viernes, 3 de abril de 2009

Informativo Attac-Tv.


Informativo Attac-Tv.

Reforma de la Política Agraria Común (PAC)
http://www.vimeo.com/3936667

La reforma de la PAC ha sido aprobada mientras que sectores de la sociedad civil reivindican un modelo agrícola más social, sostenible y viable económicamente.

Edita: Attac País Valenciano

¡Frente a la crisis, cambiemos la Unión Europea!. Comunicado de los Attacs Europeos

Comunicado de los ATTAC de Europa

Llamamiento a los candidatos al Parlamento europeo en las elecciones del 2009

La crisis descalifica a las políticas y los tratados de la Unión

Al tiempo que los ciudadanos y ciudadanas de la Unión Europea van a ser convocados para la elección de sus parlamentarios, una crisis financiera, económica, social y ecológica sin precedentes, se abate sobre el mundo, sacando ala luz la debilidad de la Unión y la responsabilidad de sus dirigentes.

Otra Europa podría, con sus ventajas sociales, tecnológicas, educativas, diplomáticas, concurrir a la resolución de los desafíos del siglo XXI. Pero, encasillada en los principios y dogmas neoliberales de sus tratados -los mismos que han precipitado al mundo en la crisis global-, la Unión Europea se muestra incapaz de afrontar la situación. Son precisamente esas políticas liberales de la Unión y de los Estados las que, como nunca, conviene combatir.

Por una Europa solidaria

Los ATTAC de Europa consideran que no es posible ninguna construcción europea durable sin respetar los principios de dignidad humana, de democracia, de justicia económica y social, de solidaridad, de rechazo de toda forma de discriminación, de búsqueda de la paz y de un desarrollo ecológicamente sostenible. Y la actual construcción europea está en las antípodas de estos principios, al estar fundamentada, de tratado en tratado, en los principios del «mercado libre» y de la «libre y leal competencia» entre los sistemas sociales y fiscales de los países miembros de la Unión. A los cuales, los derechos sociales -limitados- están subordinados, mientras que los negocios, los movimientos de bienes, servicios y capitales gozan de una prioridad sin trabas. Consecuencia de ello es que el dumping salarial y social, la competencia fiscal y el abandono de los derechos de los trabajadores han ido articulándose y generalizándose.

Por una Europa democrática

Los ATTAC de Europa quieren que las próximas elecciones de junio del 2009 sean la ocasión de abrir un amplio debate ciudadano y de resaltar la necesidad de una refundación del proyecto europeo, con la urgencia que reclama la situación social en el seno de la Unión y de los retos ecológicos que conciernen al planeta en su conjunto.

Tras los referendos que rechazaron el Tratado constitucional en Francia y el los Países Bajos, los dirigentes europeos han redactado casi idénticamente el Tratado de Lisboa y sin consultar a sus pueblos ha sido ratificado. Los irlandeses, los únicos autorizados a pronunciarse mediante referendo, lo han rechazado, sin embargo desde el Parlamente Europeo se le obliga a votarlo de nuevo antes del fin de 2009. No obstante, vamos a elegir un nuevo Parlamento que será el garante de respetar la opinión expresada libremente por los pueblos.

Estas elecciones constituirán para los ATTAC de Europa un momento privilegiado para proponer las bases de «otra Europa», democrática, solidaria y ecológica.

El Parlamento Europeo

El Parlamento es la única institución de la Unión Europea fruto del sufragio universal, siendo sus miembros elegidos cada cinco años desde 1979. Esto habla de la importancia del voto y del debate ciudadano que la campaña puede crear.

El poder del Parlamento ha sido acrecentado, de un tratado al otro, mediante la extensión de la codecisión, aún así ese poder sigue siendo limitado, pues no alcanza ámbitos como la política extranjera y de seguridad, ni la política monetaria, ni el control de los movimientos de capitales, ni los derechos de aduanas. Además, no decide sobre los impuestos y carece de atribuciones para plantear iniciativas legislativas, cometido reservado a la Comisión Europea, a la que sólo puede presentar proposiciones de leyes.

Pensamos que la política social debe ser elaborada por el Parlamento, tanto a nivel nacional como europeo. Sin embargo, son casi siempre las otras instancias europeas, como la Comisión, el Consejo Europeo, el Consejo de Ministros, la Corte de Justicia… las que imponen sus decisiones, a menudo con gran opacidad. A pesar de todo, el Parlamento Europeo ha conseguido limitar los retrocesos sociales que suponía la Directiva sobre los «servicios» (Bolkestein), oponerse a la directiva portuaria y al actual proyecto de directiva sobre la jornada laboral, rechazado el 17 diciembre 2008.

Estos saludables sobresaltos no pueden ocultar que la mayoría actual del Parlamento apoya las políticas neoliberales y antidemocráticas. Así, en febrero 2008 votó contra una modificación que proponía respetar el resultado del referendo irlandés cualquiera que fuere, y más recientemente votó la llamada directiva “de la vergüenza” sobre la retención y expulsión de los inmigrantes.

NUESTRAS PROPUESTAS

I. Las finanzas

“Meterlas en vereda”

Rechazamos que las condiciones de vida de los pueblos estén sometidas a las exigencias de rentabilidad financiera de los accionistas y especuladores. ATTAC exige la derogación de las cláusulas que prohíben cualquier restricción a los movimientos de capitales (artículo 63 del Tratado de Lisboa, artículo 56 del Tratado de Roma consolidado) y la creación de un impuesto sobre todas las transacciones financieras (ej. Tasa Tobin). Los fondos especulativos que desestabilizan a los mercados deben ser prohibidos. Pedimos la creación de un fondo financiero público que cubra al conjunto del sector bancario, sometido al control democrático con objeto de responder a las necesidades económicas, sociales y medio-ambientales. Para tal propósito, la Banca Central Europea debe estar sometida a un control parlamentario, derivado de una agenda de cometidos que la obliguen a llevar a cabo una política monetaria adecuada a las necesidades sociales, y acabar con la prohibición de la financiación monetaria de los gastos públicos. Por último, pedimos un control de los movimientos de capitales (incluso para las inversiones directas en el extranjero) entre Europa y el resto del mundo, para adecuarlas a fines sociales y medio-ambientales, así como a objetivos de solidaridad internacional.

Clausura inmediata de los paraísos fiscales

Las jurisdicciones offshore juegan un muy conocido papel en la evasión fiscal que les ha valido el nombre de «paraísos fiscales», canalizan y distribuyen todas las operaciones financieras realizadas fuera de la jurisdicción y control de los Estados y de las autoridades financieras. ATTAC demanda a los partidos políticos, a los gobiernos y a la Comisión Europea que pongan fin a toda transferencia de capital de la Unión Europea a través de paraísos fiscales y que exijan a los bancos europeos, así como a las empresas con sede en Europa, que repatríen el conjunto de sus actividades que actualmente están fuera de control, con la perspectiva de suprimir las excepcionales jurisdicciones offshore.

II. Frente a la crisis: una Europa social

Medidas contra la pobreza

Millones de pobres y millones de mal alojados… La crisis golpea en un entorno muy degradado. Los ATTAC de Europa exigen una renta básica para cada una y cada uno, no importa cual sea su país, que les permita acceder a unas condiciones de vida decentes en cuanto a vivienda, sanidad, educación y una alimentación equilibrada. Los derechos fundamentales, tales como son recogidos en la Convención Europea de los Derechos del Hombre, en la Carta Social Europea y en el Código Europeo de Seguridad Social, deben poder ser apelados ante los tribunales nacionales y europeos, y primar sobre cualquier otra legislación, incluso la de la competencia. Y en particular, el derecho a un empleo debe estar garantizado.

Justicia social y armonización fiscal

Fuerte descenso de la rentas del trabajo en relación a las del capital en el reparto de la riqueza producida, explosión de las desigualdades sociales: este es el balance de 25 años de neoliberalismo. La justicia social reclama perentoriamente elevar la posición del trabajo en este reparto. Para ello, los salarios deben aumentar; las rentas más altas y las grandes fortunas deben contribuir financieramente a la protección social: sistema sanitario, jubilaciones, seguro de desempleo. Es necesario que Europa tome medidas para la armonización fiscal y ajustar los impuestos sobre las sociedades incrementándolos.

Una política de convergencia social

Para limitar los déficits públicos, Europa impone criterios de convergencia a las políticas económicas. Cuando estos criterios saltan por los aires tras los impactos de la crisis económica, es necesario llevar a cabo una convergencia social para que la Unión sea un espacio de justicia y de progreso social. Para ello deberá dotarse de un presupuesto específico para combatir la pobreza. Los fondos estructurales deben aumentar substancialmente, de forma que sean destinados no solamente a los últimos países ingresados, sino también a la financiación de medidas de convergencia social que redunden en una mejora para todas y todos, es decir, apoyándose en las leyes más ventajosas al respecto, existentes en Europa. Los ATTAC de Europa reclaman una convergencia hacia un salario mínimo, una armonización que mejore las condiciones de trabajo, particularmente la limitación de la jornada laboral y en tal perspectiva re-elaborar la Directiva Europea sobre el tiempo de trabajo.

Contra la discriminación

El Tratado de Ámsterdam asumió la igualdad entre hombres y mujeres como uno de los objetivos de la Unión Europea. Pero falta voluntad política, y las declaraciones de los Estados no son suficientes. Los ATTAC de Europa reclaman una solución legal de obligado cumplimiento que suprima la desigualdad salarial que alcanza hoy día una media del 17,4%. Entendemos, por supuesto, que la igualdad entre los géneros no podrá ser alcanzada sin una decidida política de lucha contra todas las formas de discriminación y violencia sufrida por las mujeres.

Servicios públicos reforzados

Los servicios públicos deben cubrir el conjunto de las necesidades fundamentales, como sanidad, educación, guarderías, cuidado de las personas ancianas o dependientes, justicia, vivienda, transportes, energía, agua, comunicaciones. Para ello, no deben estar sujetas a las leyes de la competencia. Los ATTAC de Europa se unen a los sindicatos europeos para exigir que se elabore y se vote una Directiva que incluya a los servicios públicos dentro del derecho europeo, garantizando su desarrollo durable y sus fines y los proteja contra la mercantilización. Se hace necesaria una política de inversiones en el sector público ante a la crisis financiera y los cambios demográficos: hay que permitir que todas las personas de edad avanzada puedan acabar sus vidas dignamente y crear un verdadero servicio público para la infancia.

III. Una política europea que limite los efectos de la crisis ecológica

Una política energética diversificada

La Unión Europea debe dotarse de los medios adecuados para constituirse en una zona ecológicamente sostenible. Sin embargo los objetivos de reducción del CO2 para 2020 están sistemáticamente revisados a la baja, y los de la reducción del consumo energético se mantienen como letra muerta. La Unión debe elaborar políticas que obliguen a opciones energéticas nuevas: ahorro energético, prioridad a las energías renovables y durables. Los presupuestos dedicados a la investigación deben repartirse según estas prioridades, lo que implica abandonar EURATOM como primer pilar de la Unión. La energía nuclear no es una solución para luchar contra el calentamiento climático a largo término; los desechos nucleares continúan siendo un problema no resuelto. Por último, deben aumentar los impuestos medio-ambientales pero evitando, sin embargo, penalizar a las poblaciones más pobres.

Una política del transporte

Para reducir las emisiones de gas con efecto invernadero se necesita una política del transporte que articule los niveles locales, nacionales y europeos. La carretera prima en las decisiones de la Unión, al tiempo que las medidas medio-ambientales, como la reducción de las emisiones de los nuevos coches, están siendo constantemente paralizadas por la presión de los industriales. En lugar de someter a la libre competencia los ferrocarriles nacionales parcialmente privatizados, Europa debe desarrollar una red ferroviaria pública común y adecentar el espacio aéreo.

Otra política agrícola

Hasta ahora, la política agrícola comunitaria (PAC) ha financiado casi siempre una agricultura intensiva altamente industrializada. Sin embargo, el desmantelamiento actual es igualmente condenable, pues conlleva a que las agriculturas del mundo obligadas a competir encarnizadamente entre ellas ocasionen la inestabilidad de los precios, la destrucción de la agricultura campesina, el empleo y los recursos naturales. Una política agrícola y alimentaria europea debe poder asegurar unos precios interiores estables y una renta decente para el campesinado. En contrapartida, los volúmenes de producción deben ser regulados y las ayudas reorientadas prioritariamente hacia labores de producción ecológicas y sociales, hacia los circuitos cortos, y hacia las regiones menos favorecidas. Las importaciones de alimentos transgénicos deben estar prohibidas, así como los cultivos de OGM en campo abierto (sólo serían aceptables en espacios estrictamente confinados para la investigación con aplicaciones medicinales). Por el contrario, los Estados y las regiones deben poder oponerse a las importaciones y a los cultivos de OGM en su suelo. La Unión Europea no debería imponérselos. El artículo 22 de la Directiva 2001/18/CE, que prohíbe a los Estados toda limitación de la circulación de OGM debe ser derogada.

IV. Democracia en Europa

Unas instituciones democráticas

Los ATTAC de Europa reclaman la redacción de un nuevo texto sobre las instituciones europeas y su funcionamiento que substituya a los precedentes tratados. Que sea redactado por una Asamblea elegida democráticamente por las ciudadanas y ciudadanos, tras un profundo debate en cada uno de los países miembros, discutido a su vez, en cada una de sus etapas por los parlamentos nacionales. En el nuevo Tratado, los poderes legislativo, ejecutivo y judicial deberían estar claramente separados, y ningún sistema económico impuesto. Dicho texto sería posteriormente sometido a referendo el mismo día en todos los Estados miembros. En ningún caso, podría ser impuesto a un pueblo que lo hubiere rechazado.

Transparencia de los lobbies

El poder de los lobbies y su opacidad minan el frágil espacio democrático europeo dada la presión que ejercen sobre las decisiones políticas. Es necesario controlar estrictamente sus actividades: todos los lobbies, y a fortiori los expertos llamados a participar en los grupos de trabajo de la Comisión, deben ser identificados, así como la naturaleza de su labor, para quiénes trabajan y el presupuesto preciso con el que cuentan para sus actividades, todo ello en un registro obligatorio y público. Igualmente, son necesarias reglas para suprimir ese «pantouflage», que permite a los funcionarios europeos y a antiguos comisarios vender al sector privado sus experiencias y sus contactos.

Justicia lingüística

La diversidad lingüística de Europa es una importante riqueza que no debe constituir un obstáculo en el desarrollo de los debates entre naciones. Todas las lenguas oficiales de los países miembros deben tener la misma consideración. Con la evidente preocupación por la democracia y la igualdad entre los ciudadanos, es indispensable que el conjunto de los documentos oficiales sean traducidos en las 23 lenguas de la Unión.

V. Una política exterior equitativa

Intercambios comerciales regulados

La legislación del comercio, incluso en el seno de la Unión Europea, debe estar subordinada al respeto de normas sociales y ecológicas. En tal sentido la Unión debe oponerse a las actuales negociaciones en la Organización Mundial del Comercio (OMC) y en el Acuerdo General sobre el Comercio de los Servicios (AGCS). Promover una organización de los intercambios profundamente renovada, basada en la solidaridad, la satisfacción de las necesidades sociales y la preservación del medio ambiente.

La Unión renunciará a imponer a los países pobres, en nombre de un libre comercio que sólo beneficia a los más fuertes, los llamados acuerdos de partenariado económico (APE) al ser extremadamente desequilibrados. En su lugar, defenderá el principio de soberanía alimentaria que permite a las poblaciones tanto del Norte como del Sur, definir sus propias políticas alimentarias y agrícolas. Eliminará las subvenciones a las exportaciones alimentarias para evitar la destrucción de las agriculturas de los países pobres. Con los que negociará acuerdos de verdadera cooperación evitando cualquier privilegio comunitario, tan perjudicial para los países pobres como la desregularización del comercio.

La Unión Europea favorecerá las experiencias de comercio justo llevadas a cabo por asociaciones y redes de productores y consumidores cuya actividades se inscriben en la economía solidaria, tendentes a asegurar un precio justo para ambos, así como a respetar las condiciones de trabajo y el medio ambiente.

Solidaridad internacional

La Unión Europea debe llevar una política migratoria respetuosa con los derechos del hombre y conforme a las convenciones internacionales. Esto implica asegurar el derecho de asilo, cerrar los centros de retención, derogar la Directiva «regreso» (también llamada de la vergüenza), ampliar la ciudadanía europea a todos los residentes y en definitiva, acabar con la construcción de la Europa fortaleza.

La deuda exterior de todos los países pobres debe ser abolida por la Unión Europea y sus Estados miembros, y la ayuda al desarrollo elevada al menos al 0,7% del PIB europeo, de acuerdo con los compromisos que fueron adquiridos en la Naciones Unidas.

La reciente ampliación de las misiones militares bajo la égida de la UE está en contradicción con los tratados existentes y con la visión de una Europa como proyecto de paz. La UE deberá jugar un papel activo en el desarme mundial y rechazar toda utilización o producción de armas nucleares y de destrucción masiva, así como el recurso a la tortura. Su política de defensa debe ser independiente de la OTAN.


lunes, 23 de marzo de 2009

Es urgente: hay que cambiar Europa

El titular de prensa lo dice todo: “La UE suspende por falta de ideas la cumbre sobre el empleo“. No puede haber una expresión más evidente ni patética del agotamiento del modelo neoliberal que se está siguiendo para construir y gobernar Europa.

Y no es de extrañar que no tengan ideas. Llevan años dándole vueltas a lo mismo y sin éxito: flexibilizar el mercado, bajar los salarios, favorecer a los capitales… y lo que han conseguido está a la vista. Hoy hay más pobres en Europa, más trabajadores precarios, menos crecimiento de la economía… pero, eso sí, muchos más beneficios acumulados por las empresas. Y, además, unos beneficios que no se dedican a generar más inversión productiva o a crear más empleo, como auguraban los defensores de las políticas neoliberales. Por el contrario, se han dedicado a la especulación y ahora padecemos, en consecuencia, la crisis más grande del último siglo, por lo menos. ¡El capitalismo especulativo se come al capitalismo!

Antes, cuando subían los precios, incluso en pequeña proporción, decían que había que moderar los salarios para que no siguieran subiendo. Ahora, cuando dicen que hay que evitar que sigan cayendo los precios porque eso provoca una deflación que hay que evitar, no solo no dicen de subir los salarios, como habría que hacer si su teoría de antes fuese cierta, sino que siguen diciendo que hay que moderarlos. No tienen vergüenza.

No es que no tengan ideas para crear empleo. Lo que sencillamente no tienen es voluntad de enfrentarse a los intereses de los poderosos que no necesitan el empleo para ganar dinero, ni quieren contribuir con sus impuestos para aportar recursos que permitan crearlo.

Se podría crear empleo en Europa desde mañana mismo: obligando a que el Banco Central Europeo financiara programas de gasto orientados a generar capital social en lugar de seguir dando dinero a bancos que son insolventes y que todo lo que reciben lo dedican (inútilmente pues el agujero es inconmensurable) a tratar de salvar sus balances. Realizando reformas fiscales que gravaran las actividades especulativas y los patrimonios y beneficios procedentes de ellas y con ambas fuentes de financiación generando un cambio de modelo productivo en Europa para favorecer la utilización de recursos endógenos y la actividad económica sostenible.

En Europa hay más de 60 millones de pobres, déficits muy grandes en salud, enseñanza, investigación e innovación, igualdad y conciliación, en gestión medioambiental y desarrollo de nuestras fuentes energéticas, en cooperación internacional, en desarrollo de agricultura ecológica, en integración cultural… y en todos esos campos la actividad podría ser fuente intensiva de cientos de miles de empleos. Claro que fomentar esa actividad requeriría apoyar a nuevas empresas, a nuevos intereses económicos y, sobre todo, ir cerrando el paso a las que ahora dominan los mercados europeos en torno a un modo de producir y distribuir los recursos despilfarrador e insostenible, pero muy rentable.

Y requeriría nuevos instrumentos de decisión que empoderarían a los ciudadanos, como se empoderarían también si disfrutaran de un salario y de un trabajo dignos, que es lo que en realidad quieren evitar.

Está claro. Hay que echar a esos dirigentes políticos que incluso reconocen que no tienen ideas y empezar a construir otra Europa.

Juan Torres López - Consejo Científico de ATTAC España

www.juantorreslopez.com

miércoles, 11 de marzo de 2009

Crisis económica, cohesión social y proyecto europeo

El actual proceso de degradación social representa una verdadera terapia de choque para la población trabajadora europea, con el agravante de que la crisis, en todos los escenarios diseñados por las agencias especializadas, se agravará en los próximos meses, ante la inoperancia de las políticas económicas aplicadas hasta el momento. Sin embargo, no todo se explica - ni por supuesto se ha desencadenado- por la crisis que está sacudiendo nuestras economías. Antes bien, las piezas básicas de una parcial pero significativa regresión en el modelo social ya eran claramente visibles en la Unión Europea (UE) de las últimas décadas; mucho antes, en consecuencia, de la eclosión de la actual crisis.

Veamos algunos ejemplos significativos al respecto. Desde la década de los 80 los salarios reales de la población han progresado a un ritmo moderado. La tónica general de los últimos años ha consistido en aumentos inferiores al 1%; lo que significa que, como todos los indicadores promedio ignoran las posiciones extremas, una parte de los trabajadores ha perdido capacidad adquisitiva. El vínculo salarios-productividad del trabajo que caracterizó las décadas doradas del capitalismo europeo en virtud del cual el crecimiento de ambas variables estaba relacionado, forma parte de la historia. Los salarios han tendido a “descolgarse” de la productividad; deconexión que, por cierto, ha sido un factor esencial en el crecimiento de los beneficios de las empresas, convirtiéndose de este modo en uno de los motores que ha alimentado de recursos al sector financiero.

El relativamente alto desempleo y sobre todo, el trabajo precario forman parte asimismo del paisaje europeo. Las diferentes modalidades de contratación “atípica” - contratos temporales, trabajo a tiempo parcial, contratos por obra y servicio- parece que han llegado para quedarse, al margen de cuál sea el ciclo económico; al margen, incluso, del signo político del gobierno de turno. La Confederación Europea de Sindicatos estima que en 2007 más de 100 millones de trabajadores tenían empleos de esta naturaleza. Esta situación no sólo se ha generalizado en el sector privado sino que también preside cada vez más las pautas de contratación de las administraciones públicas. Todo ello matiza la trillada afirmación de que la creación de empleo es el camino a través del que los trabajadores comparten los frutos del crecimiento. ¿Nada que decir sobre la calidad y la estabilidad de los puestos de trabajo? Y tan importante como ésto es la pérdida del trabajo como referencia para la construcción de ciudadanía. El vínculo que Europa alimentó entre trabajo-inserción social y condición ciudadana se ha quebrado hace ya algunos años, contribuyendo poderosamente al deterioro de nuestros sistemas democráticos y al incremento de la desconfianza respecto a la política.

El discreto balance en materia ocupacional, la continúa presión que las empresas y los gobiernos realizan sobre las rentas salariales, la débil posición negociadora de las organizaciones sindicales y la aceptación por parte de algunas izquierdas de lo esencial de los postulados neoliberales han contribuido a que la parte de los salarios en la renta nacional haya retrocedido desde la década de los setenta en la mayor parte de los países integrados en la UE, incluidos aquellos que mejor simbolizaban el modelo de cohesión social que, al menos en teoría, impregnaba el proyecto europeo. Si se tiene en cuenta que en el cómputo de los ingresos salariales se incluyen las remuneraciones de los directivos y de otros colectivos que disfrutan de posiciones privilegiadas, queda aún más claro el deterioro de las condiciones de vida de los trabajadores de menor cualificación.

Aunque todavía lejos de los valores alcanzados por Estados Unidos –el país desarrollado con una fractura social más profunda-, los últimos años han conocido un incremento espectacular de la desigualdad medida en términos de distribución de la renta, abanicos salariales y concentración de la riqueza. Un dato aportado por el último informe de la Organización Internacional del Trabajo “World of Work”: si se comparan las retribuciones obtenidas por los directivos de mayor nivel de las grandes empresas –salarios pactados más stock options y diferentes bonus- y los salarios medios; aquéllos percibían más de 100 veces el ingreso de éstos. Ni rastro en este tipo de ingresos –que no han dejado de aumentar de manera vertiginosa en los últimos años- de las políticas de moderación salarial tan queridas por los gobiernos para el resto de los trabajadores.

El número de personas privadas de los recursos necesarios para llevar una vida digna ha experimentado un inquietante crecimiento. En 2005 Eurostat contabilizaba 78 millones de personas en situación de pobreza, lo que representa el 16% de su población. Si bien es cierto que los desempleados y ciertas minorías son los colectivos más vulnerables, ha emergido con fuerza la categoría de “trabajadores pobres”. Esto es, personas que aún teniendo un empleo se encuentran cerca o por debajo del umbral de la pobreza, lo cual de nuevo invita a reflexionar sobre la mala calidad de una parte sustancial de las nuevas ocupaciones.

Son muy diversos los factores en liza que podrían dar cuenta de esta deriva social. No es el menos relevante de ellos la financiarización de las economías europeas. En primer término, desviando cantidades ingentes de recursos desde la economía productiva y social hacia “el casino”, donde, si los actores implicados estaban dispuestos a asumir el riesgo exigido por los mercados, se podían obtener beneficios extraordinarios. Ello no sólo ha significado desviar cantidades ingentes de recursos hacia el segmento financiero de la economía; en paralelo, como quiera que una parte del ahorro de la población se ha canalizado en esa dirección a través de las instituciones que lo gestionan, quedaba expuesto, además, a los vaivenes propios de mercados con un perfil marcadamente especulativo.

En segundo lugar, premiando (estimulando) a los ejecutivos y a los accionistas, no sólo de los establecimientos estrictamente financieros, de modo que sus decisiones se encaminen a aumentar el valor de la empresa en términos accionariales. Conseguir un alto valor en bolsa de la firma se ha convertido en el objetivo central de los gestores, en cuyo caso los accionistas y los directivos recibían cuantiosas remuneraciones, en forma de dividendos y stock options, entre otras.

En tercer lugar, abriendo nuevos espacios a la intervención de los mercados. Si antes el principio de cohesión social exigía el inexcusable compromiso de lo público, ahora, cada vez más, prevalece el criterio de que los equilibrios sociales los debe proporcionar el mercado, crecientemente sometido a la lógica financiera. Naturalmente, dado que “el campo de juego” en el que se desenvuelven las personas y los colectivos, lejos de ser plano, está muy desnivelado, los costes y las oportunidades que ofrece ese mercado se distribuyen de manera muy desigual.

En cuarto lugar, hemos conocido la expansión de un segmento del mercado considerablemente opaco, que permanece fuera del control de los estados nacionales y, por supuesto, de las autoridades comunitarias. En esos mercados operan lobbies con recursos y poder suficientes para condicionar e hipotecar las políticas económicas nacionales. Las “manos visibles” del mercado, los ganadores del casino, apuestan por un capitalismo con instituciones débiles, que contribuyan a consolidar el “campo de juego” que más conviene a sus negocios. Nada más alejado de los postulados de cohesión social y de control democrático que en teoría encarna el proyecto europeo.

Así pues, la “anomalía” financiera no constituye un fenómeno ajeno, externo, al proyecto comunitario, importado de Estados Unidos, sino que está presente en la dinámica europea. Por esa razón, el análisis de las perturbaciones financieras entra en el corazón del debate, mucho más amplio, de la Europa que queremos y de las estrategias de desarrollo sostenibles que deben alimentar este proyecto. Dicho debate por supuesto no se cierra –mejor dicho, se cierra, equivocada o interesadamente, en falso- con el “hallazgo” de que la intervención del Estado es tan urgente como necesaria. En otras palabras, ni el proyecto europeo, ni su vertiente social, quedan legitimados ni tampoco reforzados por el hecho de asistir a una masiva intervención de los Estados nacionales destinada a evitar el colapso económico. Más bien al contrario, la mínima coordinación de los planes de rescate, la privilegiada posición de buena parte de los grupos receptores de los recursos públicos, el escaso control que se ejerce sobre su utilización y su coste social arrojan serias dudas sobre la verdadera naturaleza de la revitalizada presencia de los Estados nacionales. En este contexto, no es suficiente con apelar, antes y ahora, a Más Europa, apelación que tiene todo su significado si se entra a la cuestión verdaderamente esencial: Qué Europa. La respuesta a este sencillo y atrevido interrogante nos apremia hoy aún más que ayer.

Pedro Chaves es Profesor de Ciencia Política, Universidad Carlos III de Madrid.

Fernando Luengo es Coordinador del Grupo de Investigación “Europa y Nuevo Entorno Internacional”, Instituto Complutense de Estudios Internacionales, Universidad Complutense de Madrid.


Fuente: Revista Sin Permiso

lunes, 22 de diciembre de 2008

Necesitamos otra Europa

El rechazo del Parlamento europeo a la jornada de 65 horas es muy importante y significativa.

No hay que olvidar que era una iniciativa de Gobiernos en el Consejo y de la Comisión Europea, lo que indica que se trataba de la preferencia de sectores muy poderosos y con gran capacidad para decidir la orientación de las políticas y del futuro de la Unión.

Al mismo tiempo, la propuesta era tan brutal, tan extemporánea, tan fuera de sitio y contraria a los más elementales principios del bienestar que también demuestra hasta qué punto la Unión Europea está dirigida por gobernantes escorados a la derecha y al liberalismo, incluso aunque muchos de ellos militen en partidos de centro izquierda.

Cuando se tiene agallas para hacer propuestas de se tipo, que acaban con derechos sociales conquistados hace decenios, no puede caber ya duda de que algunos de quienes dirigen nuestros destinos no tienen límites a la hora de ir hacia atrás y de que están dispuestos a todo con tal de preservar los intereses de los empresarios más retrógrados y explotadores.

De hecho, hasta ahora han conseguido prácticamente reducir el proyecto europeo al diseño de un espacio monetario y financiero, de modo que solo hay auténtica y completa Europa para los capitales, las grandes empresas y las finanzas. E incluso han renunciado a los instrumentos que hacen que ese especio monetario y financiero sea eficiente (la política presupuestaria equilibradora, las redes de bienestar que facilitan en la práctica la movilidad, el gasto público que impulsa la innovación, la coordinación en todos los ámbitos o la integración política auténtica) para no tener que dar más protagonismo a los ciudadanos y a la expresión de sus preferencias sociales.

El Tratado non nato de la Unión fue un quiero y no puedo en este sentido. Destinado en realidad a reforzar asimétricamente los aspectos financieros que interesan a los grandes poderes económicos, renunciaba al establecimiento de las medidas e instrumentos que garantizan el avance en lo social y en la conquista del bienestar. Pero así, lo que se presentaba como dirigido a fortalecer a Europa terminaría por obstruir e incluso paralizar su desarrollo como proyecto social porque lo desdibuja hasta hacerlo irreconocible e innecesario por los ciudadanos que, de esa manera, terminan por sentir cada vez un mayor desafecto hacia él.

En los últimos años se ha reforzado la expresión neoliberal del proyecto europeo y lo que estamos viviendo hoy día en tantos frentes no es sino su gran fracaso. De la mano de la estabilidad presupuestaria Europa no se avanza lo suficiente ni en innovación, ni en competitividad, ni en modernización. La mejor prueba de ello es precisamente que se tenga que recurrir a medidas como las de las 65 horas, más propias de típicos espacios económicos de la periferia que solo pueden competir empobreciéndose. Sin políticas presupuestarias potentes y comunitarias las desigualdades se incrementan, lo que no solo produce más fragmentación, desarticulación e insatisfacción social sino un especio económico menos homogéneo y más asimétrico, en donde las ventajas de la unión monetaria se diluyen en gran medida. Sin coordinación y armonización de las diferentes políticas, no se produce el imprescindible avance de escuadra, sino, en todo caso, solo el de cada país por su lado, lo que reduce las sinergias y dificulta el progreso común. Sin instrumentos ni voluntad para poner freno a la deriva financiero-especulativa de los capitales no se puede disponer de los recursos necesarios para generar mayores ritmos de creación de riqueza. Bajo la lógica mercantil con que se diseña las políticas exteriores, sin asumir que Europa debe ser un motor del desarrollo global y no una carga para los países menos desarrollados, no se pueden crear las condiciones bajo las que Europa pueda brillar como eje del progreso y referencia del bienestar.

Europa necesita ser otra. Esta Europa vieja y neoliberal apenas refleja sueño alguno ni ideal de progreso. Es un traje a la medida para los mercaderes y los especuladores pero que no resulta atractivo para los ciudadanos porque ellos no caben en él a gusto. Es una Europa insensible, que ve crecer la pobreza y las desigualdades sin inmutarse y cuyos dirigentes no tienen más recetas que fortalecer los mercados y dar cada vez más facilidad y libertad a los capitales, aunque sea a costa, como estamos viendo día a día, de cultivar fracasos en lo económico y dar pasos atrás en lo social.

Afortunadamente, aunque la votación del otro día solo fuera sobre un aspecto muy extremo y singular, muestra que no todo está perdido y que es posible poner sobre la mesa otro modelo de construcción europea. O, al menos, que es necesario enfrentarse al neoliberal para que la sociedad compruebe que hay otro camino distinto al del fracaso, la crisis y la explotación más o menos disimulada.

Juan Torres López. Comité científico de Attac España

domingo, 14 de diciembre de 2008

La Unión Europea, ¡a por los pobres!

Uno de los pocos efectos benéficos de la crisis económica es que saca a la luz la verdadera naturaleza del capitalismo: socialismo para los ricos, libre mercado y libre competencia siempre y solo para los demás, sobre todo si son pobres, ¡nunca para nosotros!

La industria europea mira con asombro a la agresiva política comercial de las nuevas potencias económicas – China a la cabeza – que están activamente invirtiendo en países empobrecidos para garantizarse el acceso a las materias primas que tanto necesitan para su desarrollo. Al mismo tiempo las empresas europeas recelan de los tibios intentos de los países pobres en PIB per capita, pero ricos en recursos naturales ,para preservarlos del saqueo de los poderosos. Suerte para los empresarios europeos que la Unión Europea (UE) actúe de fiel guardián de sus intereses. En noviembre del 2008, la Comisión Europea ha presentado una nueva “estrategia integrada para asegurar la satisfacción de las necesidades básicas en materias primas de la UE”. Esta estrategia pretende combatir dos peligros que se ciernen sobre la competitividad de la industria europea:

  • Las políticas proteccionistas de los países productores, que quieren destinar estos recursos al desarrollo de sus propias economías
  • El activismo comercial de las potencias económicas “emergentes” en asegurarse acceso “privilegiado” a las materias primas producidas en países terceros

Los bienes de alto contenido tecnológico se vuelven cada vez más complejos, y necesitan de una variedad de materias primas siempre creciente. Un teléfono móvil o una pantalla de televisión contienen hoy en día 40 diferentes materias primas, muchas de las cuales raras e inexistentes en Europa. El ordenador con el que estoy escribiendo llega a contener 60 materias primas diferentes. En algunos casos, un único país ostenta un practico monopolio de la producción mundial: el 95% de toda la producción mundial de tierras raras está concentrado en China, el 90% de todo el niobio en Brasil, el 79% de todo el rodio en África del Sur, según datos de la Comisión. Todas estas materias primas son fundamentales para producir aparatos electrónicos. Más preocupante aún para la Comisión, el 50% de las principales reservas de materias primas se encuentra en países donde falta “estabilidad política o económica”, ya que (el cursivo es mío) tienen un Producto Interior Bruto por persona de 10 dolares o menos.

Parecería que la solución de este asunto es muy sencilla: mantener relaciones comerciales justas con estos países, ayudarlos a conseguir su desarrollo y estabilidad, de modo que puedan ser socios comerciales fiables en un marco de relaciones beneficiosas para ambas partes. Lamentablemente, este proceso y sus tiempos no encajan con los intereses de las empresas transnacionales que tienen mucha influencia en determinar las políticas comerciales de la UE: las empresas quieren materias primas, muchas, ahora y a los precios más baratos posibles: La crisis aprieta, los márgenes de beneficios menguan, y el dinero de los planes de rescate no es infinito. El empresariado europeo necesita ahorrar costes.

Junto a algunos aspectos meramente cosméticos sobre la promoción de la investigación o del reciclaje, esta nueva estrategia se basa en cuarto pilares fundamentales. Los describimos en la tabla siguiente: en la columna izquierda su formulación en el lenguaje burocrático de la Comisión; en la columna derecha su traducción en lenguaje corriente:

Formulación de la Comisión Europea ...

... traducción en lenguaje corriente

Incluir cláusulas de acceso y gestión sostenible de las materias primas en todos los acuerdos bilaterales y multilaterales [...]

Imponer a los países empobrecidos que la UE pueda saquear sus recursos naturales sin límite, negociando tratados comerciales bilaterales donde la UE pueda fácilmente imponer el chantaje de su poderío económico (las negociaciones multilaterales como la “Ronda de Doha” han fracasado estrepitosamente debido a la posibilidad que brindan a los muchos pequeños países empobrecidos de unirse para oponerse a los deseos de los poderosos)

Identificar y combatir todas las medidas que distorsionan la libertad de comercio, utilizando todos los mecanismos a su disposición, [...] incluidos los foros de resolución de las disputas comerciales.

Presionar a los países empobrecidos para que eliminen todas las leyes que limitan el saqueo de los recursos locales en aras de fomentar el desarrollo de la industria local, proteger el medio ambiente, los derechos de los trabajadores y de los consumidores. Si la persuasión no es suficiente, la amenaza de los tribunales comerciales internacionales, que siempre fallan a favor de los países ricos y de las empresas transnacionales, debería convencer a los reticentes.

Promover el acceso sostenible a las materias primas en el marco de la política del desarrollo, a través de las inversiones directas, las estrategias de cooperación y otros instrumentos.

Si las negociaciones comerciales fracasan, la UE amenazará con cortar el grifo de la ayuda al desarrollo a aquellos países que no colaboran con el saqueo de sus recursos naturales.

Desarrollar nuevas reglas marco sobre como compatibilizar las actividades de extracción minera con la protección ambiental en zonas pertenecientes o cercanas a la red Natura 2000

Evitar que la protección de la naturaleza bajo pretexto de la lucha contra el cambio climático pueda obstaculizar el saqueo de los recursos naturales.

Es llamativo que la estrategia prevé que tres actores trabajen conjuntamente para el desarrollo de estos pilares: la Comisión, los “Estados Miembros” ( es decir, sus gobiernos) y la industria. No desean los incómodos controles de los parlamentos o – peor aún - de la sociedad civil y de las asociaciones no gubernamentales que desde años trabajan para unas relaciones comerciales justas entre países ricos y países empobrecidos.

Esta comunicación es solo un eslabón más de la estrategia comercial de la UE: Una Europa competitiva en una economía globalizada (conocida come Global Europe), que la Comisión emitió en octubre 2006. Su objetivo es garantizar el acceso a los mercados de países emergentes a las empresas de la UE, a través de tratados comerciales bilaterales orientados a la protección de sus intereses, la defensa de los derechos de propiedad intelectual contra el fraude y la piratería, y la concesión a empresas europeas y no europeas de fiscalizar preventivamente todas las leyes y normas de los estados miembros que puedan afectar la libertad de comercio, al tiempo que se exige a los países terceros el mismo derecho de consulta previa sobre su legislación. El objetivo de esta estrategia ha sido denunciado tempranamente[1]. Sus consecuencias afectan no solo las posibilidades de los países empobrecidos de salir de su pobreza a través del desarrollo de su propia economía y la protección de la naturaleza, sino los servicios públicos y las compras públicas. Los servicios públicos representan un mercado potencialmente jugosísimo para las empresas transnacionales si se elimina el monopolio público y su misión social (acceso universal y gratuito, gestión orientada a criterios sociales y no empresariales, prestación garantizada a todas las comunidades y ciudadan@s con independencia de susolvencia). Las compras públicas representan en muchos países una fuente esencial de trabajo para las empresas nacionales y de empleo para sus ciudadan@s. Parecido objetivo han tenido los negociadores europeos de la “Ronda de Doha” en el marco de la Organización Mundial del Comercio, ahora fracasada pero aún no totalmente sepultada, o los Acuerdos de Cooperación Económica (conocidos por su sigla inglesa, EPA). ¡Una verdadera “estrategia global”!

A pesar de todo hay un matiz novedoso en estas últimas manifestaciones de la agresividad comercial de la UE hacia el exterior. La antigua retórica sobre el “comercio al servicio del desarrollo sostenible de los pueblos y como instrumento de lucha contra la pobreza” que caracterizaba la “Ronda de Doha” ha sido remplazada por un discurso donde la defensa de los intereses empresariales prima: “las empresas europeas competitivas, respaldadas por las políticas internas adecuadas, deben poder adquirir acceso a los mercados mundiales y operar en ellos con seguridad. Ésa es nuestra agenda.”[2]. La crisis no hace más que añadir la desnudez de la codicia a esta hambre.

Matteo Guainazzi. Observatorio de Servicios Públicos de ATTAC-Madrid



[1] Se vea, por ejemplo, el documento de la red S2B: “La Nueva estrategia de la UE para una ‘Europa Competitiva’: al servicio de las empresas en todo el mundo”, disponible en: http://www.s2bnetwork.org/s2bnetwork/download/globaleurope_s2balert_nov06_es.pdf?id=176

[2] P.Mendelson (Comisario Europeo de Comercio), Churchill Lecture, Ministerio Federal de Asuntos Exteriores, Berlín, 18 de septiembre de 2006



miércoles, 26 de noviembre de 2008

¿Que hace la izquierda europea frente a la crisis?

“Resulta intolerable que ciertos gestores de fondos puedan evitar el pago de impuestos registrándose ellos mismos en centros offshore, mientras los contribuyentes están financiando el rescate de sus negocios. Lo mínimo que merecen los contribuyentes que pagan el rescate de los mercados financieros, es que todos los operadores paguen impuestos como todo el mundo. Se ha calculado que los ingresos perdidos por la domiciliación en centros offshore podrían financiar el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Por el contrario se está permitiendo a unos gestores de fondos que se hagan extremadamente ricos. La justicia fiscal exige que se acabe con la evasión fiscal vía paraísos fiscales”

Lo decía en el Parlamento europeo el 23 de Septiembre de 2008, Poul Nyrup Rasmussen, ex primer ministro danés y presidente del Partido de los Socialistas Europeos (PSE), reclamando que la Unión Europea lidere la eliminación de la evasión fiscal offshore. Y en esa misma sesión, se aprobaba el informe Rasmussen para una mayor regulación de los mercados financieros, que pide a la Comisión europea que presente propuestas legislativas con ese objetivo regulador para finales de año incluyendo a los fondos especulativos de alto riesgo o hedge funds y a las firmas de capital riesgo.

¿Está girando a la izquierda el socialismo europeo?

Muy pocos indicios. Rasmussen pertenece al reducido grupo del PSE que ha planteado en serio el enfrentamiento con el dominio de las finanzas sin muchos seguidores entre los partidos federados y sin encabezar ninguna renovación. La prueba la tenemos en cómo se ha silenciado la carta de Jacques Delors, Helmut Smith y otros socialistas europeos históricos al Presidente de la Comisión europea denunciando que “Los mercados financieros no nos pueden gobernar” (véase en este blog 11 Septiembre 2008), un documento que apenas ha tenido eco entre los socialistas europeos y ha sido ignorado en las filas del PSOE.

Y el caso es que aunque los rescates bancarios de este largo año de crisis hayan derrotado intelectualmente la doctrina del fundamentalismo del mercado (Samuelson, Stiglitz o Martin Wolf dixit) la izquierda europea institucional sigue encadenada al paradigma neoliberal, a esa nebulosa de principios, creencias y orientaciones que pone al mercado por encima del Estado. Y el socio liberalismo mantiene su predominio en partidos de izquierda más polarizados en alcanzar y/o mantener el poder que en que atender las necesidades sociales de los sectores sociales que les votan. Y así le va a esta llamada “clase media” que busca el centro.

La desorientación de los partidos de izquierda

Un editor alemán ha sacado una nueva edición de El Capital de Carlos Marx con dos millones de ejemplares. Y tenga o no esto que ver con la crisis, son muchos los indicios que apuntan un giro en el clima intelectual europeo a favor de la intervención del Estado en la economía y contra el neoliberalismo, un terreno todavía abonado en Francia, Alemania, España o Polonia.

Pero si esos indicios son ciertos, estando inmersos en la peor crisis desde principios de los años 30, ¿por qué entonces los partidos políticos de izquierdas están en tan lamentable situación en la mayor parte de Europa? ¿Dónde esta la izquierda europea?

El reciente Congreso de Reims y la elección del primer ejecutivo del partido socialista francés ha mostrado la lucha feroz por el poder detrás de un personalismo sin ideas ni propuestas frente a la crisis. Y el socialismo español, asimismo pobre de ideas frente a la crisis, sestea al amparo del gobierno disfrutando de las instituciones y medroso frente a propuestas que puedan irritar a la banca globalizada.

Entretanto, los socialdemócratas alemanes intentan emerger de la situación crítica en que les ha dejado el liderazgo anterior de Kurt Beck compitiendo con un nuevo partido de izquierda en alza. Y el centro izquierda de Walter Veltroni en la oposición casi desaparece del escenario público en Italia, después de perder las elecciones generales frente a Silvio Berlusconi, al que auparon al poder por tercera vez con sus querellas internas y la pobreza de sus ideas reformistas.

Aunque no les asegura su continuidad futura en el gobierno, el laborismo británico de Gordon Brown intenta asociarse a la imagen de Obama y al poder estadounidense, La genialidad “izquierdista” de Gordon Brown, que le ha permitido recuperarse en las encuestas frente a los conservadores, ha consistido en invertir el dinero público en la recapitalización de los bancos en apuros; pero sin que la participación del Estado interfiera en la gestión y manteniendo sus redes de filiales offshore para que sigan defraudando el fisco que les subvenciona. Una política de escándalo imitada por todos sus colegas en la UE como prueban los relatos recogidos en este blog bajo la etiqueta crisis financiera y paraísos fiscales.

En resumidas cuentas, confiemos en que el prolongado desarrollo de la crisis inspire a la izquierda europea las ideas que le faltan para ofrecer las respuestas que demandan sus votantes y oriente sus propuestas políticas hacia un nuevo paradigma que reemplace el hasta ahora vigente.-

Juan H. Vigueras - Comité Científico de ATTAC España.