, papanatas, peleles, zotes, bodoques, pazguatos, zopencos, estólidos, majaderos y energúmenos de ayer y de hoy. Describirá y analizará hechos irracionales, insensatos, absurdos, tontos, mal concebidos, imbéciles... y por ahí adelante. ¿Hay algo más característico de nuestra humanidad que el hecho de que el Tesauro de Roget consagre seis columnas a los sinónimos, verbos, nombres y adjetivos de la estupidez, mientras la palabra sensatez apenas ocupa una?”

Hay que decir a Tabori que el poder económico, político, militar, está densamente poblado por el elenco que refiere, y que el pilar sobre el que se mantiene ese poder es el interés del dinero, del capital, que todo lo embrutece. Pero aún embrutecido, no deja de ser poder.

Nunca en la historia el frenesí, la vehemencia, por la posesión individualista de la tecnología y por el consumismo alcanzaron la estúpida sinrazón de preferir sin ningún género de dudas tal posesión, al precio del calentamiento global, del agotamiento del planeta. Baste recordar, como ejemplo, que en 1992, en la Cumbre de la Tierra, en Río de Janeiro, convocada para encontrar los medios de velar por los temas medioambientales, Bush padre obsequió al mundo esta imborrable perla para la historia de la estupidez humana, al decir: Nuestro estilo de vida no es negociable.

En 1928 Mahatma Gandhi, un ser fuera del mundo del mercado que produce la estupidez referida, dijo Dios nos libre de que algún día India siga el ejemplo de la industrialización occidental: intuía sin duda que si el mundo se dejaba llevar por la explotación enajenada de los recursos naturales, la humanidad terminaría esclavizada y con un mundo desprovisto de los recursos naturales como si lo hubiera devorado un enjambre de langostas.

A última hora de pasado 18 de junio Alemania y el Banco Central Europeo llegaron a un acuerdo, y aprobaron un segundo rescate para Grecia. Alemania decía estar definitivamente contra un nuevo rescate para Grecia cuya impericia para la administración pública es proverbial, según la señora Merkel. Este rescate fue detenido ayer lunes, sin duda sólo para volverlo más draconiano para los griegos, sin que ello suponga, a menos a mediano plazo, una vía de salida para su tragedia.

La teoría de los rescates dice que es preciso recobrar la confianza del consumidor, para lo cual es necesario salvar a los bancos alemanes y franceses que, en gran parte, en ello consiste la inmensa deuda soberana de Grecia. No importa que hayan pasado varias décadas que han probado que la tal confianza no se restablece por esa vía.

Lo llamativo es que, con los rescates a Grecia mediante los cuales otros países europeos piden prestado dinero para prestárselo a Grecia, la UE se aproxima a una especie de Estado que emite bonos europeos, ya que poco a poco los demás países acaban asumiendo los riesgos de Grecia. Todos son Grecia.

Y los estados nacionales europeos han confesado finalmente que quien manda son los banqueros y no el poder político, al emitir un boletín que dice la Unión Europea tendrá que pactar con las principales agencias de calificación –Moody’s, Standard & Poor’s y Fitch– la restructuración suave y voluntaria de la deuda griega, para evitar que su calificación siga cayendo escaleras abajo y que alguna de esas tres firmas considere que la salida pactada es, en realidad, una suspensión de pagos y provoque otro terremoto financiero.

Entretanto, si nada cambia, Estados Unidos, la UE, y ahora que China empieza a acercárseles, se aproximan juntos a otro tsunami financiero.

José Blanco.
La Jornada