sábado 17 de marzo de 2012

La crisis de valores de Europa

Pigs es la voz con la que los ingleses designan a los cerdos, pero es también la voz con la que gente de los países hoy económicamente fuertes de Europa designan a los económicamente débiles. En este último caso, si bien PIGS es el acrónimo o suma de iniciales de Portugal, Irlanda, Grecia y España (en su denominación británica, Spain ), por efecto de la homonimia implica una remisión innegable a esos animales; a esas cuatro letras hoy añaden otra "i", en alusión a Italia, atenazada también por la crisis económica.

Sorprende, provoca estupor y duele que en prestigiosos periódicos europeos, en conversaciones de todos los días e, incluso, en ambientes universitarios -lo he escuchado en la prestigiosa Sorbonne- se hable lisa y llanamente de los pigs (cerdos), en alusión a esas naciones que financieramente atraviesan momentos difíciles. ¿Cómo es posible que países como Alemania o Francia, que tanto deben a Grecia, puedan referirse, por ejemplo, a la Hélade con un apelativo que suena infamante? Es algo grave y también es señal de que ignoran su pasado y, ciertamente, sus raíces.

En la República de Platón, en el diálogo entre Glaucón y Sócrates, luego de la descripción de una ciudad ideal regida por el orden, el hermano del filósofo de la Academia pregunta al maestro: "Si tuvieras que preparar, Sócrates, una ciudad de cerdos, ¿dispondrías de otros alimentos que los ya citados?". Resulta grosera, aunque gráfica, la referencia a la hyôn pólis, "ciudad de cerdos", vertida en el citado tratado para aludir, metafóricamente, a ciudades gobernadas por la anarquía.

Respecto de esa imagen, me pregunto si quienes han ideado tan bochornosa denominación para los países endeudados inventaron el acrónimo por mero azar o pesaron en sus mentes los años de Gymnasium o de Liceo classico cuando, quizá, pudieron haber leído el famoso tratado de Platón. Me inclino por el azar, ya que es el azar el que muchas veces gobierna nuestros actos, incluso sin que nos percatemos de ello y, en ocasiones, también contra nuestra voluntad.

Otra circunstancia que considero igualmente oprobiosa vinculada con la crisis que sacude a Europa es la referida por Antonio Tabucchi en su artículo "Los sagrados kiwis de Delfos". El novelista, luego de describir los valores religiosos y simbólicos que el olivo ha tenido para el helenismo, alude a una circular de la Comunidad Económica Europea dirigida al Ministerio de Agricultura de Grecia en la que, dado que el aceite de oliva de la Hélade no resulta "competitivo" en los mercados frente al producido en España o Italia, sugiere reemplazar las plantaciones de olivo por las de kiwis ya que, en el concierto de la economía de Europa, los kiwis resultan más rentables.

¿Qué habrían dicho -o qué dirán- Apolo o Palas Atenea desde una ribera tres veces milenaria que aún hoy ilumina lo que queda de la vieja cultura europea?

La economía es importante, quién se atrevería a negarlo, pero no es el único ni el principal de nuestros valores.

La distinción entre países ricos y países endeudados ha vuelto a establecer un muro como el que antes dividió a Europa, no en este caso de cemento y alambre de púa, sino hecho de una red tan invisible como siniestra que aherroja y amenaza con asfixiar a los más débiles: muro también de silencio y vejación como el que habían logrado derribar, con lo que asistimos a una virtual fractura de la eurozona.

Librar la suerte de países a los índices y valores que permiten especular con las mercancías no es un simple problema coyuntural sino de estructura, que hoy asfixia a tal o cual región pero que amenaza con volverse endémico. La economía de mercado debe entender que los ciudadanos no son meras cifras amontonadas sin distinción en los guarismos de la estadística sino, ante todo, seres humanos.

Ciertamente, se logró abatir el muro que dividía a Berlín en dos mundos, pero las macrooperaciones bursátiles han vuelto a segmentar el territorio europeo mediante un tramado anónimo y despiadado, mucho más sutil que la otra división, donde lo que brilla por su ausencia es la solidaridad; sin embargo, la falta de solidaridad no empieza en estos problemas financieros. No olvidemos que Italia y España, países de emigrantes en momentos de hambre, en los últimos años no dudaron en ahuyentar a tiros a albaneses que buscaban asilo en una tierra que los albergara, tal como sucedió en el sur de la península itálica, o el caso de España que, vigilante de su frontera, impide que pateras cargadas de magrebíes famélicos alcancen sus costas, con resultados atroces por todos conocidos.

Aparentemente se trata de anécdotas aisladas -aunque graves-, pero que se imponen como síntoma del preludio de una nueva caída. Lo que se está derrumbando no son fronteras siempre movedizas, límites geográficos o políticos que generan migraciones en busca de un horizonte mejor, tampoco sistemas económicos o bursátiles, sino algo más grave: contenidos éticos. Asistimos, pues, más que al ocaso de una civilización, al ocaso de una cultura. La Gran Guerra, la atroz política genocida perpetrada por el nazismo, los hechos criminales del estalinismo denunciados con valentía por Alexander Solzhenitsyn en las páginas tan crueles como memorables de su Archipiélago Gulag parecen dar cuenta de una agonía entrópica cuyo desenlace no avizoramos con claridad pero que, en verdad, no es nada promisorio.

Contrariamente a lo que imaginamos en una primera apreciación, la cultura, a secas -como sostiene George Steiner-, no humaniza. Este brillante ensayista señala que "no hay demostración alguna de que los estudios literarios hagan, efectivamente, más humano a un hombre. Y algo peor: ciertos indicios señalan lo contrario". Y tiene razón. Pienso, por ejemplo, en la actitud deleznable de Heidegger, que, cuando rector en Friburgo, no trepidó en incluir, en la lista de los profesores que debían ser expulsados de la cátedra en virtud de su ascendencia judía, a su admirado maestro Edmund Husserl (véase la entrañable dedicatoria que antes le había consagrado en la primera edición de Ser y Tiempo ) y, lo que es más grave, nunca tuvo valor para retractarse. El citado Steiner nos recuerda que oficiales de las SS, que en campos de exterminio perpetraban crímenes aberrantes, vueltos a sus hogares -como presos de esquizofrenia- llevaban cálida vida familiar deleitándose con la lectura de Schiller o Goethe o ejecutando al piano piezas de Schubert.

Es razonable pensar que la educación y la cultura suavizan la animalidad que está en la base de nuestra naturaleza (el hombre es un lobo para el hombre, reza el primitivo adagio latino), pero esos recursos no son suficientes si la educación y la cultura no apuntan a la concreción de ideales éticos. La educación y la cultura no deben ser vistas como mero afeite, sino como motores esenciales tendientes a la formación de la persona. La ética es la norma que debe regir nuestro comportamiento tal como enfatiza la filosofía griega poniendo como ejemplo la figura de Sócrates: este sabio aceptó serenamente la muerte para no claudicar en sus ideales en defensa de la ley (recordemos que cuando sus discípulos le propusieron escapar para evitar una condena injusta a ojos vista, se molestó con ellos ya que su Norte fue siempre cumplir con el mandato de las leyes).

En momentos en que asistimos al progresivo debilitamiento y, en cierto modo, desmoronamiento de valores e ideales que englobamos bajo el rótulo "humanismo europeo" -tales como libertad, civilidad, solidaridad, educación, respeto-, es preciso estar alerta ante la grave situación descrita y no cejar un solo instante para evitar que la noche se tienda sobre el horizonte (las dos guerras mundiales son ejemplos dolorosos que no deben ser olvidados). La historia es el teatro de una progresiva humanización en la que, desde época de las cavernas hasta la fecha, se despliega el denodado esfuerzo del hombre por llegar a ser digno de su condición.

En el período de entreguerras, Musil y Broch en la capital austríaca, Kakfa y Rilke en Praga, Svevo en Trieste o Thomas Mann en Alemania, entre otros notables, advirtieron sobre los desastres que se avecinaban, pero sus palabras fueron desoídas. Hoy, escritores, filósofos y pensadores de valía nos alertan sobre la crisis que sacude a Europa, que es fundamentalmente de valores. Se trata de algo invisible a ojos profanos, pero que, cercenando libertades, asfixiando economías y condenando poblaciones a la miseria y al hambre prenuncia un posible derrumbe: incluso el euro, pretendido símbolo de la unidad de Europa, da muestras de un debilitamiento progresivo.

La Comunidad Europea es una suerte de organismo viviente donde todas y cada una de sus partes deben actuar mancomunadamente; como sucede en todo cuerpo orgánico: si uno de sus miembros enferma o desfallece, se altera el conjunto. Es preciso asistir a la parte dañada para que la unidad recobre su salud. Se impone tener una mirada que abarque a Europa como un todo, ya que sus países no son segmentos aislados fácilmente reemplazables, sino partes sustanciales de su ser.

Es necesario tomar decisiones que enderecen un barco que si no navega de manera adecuada -es decir, solidaria- puede ir a la deriva no por la fuerza ominosa de un destino ineluctable, sino por la decisión egoísta y arbitraria de seres que sólo atienden a razones del mercado. La cuestión no es cuantitativa, sino cualitativa; en ese orden, la economía debe ser entendida como una ciencia social al servicio del hombre y no estar el hombre al servicio de aquélla.

Salvar a la Hélade, a Italia y al resto de los países económicamente débiles es salvar a Europa y, por extensión, a la cultura occidental que nos engloba. Recordemos el premonitorio y crepuscular parecer del poeta Georg Trakl: "La muerte, el sueño, la vida/ sin ruido la barca deriva". La poesía de este trágico visionario relaciona decadencia y descomposición cuando nos habla del atardecer al que Heidegger, valiéndose de la etimología de la palabra alemana Abend-Land "tierra del anochecer", enlaza con la palabra Occidente. Es preciso abrir los ojos a tiempo para que Europa no vuelva a convertirse "en la tierra del ocaso". © La Nacion

Hugo Francisco Bauza
La Nación.com
El autor, escritor, es presidente de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires

sábado 10 de marzo de 2012

El problema de la Eurozona no está en la periferia sino en el centro: Alemania

Este artículo señala las raíces del problema de la Eurozona, que es la gran reducción de las rentas del trabajo en Alemania (y en los demás países de la Eurozona), que ha creado un problema de demanda en aquel país y en toda la Eurozona, y una excesiva acumulación en Alemania de capitales (resultado de lo anterior) incluido capitales financieros, que al exportarse contribuyeron a crear las burbujas inmobiliarias en los países de la periferia, consiguiendo enormes beneficios, como consecuencia.

Alemania es muy exitosa en la exportación de productos. Y como exporta mucho más que importa, la balanza de pagos es positiva. El crecimiento de la diferencia entre exportación e importación varió, pasando de representar el 2,8% del producto interior doméstico en el año 2000, al 7% en el 2008. En realidad, el valor total de las exportaciones en Alemania fue en este último año de 983.000 millones de euros, superior al valor total en China, 971.000 millones. Su saldo de pagos era de 177.000 millones de Euros en Alemania, comparado con 191.000 millones en China. Este enorme éxito se debe primordialmente a la moderación salarial, manteniendo los sueldos muy por debajo del nivel de su productividad. Ello explica que el valor añadido no vaya a la masa salarial y al consumo doméstico, sino a los beneficios empresariales y a las exportaciones de capital, incluyendo capital financiero. Ni que decir tiene que el mundo del trabajo alemán no está muy satisfecho con esta situación. Pero el mundo empresarial alemán tiene un gran instrumento en sus manos, el Banco Central Alemán (el Bundesbank) y el Banco Central Europeo. Estos dos instrumentos tienen como objetivo controlar la inflación, a través del control salarial. Cuando los sindicatos del metal estaban renegociando su conversión, el BCE subió los intereses del dinero, reduciendo el crecimiento económico y aumentando el desempleo, y ello a pesar de que la Eurozona estaba ya a punto de entrar en recesión.

Por otra parte, la exportación del capital, incluyendo el financiero, ha sido un componente importantísimo para crear la burbuja inmobiliaria en España e Irlanda (y en EEUU). Se olvida en los círculos financieros y empresariales alemanes y en sus establishment políticos que, aún cuando acusan a los países periféricos de haber derrochado su dinero (en invertir en actividades especulativas, como el sector inmobiliario), la banca alemana favoreció y se benefició de tal derroche. En realidad, la mayoría del dinero era alemán (además de francés y español). Es difícil aceptar la crítica cuando la banca alemana estuvo metida hasta la médula en tal derroche, beneficiándose enormemente. Es interesante notar que, como dijo el sindicato del metal alemán, la burbuja inmobiliaria alemana pasó en España. Mientras que había una escasez de construcción en Alemania (Alemania tiene el menor porcentaje de propietarios de viviendas en la UE), en España, con la ayuda del capital financiero alemán, se construyeron tres veces más casas de las que se necesitaban. Era austeridad en casa (Alemania) y despilfarro en el resto de la UE y, muy en particular, en los países periféricos (España, Grecia, Portugal e Irlanda). En realidad, la moderación salarial se escribió en piedra en la constitución alemana, presentándola como una enmienda, exigiendo equilibrio presupuestario. Detrás de tal enmienda constitucional estaba el deseo de reducir la protección social.

Tales medidas no se tradujeron en un crecimiento del desempleo, y ello como resultado del poder sindical dentro de las empresas (el sistema llamado co-gestión), que hizo que en lugar de destruir empleo, el empresario tenía y tiene que pactar la reducción del tiempo de trabajo. El desempleo no subió, pero la moderación salarial se mantuvo, aunque con notable deterioro de la calidad de los puestos de trabajo alemanes. Existía en Alemania un miedo al desempleo, incluso entre el establishment, pues no fue la inflación –como siempre se dice- sino el desempleo el que fue responsable del nazismo (ver mi artículo “El profundo error del Gobierno alemán: los orígenes del nazismo. El Plural. 19.12.11). Es importante señalar que es el Bundesbank el que todavía sostiene la interpretación histórica de los orígenes del nazismo como basados en la inflación elevada en aquel periodo. El Bundesbank intenta crear esta imagen, pues la inflación es siempre el mayor enemigo de la banca. Pero la inflación existió mucho antes (1918-1924) de que Hitler saliera elegido.

Lo que estamos viendo es el intento de exportación del modelo alemán (en realidad, del modelo establecido por el establishment financiero-empresarial alemán) al resto de la Unión Europea, con una enorme determinación y contundencia. Las políticas del Gobierno Rajoy están siguiendo a pies juntillas tal modelo, con el agravante de que España no tiene el sistema de protección social y el sistema de co-gestión que tiene Alemania. Y todo ello se hace bajo el mandato del Consejo Europeo, de la Comisión Europea y del Banco Central Europeo, en los que el establishment alemán tiene pleno dominio, transformando los países periféricos en meros peones de una estrategia continental, habiendo alcanzado su máximo desarrollo en Grecia, convertida hoy en mera colonia alemana.

La estructura ideológica que sostiene tal avalancha ideológica es el monetarismo y el mercantilismo (que comúnmente se llama neoliberalismo), que se ha resistido por todos los medios al incremento de la demanda doméstica en Alemania y en los otros países, y por lo tanto al incremento de los salarios y gasto público, como medida estimuladora de la economía.

El gran problema de esta estrategia es que la reducción de los salarios y de las rentas del trabajo están creando un problema gravísimo, no sólo en la periferia, sino también en el centro (Alemania y Austria), con una demanda estancada. Esta situación crea una enorme acumulación de capital en los países centrales y un enorme endeudamiento y grandes déficits en los países periféricos, disminuyendo las importaciones hasta tal nivel que afectan a las exportaciones alemanas, pues gran parte de éstas van a los países de la UE. Con ello se están creando unas balanzas de pagos excesivamente positivas en el centro y excesivamente negativas en la periferia, que están afectando a la salud del sistema. De ahí que fuera EEUU el país que confió más en las políticas keynesianas de estímulo, que propusiera en Noviembre de 2010 en Seúl, Corea, que no se permitiera que un país tuviera un balance de saldos positivo mayor del 4% de su PIB. Alemania y China lo vetaron, y con ello las posibilidades de que la UE se recuperara se vieron enormemente afectadas.

Las soluciones son fáciles de ver y van en sentido opuesto a las llevadas a cabo hoy en día por la troika que manda en la UE. Se necesitan urgentemente medidas de estímulo de la demanda doméstica, comenzando por Alemania. El conflicto no es, pues, Alemania versus el resto de la UE, sino el del establishment alemán frente a las clases populares alemanas y de los otros países. El internacionalismo de las elites dominantes debería sustituirse por el internacionalismo de las clases populares.

Vicenç Navarro

lunes 5 de marzo de 2012

En la UE ¿manda Merkozy o la banca?

La obligación singularmente injusta y vergonzosa impuesta por la UE a Grecia de reducir el salario mínimo y las pensiones va paralela al acontecimiento europeo más importante de 2011, que ha sido la reestructuración parcial de la deuda de Grecia en opinión de una mayoría de lectores de prensa vía Presseeurop. Y lo es, porque la larga negociación evidencia que la banca se ha impuesto una vez más al directorio germano francés que rige esta UE. El acuerdo de febrero de 2012 se inició en julio de 2011, cuando el Consejo europeo ya consensuó un segundo plan de rescate de Grecia unido a una reducción de la deuda griega con cargo a los bancos. Y dado el deterioro griego, los 109,000 millones de euros iniciales son ahora 130,000; pero en gran parte irán a la cuenta bloqueada creada para garantizar los pagos de nueva deuda griega, condición exigida por la banca.

Antes de julio pasado, la pretensión de Merkel y Sarkozy anunciada tras la reunión de Deauville, era penalizar a los bancos que especulaban obligándoles a “recortar” el valor de la deuda griega en su poder, pero el propósito tropezó con dificultades “técnicas” en la práctica; por tanto, tendría que ser “voluntaria” la permuta o canje de los bonos griegos que tuvieran los bancos por otros nuevos de mayor duración y otros tipos de interés menores. Y al final, la quita o pérdida del 50 % acordada con la banca primero, se ha quedado –dicen – en un 53,5 % del valor nominal, sin que nadie explique las matemáticas aplicadas. En cambio se sabe que los lobbys bancarios obligaron a nuestros gobernantes a rectificar el planteamiento inicial de la imposición obligatoria del canje a los bancos alemanes y franceses, como dijo la prensa. Como la autorregulación de estos mercados impone sus propias normas, resultó que, contrariamente a las previsiones políticas, el acuerdo europeo no podía plantearse coactivamente porque habría sido considerado por “los mercados” un “default” o impago de Grecia, obligando a los bancos “aseguradores” de los CDS soberanos a pagar las indemnizaciones a quienes tuvieran bonos griegos, algo que nadie podía cuantificar. Los CDS (credit default swap) son un pretendido seguro sobre el crédito concedido a un Estado o a una empresa, para el caso del impago de los intereses o del principal. El impago habría provocado un incremento de la llamada prima de riesgo y el previsible desencadenamiento una venta masiva de bonos soberanos y de CDS, un falso seguro del crédito excluido de las regulaciones de seguros.

Para entender este puzle hay que tener presente que la ISDA (sociedad internacional de swaps y derivados), una sociedad gremial de grandes bancos, establece una “legalidad privada” sobre el mercado opaco de los CDS, unos derivados del crédito; y el modelo de contrato de CDS normalizado por la IASD prevé que las indemnizaciones solamente se paguen cuando se produce un “credit event”, algo así como una contingencia del crédito que signifique la imposibilidad de cobro de los intereses o la amortización de lo asegurado. Por consiguiente, los gobernantes europeos hubieron de negociar de modo soterrado con esa potente asociación gremial de especuladores de derivados sobre cómo se haría el canje de bonos griegos de nuevos por viejos para que fuese “voluntario” y careciera de la consideración de un “crédit event” o evento crediticio, algo que habría empeorado seriamente la financiación de los países del euro en los mercados, porque los “inversores” se habrían encontrado con unas pérdidas que no estaban en sus previsiones y habrían vendido ingentes cantidades de bonos soberanos al quedar “no asegurados”, disparando la llamada prima de riesgo. Y los expertos aseguran que una catástrofe financiera de Grecia sería equiparable a la de Lehman Brothers. Pero al mismo tiempo ese pacto de tapadillo de la UE con la ISDA provocó malestar entre algunos “inversores” o especuladores del euro, que habrían preferido cobrar las indemnizaciones de los CDS si el canje se hubiera planteado de modo coactivo, según contó el Financial Times hace meses. De ahí que el acuerdo del Consejo europeo sobre refinanciación de la deuda soberana griega, se reflejara entonces en el comunicado oficial diciendo simplemente que se había “tomado nota de la disposición del sector privado de contribuir a la ayuda de Grecia desde una base voluntaria”.

Y de ahí las largas y opacas negociaciones a tres bandas UE-FMI con Grecia y con los bancos; mientras estos y los fondos especulativos trataban con las autoridades griegas sobre condiciones del canje voluntario de la deuda griega, sin que realmente se conozcan, dicen los expertos, los cálculos manejados. Unas negociaciones en que la representación del sector privado la ha llevado el Instituto de Finanzas Internacionales, un sólido lobby bancario de alcance mundial, que por cierto preside Josef Ackerman, máximo ejecutivo del Deustche Bank. En definitiva, un claro ejemplo más de los múltiples mecanismos financieros establecidos por los que “los mercados” imponen a las democracias, como analizo en mi libro El casino que nos gobierna (Clave intelectual, 2012).

Según el citado sondeo de Presseurop, el segundo y el tercer acontecimiento más importante del año en Europa son los indignados (24%) y la gestión de la UE por Merkozy (17%). Es decir, el hartazgo de millones de europeos frente al reparto injusto de los costes de la crisis financiera y la gestión de Merkozy que intenta suplir el vacío institucional de la UE.

Juan Hernández Vigueras

Fuente: Attac Mallorca

martes 21 de febrero de 2012

Se confirma el fracaso de las políticas europeas

Los últimos datos que acaba de presentar la oficina de estadística europea (EUROSTAT) muestran que Europa entra de nuevo en recesión. Dejando ahora de lado el hecho de que medir la evolución de la actividad económica a través del PIB desvirtúa bastante el conocimiento de lo que de verdad ocurre en las economías, lo cierto es que, incluso utilizando este indicador, la economía europea y la de la zona euro muestran su mal estado al registrar una caída del 0,3% en su actividad. Solo Francia, Eslovaquia, Bulgaria, Hungría y Letonia se salvan de los registros negativos. Y algunas ya empiezan a estar técnicamente en recesión (dos trimestres con crecimiento negativo). Entre ellas Bélgica, Holanda, Italia, República Checa, Dinamarca y Eslovenia. Y, por supuesto, las de Grecia, Portugal y posiblemente Irlanda cuando se conozca el dato del último trimestre. 

Se trata, pues, del primer paso hacia la recesión generalizada en Europa que casi con toda seguridad podemos decir que se está ya produciéndose en el trimestre en el que ahora nos encontramos y que seguramente afectará incluso a la "locomotora" europea, pues Alemania ya registró crecimiento negativo (-0,2%) en el último trimestre de 2011, lo que demuestra que las políticas que impone a los demás ni siquiera son buenas para su propia economía porque ésta vive de la demanda ajena (de lo que está "tirando" de su actividad en los últimos meses es su sector de la construcción).

Más nubarrones en el horizonte
No obstante, sería ingenuo creer que lo que está pasando en Europa es solamente que bajan unas décimas los registros de la actividad económica y que eso se resolverá pronto. 

Si se entra en los detalles de esta caída, las siguientes circunstancias permiten deducir que la situación es más grave de lo que parece y que va a empeorar a lo largo del año: 

- El deterioro se está produciendo en prácticamente todos los países europeos (Francia seguramente se añadirá a los de registro negativo en este primer trimestre de 2012), lo que quiere decir que es el conjunto de las políticas, su impulso y diseño general, lo que falla y no solo su mala aplicación por algunos países. 

- Se viene produciendo una considerable disminución del consumo privado como consecuencia de la moderación salarial y de la subida de impuestos indirectos que están deteriorando la capacidad adquisitiva de la inmensa mayoría de la población europea. Esto significa que aumentará la pobreza y la exclusión social, dando lugar al círculo perverso que siempre origina el deterioro de las condiciones de vida que a la postre lleva consigo cierre de empresas, más desempleo... y peor rendimiento económico. 

- La caída en la utilización de la capacidad productiva adelanta que la inversión no se va a recuperar en bastantes meses. 

- Nada indica que se esté dispuesto a cambiar las políticas de recorte del gasto público, de modo que se va a seguir provocando el aumento del desempleo y del cierre de empresas como consecuencia de la menor demanda y de la pérdida de estímulos esenciales a la inversión y la innovación. 

- Aunque algunos países mejoran el saldo exterior (como España) es más bien como efecto de la caída de las compras al extranjero que de la subida de exportaciones, lo que indica que reducir salarios no ha conseguido en realidad mejorar la competitividad global en Europa, tal y como dicen los defensores de las políticas que se están imponiendo. Ocurre, como hemos comentado en otros artículo, todo lo contrario: el empobrecimiento general. 

- Los indicadores de confianza económica han bajado a los niveles de 2009. 

- Los diferenciales de deuda entre los países han aumentado en los últimos meses, a pesar de que los diferentes países han ido aplicando las recomendaciones de las autoridades europeas y de que el Banco Central Europeo ha intervenido masivamente. Lo que hace prever que el problema de la deuda no solo no está solucionado sino que va a aumentar o incluso a estallar en los próximos meses. Téngase en cuenta que los recursos disponibles del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera y del Mecanismo Europeo de Estabilidad son insuficientes para hacer frente a las necesidades de financiación de España e Italia en los próximos tres años. Con la aportación del FMI llegaría justo pero a poco que la situación en estos o en otros países se agravase se producirá una crisis generalizada. 

- Las encuestas de los bancos centrales apuntan a que empeoran las condiciones de acceso al crédito y esto es, muy posiblemente, lo que va a marcar el tipo de crisis asociada a la nueva etapa de recesión: un nuevo racionamiento del crédito que al añadirse al que ya se viene produciendo puede llegar a paralizar a toda la economía europea provocando con ello otra debacle mundial. Hasta el Banco Mundial acaba de señalar en un reciente informe que hay riesgo de "una crisis global de dimensiones iguales o superiores a la crisis de Lehman Brothers, en 2008“ (Global Economic Prospects 2012a: Uncertainties and Vulnerabilities. Resumen ejecutivo en español en: http://bit.ly/x4safr). 

Empeñados en fracasar para no actuar contra los bancos
A nuestro juicio, estos datos muestran de forma clamorosa el fracaso indisimulable de las políticas que se vienen aplicando en Europa. 

Y es además es un fracaso largamente anunciado porque nace de no querer reconocer ni enfrentarse a la situación real de partida: tratando de aumentar ad infinitum su negocio (la generación de deuda) la banca ha destrozado el sistema financiero haciéndolo saltar en mil pedazos. Y como consecuencia de ello ahora nos encontramos con dos problemas entrecruzados. Por un lado, con una necesidad extraordinaria de financiación para hacer frente tanto a la deuda privada auspiciada por la banca como a la pública acelerada por la crisis. Y, por otro, con un sistema financiero que no está en condiciones de proporcionar el crédito que necesita la economía sencillamente porque la banca está quebrada, porque, por mucho que se permita que se manipulen sus balances con artimañas contables, lo cierto es que ha consumido su capital propio y el ajeno en las operaciones de altísimo riesgo y completamente improductivas que lleva realizando desde hace años. Y, para colmo, porque en lugar de disciplinar a la banca, las autoridades le permiten que utilicen los cientos de miles de millones de euros que pone en sus manos para que siga especulando y para que, en lugar de financiar a la economía, se lave la cara y siga disimulando la magnitud del destrozo que ha provocado. 

En lugar de hacerle frente con realismo, ante esta situación las autoridades europeas han decidido ponerse al lado de los banqueros para darle todo tipo de facilidades y ayudarles a salir adelante. Renunciando así a la fórmula de solucionarla más racional y efectiva y menos onerosa para los ciudadanos: dejar caer a la banca arruinada y garantizar la financiación como un servicio público esencial a través del Banco Central Europeo y de bancos nacionalizados. 

Para justificar su política de apoyo a la banca mienten a los ciudadanos sobre el origen y naturaleza de la deuda y les dicen una y otra vez que lo urgente es aliviarla y moderar la demanda adicional de financiación (porque hemos vivido, dicen, por encima de nuestras posibilidades) y que ello solo se puede conseguir reduciendo los salarios y recortando el gasto público. Porque con salarios más bajos las economía serán más competitivas y obtendrán más ingresos para pagar la deuda y porque con menos gasto público habrá más recursos para pagarla. 

Se trata de una política completamente errónea y falsa. Y la mejor prueba de ello son los datos que muestran, como vimos al comienzo, que la economía europea se viene de nuevo abajo cuando se pone en marcha. 

La verdad es que lo que persiguen las autoridades europeas es otra cosa. Lo primera, como hemos dicho, salvar a los banqueros porque estos se lo imponen gracias al gran poder político que han acumulado y que ya se traduce en su presencia directa en los gobiernos. , es otra cosa. Y complementariamente aplicar la creencia liberal que afirma que la economía sale adelante solo si se dan alas al sector privado. Y eso es lo que les lleva a imponer la privatización del poco capital público que ya va quedando para regalárselo al capital privado, las reformas (laborales, financieras,...) que permitan multiplicar rápidamente los beneficios empresariales y poniendo cada vez más recursos en manos de los bancos y los grandes fondos de inversión (mediante el salvamente bancario o la privatización de las pensiones y del ahorro público). 

El problema es que esto no solo es una forma sumamente injusta de repartir de la riqueza, sino también una quimera desde la perspectiva del funcionamiento global de la economía: lo que consiguen es deteriorar la demanda y sin ella solo pueden salir adelante las empresas que tengan mucho poder de mercado y una clientela completamente fidelizada. Para ellas y para los bancos que siguen teniendo barra libre en el Banco Central Europeo y copiosas ayudas de los gobiernos es una jugada perfecta. Pero es letal para las pequeñas y medianas, para los trabajadores y para la economía en general. 

Ahora bien. Ya no basta con creer que asistimos a un fracaso indisimulable de la política económica por culpa de errores o de una mala coyuntura. Las políticas de austeridad y recorte de derechos económicos sociales fallan porque simplemente se orientan a distribuir ingresos a favor del gran capital y a aumentar el poder de sus propietarios. Y si tomamos en cuenta el daño que conscientemente están haciendo a millones de seres humanos hemos de reconocerlas no como un error, sino como un crimen económico.

Alberto Garzón Espinosa y Juan Torres López
Altereconomía

lunes 6 de febrero de 2012

¿Tributamos como los suecos?

Este artículo muestra que en contra de lo que se está diciendo estos días en los mayores medios de difusión, la carga fiscal real (y no tanto nominal) en España es mucho menor que la existente en Suecia, situación incluso más acentuada en las rentas superiores.

A partir de la propuesta de aumentar los impuestos del IRPF que ha hecho el Gobierno del PP, se ha generado un gran número de reportajes en los medios de información que han comparado lo que pagan los ciudadanos de este país en impuestos sobre la renta personal con lo que pagan los ciudadanos de otros países. Y una observación muy generalizada es que, con el incremento nada menos que de siete puntos en la carga impositiva de las personas con mayores rentas, el tipo nominal superior (52%) ya es casi lo que pagan sus homólogos, los ricos, en Suecia. Con este entendimiento se concluye que, aun cuando estamos pagando impuestos como los suecos, nuestros beneficios y servicios públicos del Estado del bienestar están mucho menos desarrollados que los de aquel país, lo cual se atribuye erróneamente a un supuesto despilfarro del gasto público social. La prensa ha estado llena estos días de denuncias de cómo España no ha estado gastando bien su erario público social, como justificación para realizar recortes sustanciales en tal gasto.

En este argumento, sin embargo, se olvidan varios hechos, siendo el más importante el que los ingresos al Estado son mucho más bajos en España (32% del PIB) que en Suecia (54%) debido, precisamente, a que los españoles (y sobre todo las rentas superiores) pagan muchos menos impuestos que los suecos. Es cierto que la escala nominal en las gravaciones del IRPF nos acerca ya ahora al nivel sueco. Ahora bien, hay que aclarar inmediatamente que este aumento impositivo, aún siendo positivo por generar mayores recursos al Estado, será dramáticamente insuficiente para corregir el enorme déficit de ingresos al Estado. España es el país de la UE-15 que tiene menos ingresos al Estado debido, en parte, a la baja carga impositiva real de las rentas superiores.

Veamos los datos. Uno, es la enorme divergencia que existe entre carga nominal (lo que aparece en los libros) y carga real. Esta diferencia aumenta con el nivel de renta. Los superricos de España no pagan un 52% de sus ingresos al fisco del Estado (sea este central o autonómico). Los porcentajes reales son mucho más bajos que el 52%. Y una causa es que tienen muchas deducciones y maneras de evitar impuestos, de forma que su nivel real es mucho menor. Es más, además de deducciones, sus ganancias se derivan mayoritariamente de las rentas del capital, que se gravan mucho menos que las rentas del trabajo (alrededor de un 21% nominalmente). Mucho más bajo en la realidad.

Pero, además de ello, hay otra manera de evitar el fisco: no declarando la renta. El fraude fiscal alcanza dimensiones enormes. Según profesionales de la propia Agencia Tributaria del Estado, el fraude fiscal alcanza unas dimensiones de alrededor de 90.000 millones de euros, procedentes en su mayoría (el 72% del fraude fiscal) de las grandes fortunas, de las grandes empresas que facturan más de 150 millones de euros al año, y de la banca. Y ahí está uno de los orígenes de los escasos ingresos al Estado en España. Los superricos no pagan lo que pagan los superricos en Suecia, donde el fraude fiscal es mucho menor, la gravación de las rentas del capital son mayores y las deducciones apenas existen. En España las deducciones, como herramienta fiscal, favorecen sobre todo a las rentas superiores, las cuales tienen a su disposición toda una batería de ayudas legales que les enseñan cómo no pagar impuestos.

Otra gran diferencia con Suecia es la desigualdad de rentas existente en ambos países. Las desigualdades son mucho mayores en España que en Suecia. Así, en España, el ciudadano promedio que paga el tipo máximo, ingresa nominalmente 13 veces lo que ingresa el ciudadano medio y corriente que trabaja y paga impuestos a través de su nómina (y esta diferencia es incluso mayor cuando se consideran los ingresos reales, en lugar de los nominales). Tal diferencia en Suecia es mucho menor. Además, la tasa impositiva nominal para los que en España cobran más de 300.000 euros al año (el 52%, tipo impositivo máximo) se aplica en Suecia a los que ingresan dos veces lo que ingresa el ciudadano medio. De ahí que la mayoría pague más impuestos aunque sus tasas nominales de gravación sean casi iguales a las de España. La igualdad de rentas entre la población aumenta los ingresos al Estado.

Y una última razón de la enorme diferencia de ingresos al Estado entre Suecia y España es que hay mucha más gente trabajando y pagando impuestos en Suecia. El porcentaje de la población adulta que trabaja y paga impuestos es mucho más alta que en España. Y ello como consecuencia de la mayor participación laboral de la mujer en Suecia (70% versus 52% en España). La red de servicios a las familias (que quiere decir mujer) en Suecia facilita la integración de la mujer al mercado de trabajo. Y ello no ocurre en España.
En España, el enorme dominio de hombres procedentes de la burguesía, pequeña burguesía y clase media alta en los procesos de toma de decisiones económicas en el Estado, explica que se invierta mucho más en el AVE (tren de alta velocidad utilizado predominantemente por estas clases sociales) que en escuelas públicas de infancia y en servicios domiciliarios a las personas con dependencias, que al ayudar a la integración de la mujer al mercado de trabajo y a la creación de empleo, estimulan la economía mucho más que aquellas inversiones en el AVE. No es casualidad que los países donde las clases más pudientes (y los hombres) tienen mayor dominio sobre el Estado sean países (como España) más desiguales, con menos carga fiscal, mayor fraude fiscal y menor eficacia y equidad en sus políticas públicas, que países donde las clases populares han tenido históricamente mayor dominio sobre el Estado (Suecia). Así de claro.

Vicenç Navarro
 Público

domingo 5 de febrero de 2012

El chantaje de la deuda en Europa

Los discursos hegemónicos sobre la crisis y su salida nos sitúan en un solo escenario de sacrificio y temor paralizante. La cobertura mediática sobre las turbulencias financieras en la UE es un buen ejemplo. Pero crisis significa también cambio y redefinición de lo existente, al menos como posibilidad. Para ello necesitamos otras miradas de la situación, para un análisis colectivo propio, desde la perspectiva de los movimientos sociales de base. Aportamos una reflexión sobre el euro y la Eurozona, hoy.

La mayoría de los países desarrollados, dentro y fuera de Europa, habían visto aumentar su endeudamiento antes del estallido de la crisis como consecuencia de la fiscalidad neoliberal.

Pero la crisis agravó el problema del déficit público por el descenso de la recaudación fiscal y el aumento del gasto.

Los países periféricos de la zona euro sufrieron de forma especial el problema porque su estructura fiscal –basada en gran parte en la imposición indirecta– era mucho más vulnerable ante el descenso de la actividad económica, a pesar de que en algunos casos –como Irlanda y España– presentaban presupuestos equilibrados al comienzo de la crisis.

A lo largo de los años 2009 y 2010, el déficit y el endeudamiento aumentaron de forma imparable dentro de estos países y empezaron a crecer las dificultades para colocar su deuda en los mercados financieros.

Ello no fue consecuencia, tan solo, de su excesivo endeudamiento. En algunos casos –como España– el ratio de la deuda sobre el PIB era –y sigue siendo aun hoy– menor que en alguno de los países considerados ‘solventes’ de la zona euro –particularmente, Alemania y Francia– y está muy por debajo del que tienen algunas economías que han conservado su soberanía monetaria, como Japón, Gran Bretaña y EE UU, que, a pesar de ello, no han tenido dificultades para colocar sus emisiones de deuda a tipos de interés relativamente moderados en comparación con los que pagan los países periféricos de la zona euro.

El motivo por el cual el endeudamiento público se ha convertido en el problema fundamental de la crisis económico-financiera dentro de la zona euro ha sido la conjunción de dos factores. Por un lado, el factor objetivo: la pésima arquitectura del sistema monetario europeo, destinada exclusivamente a crear un paraíso para la especulación financiera y que ni siquiera garantiza la supervivencia futura de la unión monetaria como un espacio económico unificado.

Los Estados de la zona euro deben hacer frente a una profunda crisis económica sin moneda propia y solo pueden modificar su relación real de intercambio mediante costosos y lentos ajustes del nivel general de precios. Pero, por encima de todo, carecen de capacidad para garantizar sus pagos mediante la emisión de nuevo dinero.

Pero los Estados de la zona euro no solo carecen de soberanía monetaria: carecen también de la garantía y la protección de un Estado supranacional con soberanía. Es el peor de los escenarios posibles para las finanzas públicas: los Estados de la zona euro son las regiones de un Estado que no existe.

Los intentos de hacer frente al problema de la deuda en Europa mediante fondos de estabilidad y rescate han fracasado estrepitosamente y han demostrado su completa inutilidad.

No han servido, ni tan siquiera, para evitar la restructuración de la deuda griega, el más pequeño de los países afectados por la crisis de la deuda. Y resulta imposible imaginar el tamaño del fondo que sería necesario para rescatar a países como España o Italia ante un agravamiento de su crisis financiera.

Los Estados de la zona euro no solo carecen de soberanía monetaria: carecen de la garantía y la protección de un Estado supranacional

Ante este panorama catastrófico para el euro y las finanzas europeas, la única política defendida hasta ahora por las élites dirigentes del capitalismo europeo ha sido la reducción del déficit mediante los llamados Planes de Austeridad. Esto nos conduce directamente al segundo factor, imprescindible, para explicar la crisis de la deuda europea.

Una crisis muy rentable
El segundo factor es el subjetivo: como dijo un alto cargo de la administración Obama: “Una crisis es una oportunidad demasiado buena para dejarla pasar”.

Los intentos de hacer frente al problema de la deuda en Europa vía fondos de estabilidad y rescate han fracasado, demostrando su inutilidad

Así lo ha entendido, exactamente, la oligarquía financiera europea: la crisis de la deuda no es solo un grave problema que pone en riesgo la supervivencia de la moneda única, es también la gran ocasión para poner en práctica todo aquello con lo que siempre habían soñado: el desmantelamiento del Estado del Bienestar en la Unión Europea, reduciendo sus prestaciones al nivel de la beneficencia para indigentes.

El empleo público deberá ser privatizado y externalizado, al igual que cualquier actividad del Estado o servicio público susceptible de producir beneficios. Y todos los salarios, públicos y privados, deberán ser reducidos para aumentar la ‘competitividad’ de la economía; lo cual se conseguirá mediante reformas laborales que privarán a los trabajadores de los derechos conseguidos mediante la lucha y el sacrificio de muchos años.

Es evidente que esta política de reducción del gasto deprimirá la demanda interior y toda la actividad económica. Y el resultado económico de los planes de austeridad será una depresión económica profunda y el efecto sobre el bienestar social será desastroso. Ya lo estamos viendo. Como también es claro, y la evidencia lo está demostrando, que la mayor parte de la reducción del gasto será devorada por la reducción de ingresos fiscales como consecuencia de la depresión. Por lo tanto, la reducción del déficit será dudosa. Y, en ausencia de la garantía de un banco emisor, tampoco servirá para solucionar el problema de la deuda soberana.

Esclavitud
La ciudadanía se resistirá a aceptar esta nueva forma de esclavitud económica, impuesta por la oligarquía financiera europea. Pero aquí entra en escena un instrumento adicional: el chantaje y el terror ejercidos sobre la población a través del miedo al endeudamiento catastrófico y la quiebra del Estado.

La crisis de la deuda europea no es el producto exclusivo de una conspiración, pero sería inexplicable sin la existencia de una voluntad política deliberada que pretende utilizarla como una nueva forma de chantaje y terrorismo económico al servicio de las políticas más conservadoras.

El miedo y el estado de shock, utilizados de forma tan eficiente en anteriores ocasiones, vuelven a ser, una vez más, las herramientas perfectas para paralizar a la población ante esta guerra de clases generalizada que ha emprendido la oligarquía europea en contra de los asalariados.

Los acuerdos impuestos por Alemania en la reunión del 9 de diciembre pasado son una declaración de guerra social en toda regla contra los asalariados europeos, pero también representan una apuesta muy arriesgada por parte de la élite financiera europea. Sabe que la supervivencia del euro y el sistema monetario europeo es vital para sus proyectos económicos de futuro, y sabe también que el problema de la deuda soberana europea es insoluble a medio y largo plazo sin redefinir el papel del Banco Central Europeo.

Es evidente que el resultado de los planes de austeridad será una depresión económica y el efecto sobre el bienestar social será desastroso

Pero ha renunciado a hacerlo, al menos por ahora, porque ello le privaría de la herramienta para sus planes de austeridad y esclavitud económica: el chantaje de la deuda soberana, la nueva arma utilizada en la lucha de clases para la destrucción masiva de los derechos sociales.

Jesús Rodríguez Barrio. Profesor de Análisis Económico en la UNED.
Diagonal

jueves 19 de enero de 2012

El acuerdo secreto de Geithner con los dirigentes de la Unión Europea

Los mercados de valores estadounidenses y extranjeros siguen zigzagueando salvajemente a la espera de despejar la incertidumbre sobre la supervivencia del euro y ante unas sufridas poblaciones que arrostran las consecuencias de las políticas de austeridad neoliberal impuestas a Irlanda, Grecia, España, Italia, etc. Voy a contarles la historia que me fue confiada por responsables económicos europeos en relación con los últimos episodios caóticos en Grecia y en otras economías europeas deudoras y presupuestariamente deficitarias. (Faltan los detalles, puesto que las negociaciones se han desarrollado en el más absoluto de los secretos: lo que sigue es, pues, una reconstrucción.) 

En otoño de 2011, resultaba evidente que Grecia no podría saldar su deuda pública. La UE sacó la conclusión de que había que depreciar esa deuda en un 50%. La alternativa a eso era la quiebra sobre el total de la deuda. Así que, básicamente, la solución para Grecia venía a reproducir lo que había ocurrido con la deuda latinoamericana en los 80, cuando los gobiernos substituyeron la deuda existente y los préstamos bancarios por bonos Brady, así llamados por el secretario del Tesoro de Reagan, Nicolas F. Brady. Esos bonos tenían un principal más bajo, pero al menos se consideraba seguro su cobro Y en efecto, se hicieron los pagos.

Esa quita griega del 50% parecía radical, pero los bancos europeos ya habían cubierto sus apuestas y subscrito seguros de impagos: los bancos norteamericanos se hacían cargo de buena parte de esos seguros.

En diciembre de 2011, un cuarto de siglo después de Brady, el secretario del tesoro de Obama, el señor Geithner, viajó a Europa para reunirse con los dirigentes europeos y exigirles que Grecia depreciara su deuda sobre la base de quitas voluntarias por parte de bancos y acreedores. Explicó que los bancos norteamericanos habían apostado a que Grecia no quebraría, y que, por lo mismo, su situación patrimonial neta era tan precaria que, si tenían que pagar por su mala apuesta, irían a la quiebra. 

Según me contaron los banqueros alemanes la situación, Geithner amenazó con cargarse a los bancos y a las economías europeas, si no se allanaban a pagar el pato y cargar ellos con las pérdidas: los bancos estadounidenses no tenían que pagar por los seguros colateralizados de impagos (CDOs) y por otras apuestas en las que habían vertido miles de millones de dólares.

Los europeos estallaron de indignación. Pero Geither terminó por ofrecerles un trato. De acuerdo: la Casa Blanca permitirá la quiebra de Grecia. Pero los EEUU necesitan tiempo.

Convino en abrir una línea de crédito de la Reserva Federal al Banco Central Europeo (BCE). La Fed suministraría dinero para prestar a los bancos en el ínterin cuando las finanzas de los gobiernos europeos  desfallecieran. Se daría tiempo a los bancos para que pudieran deshacer sus garantías de quiebra. Al final, el BCE sería el acreedor. El BCE –y presumiblemente, la Fed— cargarían con los costes, “a expensas del contribuyente”.  Los bancos estadounidenses (y probablemente también los europeos) evitarían así cargar con unas pérdidas que se llevarían por delante su situación patrimonial neta.

¿Cuáles son realmente los detalles de este acuerdo? Lo que sabemos es que los bancos estadounidenses están retirando la renovación de sus líneas de crédito a los bancos y a otros prestatarios europeos a medida que van expirando. El BCE actúa para cubrir la brecha. A eso se le llama “suministro de liquidez”, pero más parece un suministro de solvencia en una situación de insolvencia básica. Después de todo, una deuda que no puede devolverse, nunca se devuelve.

La idea de Geithner es que lo que una vez funcionó, puede volver a funcionar. Cuando la Reserva Federal o el Tesoro cargan con una pérdida bancaria, lo que hacen, simplemente, es imprimir deuda pública o abrir un depósito para los bancos en el banco de la Reserva Federal. La opinión pública no ve eso de manera tan perspicua como cuando le arrebatan directamente el dinero. Y el gobierno se limita a decir que se trata de “salvar al sistema financiero”, sin mencionar el coste del asunto “a expensas del contribuyente” (¡no a expensas de los bancos!).
Es un regalo.

Michael Hudson es ex economista de Wall Street especializado en balanza de pagos y bienes inmobiliarios en el Chase Manhattan Bank (ahora JPMorgan Chase & Co.), Arthur Anderson y después en el Hudson Institute. En 1990 colaboró en el establecimiento del primer fondo soberano de deuda del mundo para Scudder Stevens & Clark. El Dr. Hudson fue asesor económico en jefe de Dennis Kucinich en la reciente campaña primaria presidencial demócrata y ha asesorado a los gobiernos de los EEUU, Canadá, México y Letonia, así como al Instituto de Naciones Unidas para la Formación y la Investigación. Distinguido profesor investigador en la Universidad de Missouri de la ciudad de Kansas, es autor de numerosos libros, entre ellos Super Imperialism: The Economic Strategy of American Empire.
Sin Permiso
 Traducción para www.sinpermiso.info: Mínima Estrella