sábado, 19 de enero de 2013

Hacia otra política económica

Entre los días 8 y 11 del pasado mes de noviembre tuvo lugar en Florencia el Foro Firenze 10+10, subtitulado “Joining forces for another Europe”. En el marco de dicho foro, tuvo lugar también un encuentro de economistas. El encuentro, convocado bajo el título de Meeting of Economists’ Networks on Another Economic Policy for Europe, había sido convocado por organizaciones europeas de economistas heterodoxos tales como Another Road for Europe (transeuropea), Economistes Atterrés (Francia), Euromemorandum (transeuropea) o Sbilanciamoci! (Italia).

Dicho encuentro, que tuvo lugar los días 9 y 10, contó entre sus participantes con algunas personas de relevancia dentro del panorama de la economía crítica europea, como por ejemplo, Susan George, Trevor Evans, Dany Lang, Frédréric Boccara o Mario Pianta. En total 5 organizaciones, además de las 4 convocantes, participaron en las discusiones del encuentro: Critical Political Economy Research Network, Econospheres, Transform, Transnational Institute y también econoNuestra. A ellas se sumaron además diversas personas a título individual.

Tras una primera sesión dedicada a abordar diferentes aspectos de la actual crisis mundial, las siguientes sirvieron para debatir dos cuestiones: 1) la mejor forma de dar continuidad, de forma institucionalizada, al encuentro; y 2) la elaboración de una declaración que sirviera además para dar a conocer tal iniciativa.

Como resultado de la primera, en Florencia nació la Red Europea de Economistas Progresistas, integrada por las organizaciones participantes en la reunión así como por otras que se han adherido posteriormente. Al igual que econoNuestra en el caso español, esta red sobresale por su vocación para integrar aspectos relacionados con la investigación y el mundo académico junto con el activismo de quienes desde distintos puntos de Europa están cuestionando las políticas económicas actuales y proponiendo la aplicación de otras nuevas. En este sentido, la red promoverá actividades relacionadas con la investigación, el diseño de políticas alternativas, la publicación de artículos de divulgación sobre temas económicos y la organización y participación en foros y encuentros de activistas (como Alter Summit que se tomó como referencia).

La red, que responde al nombre de EURO-PEN, ha recibido ya más de una decena de solicitudes de adhesión de otras organizaciones similares europeas, y en las próximas semanas contará con una página web donde se subirán los materiales relacionados con sus actividades en varios idiomas. Se está trabajando en un documento para sacar con motivo de la reunión del próximo mes de marzo del Consejo Europeo como alternativa al documento oficial, en la participación en el encuentro de Alter Summit programado para junio en Atenas y en la organización de algún acto conjunto con sindicatos europeos, así como algún otro en Italia y Alemania antes de sus respectivas elecciones nacionales. EURO-PEN pretende así nutrir a los movimientos sociales de perspectivas económicas heterodoxas en forma de documentos pero también de conferenciantes y participantes en actos concretos. De este modo, se pretende salvar la distancia entre el mundo académico y el de los movimientos sociales.

Respecto a la segunda cuestión abordada en la reunión, como carta de presentación de EURO-PEN, se elaboró una declaración y se envió a diversos medios de comunicación (alcanzando un eco considerable, como por ejemplo aquí, aquí o aquí). Los seis puntos de la declaración fueron los siguientes:

1. Hay que revocar las políticas de austeridad y revisar radicalmente la drástica condicionalidad impuesta a los países que reciben los fondos de emergencia de la UE, empezando por Grecia. Es necesario levantar las duras restricciones impuestas por el Pacto Fiscal Europeo, de modo que los países puedan conservar el gasto público, el bienestar y los salarios, al tiempo que la UE se implique en mayor medida en el estímulo de la demanda, promoviendo el pleno empleo y siguiendo una nueva trayectoria de progreso sostenible y equitativo. Las políticas europeas deberían reducir los desequilibrios externos forzando también a los países con superávit a ajustarse.

2. Las políticas europeas deben favorecer una redistribución que reduzca las desigualdades, buscando la armonización impositiva y acabando con la competencia fiscal. Debe además trasladar el peso de la presión fiscal del trabajo a los beneficios y la riqueza. Las políticas europeas deben promover los servicios públicos y la protección social. Hay que defender la negociación colectiva; los derechos de los trabajadores son una parte fundamental de los derechos democráticos en Europa.

3. Para hacer frente a la crisis financiera en Europa –marcada por la interacción entre una crisis bancaria y una crisis de deuda pública–, el Banco Central Europeo tiene que actuar como prestamista de última instancia en los mercados de deuda pública. El problema de la deuda pública debe resolverse mediante acciones bajo la responsabilidad común de los países de la eurozona; la deuda debería ser auditada públicamente.

4. Es necesario reducir de forma radical el tamaño del sector financiero introduciendo un impuesto sobre las transacciones financieras, eliminando la especulación e imponiendo el control de los movimientos de capital. El sistema financiero debe estar bajo control social; hay que transformarlo para que promueva empleos e inversiones productivas socialmente útiles y ecológicamente sostenibles.

5. Una transición ecológica completa permitiría a Europa salir de la crisis. Europa debe reducir su huella ecológica y su consumo de energía y de recursos naturales. Sus políticas deben favorecer nuevas formas de producir y consumir. Un amplio programa de inversiones que promueva la sostenibilidad puede generar empleos de alta calidad, desarrollando competencias en nuevos campos de innovación y ampliado las posibilidades de acción a nivel local, especialmente en lo que se refiere a los bienes públicos.

6. Hay que reforzar la democracia a todos los niveles en Europa. Es necesario reformar la Unión Europea y revertir el proceso por el que, desde que empezó la crisis, el poder ha quedo concentrado en manos de unos pocos Estados y de instituciones poco democráticas. El objetivo es conseguir una mayor participación ciudadana, un papel más relevante por parte del Parlamento Europeo y un control democrático significativo sobre las decisiones clave.

La declaración terminaba proponiendo un cambio de rumbo en las políticas europeas, buscando una alianza entre la sociedad civil, los sindicatos, los movimientos sociales y las fuerzas políticas progresistas para sacar a Europa de la crisis originada por le neoliberalismo y las finanzas. La Red Europea de Economistas Progresistas pretende contribuir a este cambio.

Luis Buendía
Miembro de econoNuestra, investigador en el Instituto Complutense de Estudios Internacionales y en la Universidad Nacional de San Martín
Público.es
http://blogs.publico.es/econonuestra/2013/01/17/hacia-otra-politica-economica/
 

viernes, 4 de enero de 2013

Tecnocracia o plutocracia

La prensa ha publicado recientemente, quizá sin la relevancia adecuada, un hecho de una gran trascendencia, en especial por lo que tiene de símbolo y de clara expresión de hasta qué punto se ha llegado con la Unión Monetaria en la distorsión de los principios políticos y democráticos. La Ley de Presupuestos para 2013 extiende, como viene siendo habitual, al Banco de España y a cualquier organismo público, las medidas de austeridad que tienen que cumplir este año las Administraciones públicas. Ahí ciertamente no radica la noticia. Esta se encuentra en que el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, haya advertido al Gobierno español de que la medida vulnera la autonomía e independencia del Banco de España (BE) y que esta institución no está obligada a cumplirla.

Parece imposible que algo así se pueda dar en la vieja Europa. Tras aprobarse el Tratado de Maastricht en 1992, escribía yo en el diario El Mundo: “Aun conociendo el sesgo economicista del Mercado Común y los intereses que subyacen tras todas sus normas e instituciones, resulta difícilmente comprensible cómo doce países, teóricamente paradigmas de la democracia occidental, alumbran un sistema tan profundamente antidemocrático como el diseñado para el futuro Banco Central Europeo, al que se configura como órgano autónomo e independiente. ¿Independiente de quién?, ¿de dónde le vendrá su legitimidad?, ¿ante quién responderá democráticamente?, ¿en función de qué criterios ideológicos adoptará sus decisiones? Existe una predisposición clara a la tecnocracia y una desconfianza radical hacia todo poder político y democrático, como si la técnica y cierta ciencia económica fuesen neutrales”. Las consecuencias eran evidentes; pero así y todo creo que nunca imaginamos hasta qué punto iba a ser cierto que los poderes democráticos quedasen desplazados por instituciones tecnocráticas y con qué grado de descaro y de cinismo iban a actuar los mandatarios del capital.

Draghi, sin pudor alguno, se superpone a las Cortes españolas -en teoría al menos, representantes de la soberanía popular- y les indica lo que pueden y no pueden hacer, y se coloca en lugar de los tribunales españoles dictaminando si es legal o no que la medida afecte al BE. La desvergüenza es tanto mayor cuanto que es el propio BCE el que ha impuesto los criterios de austeridad a todas las Administraciones públicas, sin importarle demasiado si el sistema sanitario va a quedar gravemente dañado, si los recortes van a condenar a las generaciones futuras a una educación deficiente, si la justicia no va a poder cumplir su cometido, si los ancianos van a morir en el abandono y la pobreza, y si la Administración tributaria no va a contar con los recursos suficientes para controlar el fraude fiscal. Por indicaciones del BCE, se puede destruir toda la Administración pública y con ella todos los servicios que necesitan los ciudadanos para vivir en un Estado social y de derecho, pero, eso sí, que nadie ose tocar al BE ya que este debe ser autónomo e independiente.

Los recursos que maneja el BCE son propiedad de los contribuyentes de todos los países miembros, también de España, Grecia, Italia, Portugal o Irlanda, y deberían ser los poderes políticos democráticos de estos países los que tendrían que controlar al BCE y no a la inversa, habrían de determinar cómo se utilizan esos recursos, cuál debería ser la política aplicada por esta institución e incluso el sueldo y las condiciones económicas de su presidente y demás funcionarios.

No somos conscientes de la medida en que se están distorsionando los principios políticos que, al menos desde la Ilustración, se tenían como acervo común de los países occidentales, especialmente de los europeos. Se pretende hurtar a los poderes democráticos las decisiones económicas, situándolas al margen de las presiones populares, para cederlas en exclusiva a órganos supuestamente neutrales e independientes. El modelo del BCE se exporta a todos los órganos reguladores: Comisión Nacional del Mercado de Valores, Comisión Nacional de las Telecomunicaciones, Comisión Nacional de la Energía, etc. Incluso desde Bruselas se intenta imponer a todos los países el llamado Consejo Fiscal, una especie de organismo independiente de los poderes políticos encargado de garantizar que los recortes presupuestarios se llevan a cabo cueste lo que cueste. No basta ya con dejar la política monetaria al margen de las influencias de las sociedades, sino que se trata de alejar de la voluntad de los ciudadanos y de sus representantes legítimos todas las decisiones económicas importantes, desde el diseño del mercado laboral hasta el sistema de pensiones, pasando por la configuración del sistema tributario.

Hoy, a los términos de autonomía e independencia política se les otorga el marchamo de la objetividad. Pero la neutralidad no existe. El fin de las ideologías es tan solo el triunfo de una ideología, la que beneficia a los intereses económicos. La tecnocracia es en definitiva plutocracia y las medidas que propugna como técnicas y científicas están ancladas en la ideología más conservadora y retrógrada, puro neoliberalismo económico. Las instituciones europeas y sus organizaciones satélites en los países miembros son tan solo el consejo de administración de las fuerzas económicas. El Banco de España ha sido siempre la patronal de las instituciones financieras y el principal centro de emisión de cultura económica reaccionaria. ¿Y los poderes políticos nacionales? Existe la sospecha de que la mayoría de ellos están encantados porque la coartada de la Unión Europea les permite aplicar las mediadas que de otra manera las sociedades nunca les hubieran consentido.

Juan Fco. Martín Seco
República.com

miércoles, 2 de enero de 2013

La mayor ofensiva contra los derechos sociales realizada desde la Segunda Guerra Mundial a escala europea

Serie « Bancos contra pueblos: los entresijos de una partida amañada» (3a parte)

Que no se subestime la capacidad de los gobernantes de sacar provecho de una situación de crisis
Los grandes medios abordan de forma regular las cuestiones de un posible estallido de la zona euro, del fracaso de las políticas de austeridad en materia de relanzamiento económico, de las tensiones entre Berlín y París, entre Londres y los miembros de la zona euro, de las contradicciones en el seno del consejo del BCE, de las enormes dificultades para encontrar un acuerdo sobre el presupuesto de la UE, de las crispaciones de ciertos gobiernos europeos con el FMI a propósito de la dosificación de la austeridad. Todo esto es cierto, pero sobre todo no hay que olvidar un punto fundamental: la capacidad de los gobernantes, que se han puesto dócilmente al servicio de los intereses de las grandes empresas privadas, de gestionar una situación de crisis, incluso de caos, para actuar en el sentido demandado por esas grandes empresas. La relación estrecha entre los gobernantes y el Gran Capital no es siquiera disimulada. A la cabeza de varios gobiernos, colocados en puestos ministeriales importantes y en la presidencia del BCE, se encuentran hombres directamente salidos del mundo de las altas finanzas, comenzando por el banco de negocios Goldman Sachs. Algunos políticos de primera fila son recompensados con un puesto en un gran banco u otra gran empresa una vez que han realizado sus buenos oficios para el gran capital. No es nuevo pero es más evidente y regular que durante los últimos 50 años. Se puede hablar de verdaderos vasos comunicantes.

Considerar que la política de los dirigentes europeos es un fracaso porque el crecimiento económico no ha vuelto es en parte equivocarse de criterio de análisis. Los objetivos perseguidos por la dirección del BCE, por la Comisión Europea, por los gobiernos de las economías más fuertes de la UE, por las direcciones de los bancos y de las demás grandes empresas privadas, no son la vuelta rápida al crecimiento, ni la reducción de las asimetrías en el seno de la zona euro y de la UE a fin de hacer de ella un conjunto más coherente al que volviera la prosperidad.

Entre sus objetivos principales, hay que subrayar dos:
1. evitar un nuevo krach financiero y bancario que podría revelarse peor que el de septiembre de 2008 (las dos primeras partes de esta serie han abordado este objetivo que será de nuevo desarrollado en la cuarta parte);

2. utilizar varias armas (el aumento muy importante del paro, el reembolso de la deuda pública, la búsqueda del equilibrio presupuestario, el látigo de la búsqueda de la mejora de la competitividad de los estados miembros de la UE unos respecto a los otros y en relación a los competidores comerciales de los demás continentes) para avanzar en la mayor ofensiva realizada desde la Segunda Guerra Mundial a escala europea por el Capital contra el Trabajo. Para el Capital, se trata de aumentar aún más la precarización de los trabajadores, de reducir radicalmente su capacidad de movilización y de resistencia, de reducir los salarios y diferentes subsidios sociales de forma importante a la vez que se mantienen las enormes disparidades entre los trabajadores dentro de la UE a fin de aumentar la competencia entre ellos. Primero, están las disparidades entre los asalariados de un mismo país: entre mujeres y hombres, entre fijos y eventuales, entre trabajadores a tiempo parcial y trabajadores a tiempo completo. Por iniciativa de la patronal y con el apoyo de los gobiernos sucesivos (y en su seno los partidos socialistas europeos han jugado un papel activo), esas disparidades han crecido en el curso de los últimos 20 años. Y luego están las disparidades entre los trabajadores de los diferentes países de la UE. Las disparidades entre trabajadores de los países del Centro y los de los países de la Periferia en el interior de la UE son el complemento de las que se profundizan en el interior de las fronteras nacionales.

Las profundas disparidades entre los trabajadores de los diferentes países de la UE
Los salarios de los trabajadores del grupo de países más fuertes (Alemania, Francia, Países Bajos, Finlandia, Suecia, Austria, Dinamarca) son el doble o el triple de los salarios de los trabajadores de Grecia, Portugal o Eslovenia, son 10 veces más elevados que los salarios de los trabajadores de Bulgaria, de 7 a 9 veces más que los salarios rumanos, lituanios o letones |1|. En América del Sur, aún cuando las diferencias son grandes entre las economías más fuertes (Brasil, Argentina, Venezuela) y las más débiles (Paraguay, Bolivia, Ecuador...), la diferencia entre el salario mínimo legal es del orden de 1 a 4, por tanto una disparidad netamente más débil que en el seno de la Unión Europea. Esto muestra hasta qué punto es fuerte la competencia entre los trabajadores de Europa.

Las grandes empresas de los países europeos más fuertes en el plano económico se aprovechan a fondo de las disparidades salariales en el seno de la UE. Las empresas alemanas han optado por aumentar fuertemente su producción realizada en los países de la UE en los que los salarios son más bajos. Los bienes intermedios son luego repatriados a Alemania sin pagar impuestos de importación/exportación, para ser allí ensamblados y luego reexportados principalmente hacia los demás países de Europa. Esto permite disminuir los costes de producción, poner en competencia a los trabajadores alemanes con los de los demás países y aumentar la rentabilidad de esas empresas. Además, esos bienes ensamblados en Alemania y vendidos en los mercados externos aparecen por supuesto en las exportaciones alemanas, una parte importante de las cuales es en realidad el resultado del ensamblaje de productos importados. Las empresas de los demás países fuertes de la UE hacen ciertamente lo mismo, pero la economía alemana es la que se beneficia proporcionalmente más de los bajos salarios y de la precarización del trabajo en el seno de la zona euro (incluso en el interior de las fronteras de Alemania |2|) y de la UE. En 2007, los excedentes comerciales de Alemania se debían en un 83% a sus intercambios con los demás países de la UE (145.000 millones de euros respecto de los demás países de la zona euro, 79.000 millones respecto de la Europa fuera de la zona euro y 45.000 millones con el resto del mundo) |3|.

El modelo alemán como producto de la ofensiva neoliberal
Los patronos alemanes, ayudados por el gobierno socialista de Gerhard Schröder en 2003-2005, lograron imponer sacrificios a los trabajadores. El estudio Acabar con la competitividad publicado conjuntamente por ATTAC Francia y la Fundación Copernic resume así las grandes etapas de los ataques a las conquistas de los trabajadores de Alemania y a sus derechos sociales y económicos: ““Las leyes Hartz (por el nombre del ex Director de Recursos Humanos de Volkswagen y consejero de Gerhard Schröder) se han aplicado de forma gradual entre 2003 y 2005. Hartz I obliga a los parados a aceptar el empleo que se les propone, incluso por un salario inferior a su subsidio de desempleo. Hartz II instituye “mini-jobs” (mini trabajos) a menos de 400 euros mensuales (exentos de cotizaciones sociales salariales). Hartz III limita a un año el pago de los subsidios de desempleo para los trabajadores mayores y endurece las condiciones de su atribución. Hartz IV fusiona el subsidio de paro de larga duración y las ayudas sociales, y les pone un techo de 345 euros por mes. A las leyes Hartz se añaden las reformas sucesivas de las jubilaciones y del sistema de salud pública: jubilación por capitalización (jubilaciones Riester); subida de las cotizaciones, retraso de la edad legal de jubilación (objetivo 67 años en 2017)”. Los autores de este estudio subrayan: “El conjunto de estas reformas ha llevado a un impresionante aumento de las desigualdades sociales. Es un aspecto a menudo olvidado del “modelo alemán” y vale la pena dar algunas cifras detalladas. Alemania se ha convertido en un país con muchas desigualdades: un anteproyecto de informe parlamentario sobre la pobreza y la riqueza |4| acaba de establecer que la mitad más pobre de la sociedad posee solo el 1% de los activos, contra el 53% para los más ricos. Entre 2003 y 2010, el poder de compra del salario medio ha bajado un 5,6%. Pero esta bajada se ha repartido de forma muy desigual: -12% para el 40% de los asalariados peor pagados, -4% para el 40% de los asalariados mejor pagados |5|. Los datos oficiales muestran que la proporción de bajos salarios ha pasado del 18,7% en 2006 al 21% en 2010 y esta progresión de los bajos salarios -hay que subrayarlo- se hace por lo esencial en Alemania del Oeste”.

Según el mismo estudio, en 2008, el número de asalariados aumentó en 1,2 millones en relación a 1999, pero esta progresión corresponde a un aumento de 1,9 millones del número de empleos precarios, y por tanto a una pérdida de medio millón de empleos fijos a tiempo completo. Un cuarto de los asalariados y asalariadas ocupan hoy un empleo precario, y esta proporción (la misma ya que en los Estados Unidos) sube al 40% entre las mujeres. “Los empleos asalariados precarios son mayoritariamente (el 70%) destinados a las mujeres |6|. La proporción de parados con subsidio de desempleo ha caído de un 80% en 1995 a un 35% en 2008 y todas las personas en paro más de un año han derivado hacia la ayuda social”.

Como señala Arnaud Lechevalier, esta evolución se inscribe “en un contexto más general de erosión de la protección de los asalariados por los convenios colectivos: la parte de los asalariados cubiertos (por dichos convenios) ha bajado del 76% al 62% en diez años y estos convenios no concernían ya más que al 40% de las empresas alemanas en 2008. Además, los sindicatos han debido conceder múltiples derogaciones a los convenios colectivos sectoriales de rama a nivel de las empresas” |7|.

Las segundas intenciones de los dirigentes y de los patronos europeos
Cuando se intenta explicar la actitud actual de los dirigentes alemanes frente a la crisis de la Eurozona, se puede plantear la hipótesis de que una de las lecciones que sacaron de la absorción de Alemania del Este a comienzos de los años 1990 es que las disparidades muy fuertes entre trabajadores pueden ser explotadas para imponer una política muy dura a favor de la patronal. Las privatizaciones masivas en Alemania del Este, los ataques a la seguridad del empleo de los trabajadores de la ex-RDA combinados al aumento de la deuda pública alemana debida a la financiación de esta absorción (que ha servido de pretexto para imponer las políticas de austeridad) han permitido imponer retrocesos muy importantes a los trabajadores de Alemania, tanto a los del Este como a los del Oeste. Los dirigentes alemanes actuales se dicen que la crisis de la zona euro y los brutales ataques impuestos al pueblo griego y a otros pueblos de la periferia son la ocasión de ir aún más lejos y de reproducir de una cierta forma a escala europea lo que han hecho en Alemania. Por su parte, los dirigentes europeos de los países más fuertes y los patronos de las grandes empresas, no se quedan atrás, se felicitan de la existencia de una zona económica, comercial y política común en la que las transnacionales europeas y las economías del Norte de la zona euro sacan ventaja de la debacle del sur para reforzar la rentabilidad de las empresas y marcar puntos en términos de competitividad en relación a sus competidores norteamericanos y chinos. Su objetivo, en el estado actual de la crisis, no es relanzar el crecimiento y reducir las asimetrías entre las economías fuertes y las débiles de la UE. Consideran además que la debacle del Sur va a traducirse en oportunidades de privatizaciones masivas de empresas y de bienes públicos a precios de saldo. La intervención de la Troika y la complicidad activa de los gobiernos de la periferia les ayudan en ello. El gran Capital de los países de la periferia es favorable a estas políticas pues cuenta obtener él mismo una parte de un pastel que deseaba desde hacía años. Las privatizaciones en Grecia y en Portugal prefiguran lo que va a ocurrir en España y en Italia donde los bienes públicos a adquirir son mucho más importantes dada la talla de esas dos economías.

La voluntad de hacer bajar los salarios
Volvamos a la cuestión de los salarios. En Alemania, según Michel Husson, el coste salarial unitario real ha bajado cerca de un 10% entre 2004 y 2008 |8|. En el resto de Europa, durante el mismo período, ha bajado también pero en una proporción bastante menor que en Alemania. Es a partir de la crisis de 2008-2009, que afecta duramente a la Eurozona, cuando se constata una caída muy clara de los salarios reales de los países más afectados. Es lo que subraya Patrick Artus: “Se constata en los países en dificultades de la zona euro (España, Italia, Grecia, Portugal) una fuerte bajada de los salarios reales” |9|. Patrick Artus declara que la bajada de los salarios corresponde a una política deliberada de los dirigentes europeos y añade que, con toda evidencia, esta política ni ha permitido relanzar la inversión en los países mencionados, ni hacer más competitivas las exportaciones de los mismos países. Patrick Artus escribe que los efectos favorables: “de las bajadas de salarios sobre la competitividad y por tanto sobre el comercio exterior o sobre la inversión de las empresas no han aparecido”. Añade que la bajada de salario tiene dos efectos claros: de una parte, ha aumentado la rentabilidad de las empresas (por tanto, en términos marxistas, un amento de la tasa de beneficio por un aumento de la plusvalía absoluta, ver recuadro “El ABC sobre la plusvalía absoluta y relativa así como sobre el salario”); de otra parte, ha disminuido la demanda de las familias, lo que ha reforzado la contracción de la economía |10|. El estudio realizado por Natixis acaba de confirmar que el objetivo de los dirigentes europeos no es ni relanzar la actividad económica, ni mejorar la posición económica de los países de la periferia en relación a los del Centro. La bajada de los salarios intenta reducir la capacidad de resistencia de los trabajadores de los países concernidos, aumentar la tasa de ganancia del Capital y llevar más lejos el desmantelamiento de lo que queda del welfare state construido en el curso de los 35 años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial (período al que siguió el giro neoliberal de finales de los años 1970-comienzo de los años 1980).

En el Informe Mundial sobre los Salarios 2012-2013 publicado por la Organización Internacional del Trabajo en diciembre de 2012, los autores señalan que en los países desarrollados, entre 2008 y 2012, “los salarios sufrieron una doble caída” (es decir en 2008 y en 2011) |11|. Es la única región del mundo, junto con Medio Oriente, en que los salarios han bajado desde 2008. En China, en el resto de Asia, en América Latina los salarios han aumentado. En Europa oriental, han conocido una cierta recuperación tras el hundimiento de los años 1990. Este informe permite confirmar que el epicentro de la ofensiva del Capital contra el Trabajo se ha desplazado hacia los países más desarrollados.

El ABC sobre la plusvalía absoluta y relativa así como sobre el salario |12|
Cuando el obrero (o la obrera) comienza a trabajar en la fábrica al comienzo de su jornada, incorpora un valor a las materias primas (o a los bienes intermedios que ensambla). Al cabo de un cierto número de horas, él o ella ha reproducido un valor que es exactamente el equivalente de su salario cotidiano o semanal. Si él o ella se parara de trabajar en ese momento preciso, el capitalista no obtendría ni un céntimo de plusvalía pero, en esas condiciones, el capitalista no tendría ningún interés en comprar esa fuerza de trabajo. Como el usurero o el mercader de la Edad Media, el capitalista “compra para vender”. Compra fuerza de trabajo para obtener de ella un producto más elevado de lo que ha gastado para comprarla. Ese “suplemento”, ese “extra”, es precisamente su plusvalía, su beneficio. Se entiende por tanto que, si el obrero o la obrera produce el equivalente de su salario en 4 horas de trabajo, él o ella trabajará no 4 sino 6,7, 8 o 9 horas. Durante esas 2, 3, 4 o 5 horas “suplementarias”, él o ella produce plusvalía para el capitalista a cambio de la cual él o ella no cobra nada. El origen de la plusvalía, es por tanto sobretrabajo, trabajo gratuito, apropiado por el capitalista. “Pero, ¡es un robo!” exclamaremos. La respuesta debe ser: “si y no”. Si desde el punto de vista del obrero o de la obrera; no, desde el punto de vista del capitalista y de las leyes del mercado. El capitalista no ha comprado, en efecto, en el mercado “el valor producido o a producir por el obrero o por la obrera”. No ha comprado su trabajo, es decir el trabajo que el obrero o la obrera va a efectuar (si hubiera hecho eso, habría cometido un robo puro y simple; habría pagado 25€ por lo que vale 50€). Ha comprado la fuerza de trabajo del obrero o de la obrera. Esta fuerza de trabajo tiene un valor propio como toda mercancía tiene su valor. El valor de la fuerza de trabajo está determinado por la cantidad de trabajo necesario para reproducirla, es decir por la subsistencia (en el sentido amplio del término) del obrero, de la obrera y de su familia. La plusvalía toma su origen en el hecho de que aparece una distancia entre el valor producido por el obrero/obrera y el valor de las mercancías necesarias para asegurar su subsistencia.

El valor de la fuerza de trabajo tiene una característica particular en relación al de cualquier otra mercancía: comparte, además de un elemento estrictamente medible, un elemento variable. El elemento estable, es el valor de las mercancías que deben reconstituir la fuerza de trabajo desde el punto de vista fisiológico (que deben permitir al obrero o a la obrera recuperar calorías, vitaminas, una capacidad de liberar una energía muscular y nerviosa determinada, sin la que sería incapaz de trabajar al ritmo normal previsto por la organización capitalista de trabajo en un momento dado). El elemento variable, es el valor de las mercancías, en una época y en un país determinado, que no forman parte del mínimo vital fisiológico. Marx llama a esta parte del valor de la fuerza de trabajo, su fracción histórico-moral. Esto quiere decir que no es fortuita. Es el resultado de una evolución histórica y de una situación dada de las relaciones de fuerza entre el Capital y el Trabajo. En este punto preciso del análisis económico marxista, la lucha de clases, su pasado y su presente, se convierte en un factor codeterminante de la economía capitalista.

El salario es el precio de mercado de la fuerza de trabajo. Como todos los precios de mercado, fluctúa alrededor del valor de la mercancía examinada. Las fluctuaciones del salario están determinadas en particular por las fluctuaciones del ejército de reserva industrial, es decir, del paro.

Para obtener el máximo de ganancia y desarrollar lo más posible la acumulación del capital, los capitalistas reducen al máximo la parte del valor nuevo, producido por la fuerza de trabajo, que vuelve a los trabajadores y las trabajadoras bajo forma de salarios. Los dos medios esenciales por los que los capitalistas se esfuerzan de aumentar su parte, es decir la plusvalía, son:

la prolongación de la jornada de trabajo, la reducción de los salarios reales y la bajada del mínimo vital. Es lo que Marx llama el aumento de la plusvalía absoluta.

El aumento de la intensidad y de la productividad del trabajo sin aumento proporcional del salario. Es el aumento de la plusvalía relativa.

Mirando en perspectiva la ofensiva del Capital contra el Trabajo
La situación que viven los asalariados y quienes reciben subsidios en Grecia, Portugal, Irlanda y España hoy ha sido impuesta a los trabajadores de los países en desarrollo aprovechándose de la crisis de la deuda de los años 1980-1990. En el curso de los años 1980, la ofensiva atacó igualmente a los trabajadores en América del Norte a partir de la presidencia de Ronald Reagan, en Gran Bretaña bajo la férula de Margaret Thatcher, la Dama de Hierro, y en los países de sus émulos en el viejo continente. Los trabajadores del ex-bloque del Este también fueron sometidos durante los años 1990 a las brutales políticas impuestas por sus gobiernos y el FMI. Según el Informe Mundial sobre los Salarios 2012-2013 publicado por la OIT (mencionado más arriba): “En Rusia, por ejemplo, el valor real de los salarios cayó a menos del 40% de su valor en los años 1990 y se requirió de una década más para que los salarios recuperaran su valor inicial“ |13|. Luego, de una forma ciertamente menos brutal que la que afectó a los pueblos del tercer mundo (de los países más pobres hasta las economías llamadas emergentes), la ofensiva tomó por objetivo a los trabajadores de Alemania a partir de 2003-2005. Los efectos nefastos para una parte significativa de la población alemana se hacen sentir aún hoy incluso si los éxitos de las exportaciones alemanas |14| limitan el número de parados y una parte de la clase obrera no siente directamente sus consecuencias. La ofensiva que se ha acelerado desde 2007-2008 comenzó pues a nivel mundial a comienzo de los años 1980 |15|. La OIT centra su análisis sobre un período más corto (1999-2011) y los datos son claros: “Entre 1999 y 2011, la productividad laboral promedio en las economías desarrolladas aumentó el doble que los salarios promedio. En Estados Unidos la productividad laboral real por hora en el sector empresarial no agrícola aumentó 85 % desde 1980, mientras que la remuneración real por hora aumentó solo 35 %. En Alemania la productividad laboral se expandió en cerca de un cuarto durante las dos últimas décadas, mientras que los salarios reales mensuales se mantuvieron sin cambio” |16|. Es lo que Karl Marx llamaba el aumento de la plusvalía relativa (ver recuadro).

Y más adelante: “La tendencia mundial ha resultado en un cambio en la distribución del ingreso nacional, con una menor participación de los trabajadores, mientras que la participación del capital en la renta aumenta en una mayoría de países. Incluso en China, un país en que los salarios a grosso modo se triplicaron durante la última década, el PIB aumentó a una tasa mayor que la masa salarial total; por tanto, la participación del trabajo disminuyó” |17|. Esta tendencia profunda a nivel mundial es la manifestación del aumento de la plusvalía extraída del Trabajo por el Capital. Es importante señalar que durante una buena parte del siglo XIX la forma principal de aumento de la plusvalía pasó por el aumento de la plusvalía absoluta (bajada de salarios, aumento de las horas de trabajo). Progresivamente, en las economías más fuertes, en la segunda mitad del siglo XIX y a lo largo de todo el siglo XX (salvo durante el nazismo, el fascismo y otros regímenes dictatoriales que impusieron bajadas salariales), ha sido reemplazada o superada por el aumento de la plusvalía relativa (aumento de la productividad del trabajo sin que los salarios le sigan en la misma proporción). Tras varios decenios de ofensiva neoliberal, el aumento de la plusvalía absoluta vuelve a ser una forma importante de extracción de la plusvalía y se añade a la plusvalía relativa. Mientras que durante decenios, los patronos han aumentado esencialmente la plusvalía relativa, principalmente gracias a las ganancias de productividad del trabajo, desde 2009-2010, logran aumentar la plusvalía absoluta: bajando los salarios reales y en ciertos casos aumentando el tiempo de trabajo. Utilizan la crisis para combinar el aumento de la plusvalía relativa con el aumento de la plusvalía absoluta. Esto da una indicación de la amplitud de la ofensiva en curso.

Cada vez más trabajadores en el punto de mira
En un documento de la Comisión Europea titulado “El segundo programa económico de ajuste para Grecia” con fecha de marzo de 2012 |18|, está claramente puesto en evidencia que hay que proseguir la reducción de los salarios. El cuadro 17 de la página 41 muestra que el salario mínimo legal en Grecia es el quíntuple del salario mínimo medio en Rumanía y en Bulgaria (países vecinos de Grecia), el triple del de Hungría y de las repúblicas bálticas, más del doble del salario mínimo en Polonia y en la República Checa; es superior al salario mínimo en España y en Portugal. El objetivo es acercar Grecia a países en los que los salarios son los más “competitivos”, por tanto los más bajos. Evidentemente, si los salarios prosiguen su caída radical en Grecia como quiere la Troika y la patronal, será preciso que los salarios en España, en Portugal, en Irlanda y también en los países más fuertes sigan la misma tendencia, y esto de forma acelerada.

Quienes están en los puestos de mando en Europa sirven a una lógica gracias a la cual los patronos europeos logran aumentar la cantidad de plusvalía que extraen del trabajo de los asalariados de Europa e intentan marcar puntos en la batalla comercial con los competidores asiáticos o norteamericanos.

Estos dirigentes están dispuestos a empujar a sus últimas trincheras a los sindicatos europeos reduciendo fuertemente el margen de negociación del que han dispuesto durante decenios.

El Capital marca puntos suplementarios contra el Trabajo
En varios países de la UE, durante su ofensiva contra las conquistas sociales, los gobernantes y la Comisión Europea han logrado reducir radicalmente el alcance de los convenios colectivos interprofesionales. Es el caso de los países del exbloque del Este, es también el caso de Grecia, Portugal, España, Italia, Irlanda... En varios países, han logrado igualmente hacer bajar el salario mínimo legal y el montante de las jubilaciones. Han logrado reducir radicalmente la protección contra los despidos y aumentar la edad de jubilación.

La agravación de la crisis de los países de la periferia de la zona euro
Durante 2012, la crisis se ha agravado en Grecia, en Irlanda, en Portugal, en España, como consecuencia de las brutales políticas de austeridad aplicadas por gobiernos cómplices de las exigencias de la Troika. En Grecia, la caída acumulada del PIB desde el comienzo de la crisis alcanza el 20%. El poder de compra de una gran mayoría de la población ha bajado entre un 30% y un 50%. El paro y la pobreza se han disparado. Si en marzo de 2012 todos los grandes medios repitieron el discurso oficial que afirmaba que la deuda había sido reducida a la mitad |19|, según las estimaciones oficiales hechas públicas a finales de octubre de 2012, la deuda pública griega que representaba el 162% del PIB en vísperas de la reducción de deuda de marzo de 2012 alcanzará el 189% del PIB en 2013 y el 192% en 2014 |20|. Esta información no forma parte de los títulares de la gran prensa de masas. En Portugal, las medidas de austeridad son de una violencia tal y la degradación económica es tan grave que un millón de portugueses se ha manifestado espontáneamente el 15 de septiembre de 2012, cifra que no había sido alcanzada más que el 1 de mayo de 1974 para festejar la victoria de la Revolución de los Claveles. En Irlanda, de la que los medios hablan mucho menos, el paro ha alcanzado proporciones enormes, llevando a 182.900 jóvenes de 15 a 29 años a abandonar el país desde que estallara la crisis en 2008 |21|. Un tercio de los jóvenes que tenían un empleo antes de la crisis ha ido al paro. El rescate de los bancos ha representado hasta ahora más del 40% del PIB (cerca de 70 millardos de euros de un PIB de 165 millardos en 2011) |22|. El retroceso de la actividad económica ha alcanzado el 20% desde 2008. El gobierno de Dublin ha reafirmado que suprimiría 37.500 puestos de trabajo en el sector público de aquí a 2015. En España, la tasa de paro alcanza un 50% entre los jóvenes. Desde el comienzo de la crisis, 350.000 familias han sido expulsadas de su vivienda a causa de los impagos de la deuda hipotecaria |23|. En un año, el número de familias en las que todos los miembros están en paro ha aumentado en 300.000 para alcanzar un total de 1,7 millones, es decir el 10% de todas las familias en España |24|.. La situación se degrada de forma continua en los países del antiguo bloque del Este miembros de la UE, comenzando por los que se han adherido a la zona Euro.

En suma, en todo el mundo, el Capital se ha lanzado a una ofensiva contra el Trabajo. Es en Europa donde, desde 2008, la ofensiva toma la forma más sistemática comenzando por los países de la periferia. Los bancos (y el capitalismo como sistema), que son los responsables de la crisis, son sistemáticamente protegidos. En todas partes, el reembolso de la deuda pública es el pretexto invocado por los gobernantes para justificar una política que ataca los derechos económicos y sociales de la aplastante mayoría de la población. Si los movimientos sociales y, entre ellos, los sindicatos quieren responder victoriosamente a esta ofensiva devastadora, hay que enfrentarse a fondo a la cuestión de la deuda pública a fin de quitar al poder su argumento principal. La anulación de la parte ilegítima de la deuda pública y la expropiación de los bancos para integrarlos en un servicio público del ahorro y del crédito son medidas esenciales en un programa alternativo a la gestión capitalista de la crisis.
Fin de la Tercera parte.
Traducido por Alberto Nadal

Notas
|1| Ver Le Monde de los días 22 y 23 de enero de 2012 sobre la base de Eurostat.
|2| En Alemania, en septiembre de 2010, según Le Monde del 17 de mayo de 2011, 7,3 millones de trabajadores ganaban a penas 400 euros al mes. En ese país, el número de trabajadores a tiempo parcial ha aumentado un 46% entre 2000 y 2010 mientras que en Francia aumentaba el 17%.
|3| OCDE, International Trade by Commodity Statistics (SITC Revision 3) mencionado en ATTAC y Fondation Copernic, En finir avec la competitivité, Paris, Octubre 2012.  http://www.france.attac.org/article...
|4| Lebenslagen in Deutschland. Entwurf des vierten Armuts- und Reichstumsberichts der Bundesregierung, proyecto del 17 de  septiembre de 2012, http://gesd.free.fr/arb912.pdf
|5| Karl Brenke et Markus M. Grabka, « Schwache Lohnentwicklung im letzten Jahrzehnt », DIW Wochenbericht, n° 45, 2011, http://gesd.free.fr/brenke11.pdf
|6| Fuente: Destatis.de (Oficina federal alemana de estadísticas)
|7| Arnaud Lechevalier, « Un modèle qui ne fait guère envie », Alternatives économiques, n° 300, mars 2011, http://gesd.free.fr/allmodel.pdf citado par ATTAC y Fondation Copernic.
|8| Ver Michel Husson, Economie politique du « système-euro », juin 2012, ou http://hussonet.free.fr/eceurow.pdf
|9| Patrick Artus, « La baisse des salaires dans les pays en difficulté de la zone euro est-elle utile ? », Flash Economie n°289, 18 avril 2012
|10| Patrick Artus: “no quedan más que los efectos sobre la demanda de las familias, de ahí una fuerte contracción de la actividad cuyo único efecto positivo es reducir el déficit exterior” (puesto que las importaciones disminuyen) Por otra parte, Patrick Artus muestra con gráfícos que la rentabilidad de las empresas ha aumentado en los cuatro países estudiados.
|11| OIT, Rapport mondial sur les salaires 2012-2013, Genève, décembre 2012, http://www.ilo.org/wcmsp5/groups/pu...
|12| El contenido de este recuadro consiste en una utilización libre y editada de extractos de Ernest Mandel, Introduction au marxisme, Edition Formation Léon Lesoil, Bruxelles, 2007, p. 59, p. 68, p. 66 et 67. (Hay traducción al español disponible en internet en http://www.marxists.org/espanol/man...)
|13| OIT, Informe Mundial sobre Salarios 2012-2013, Ginebra, diciembre 2012.
|14| Alemania ha conocido un crecimiento económico basado en sus exportaciones mientras que la mayor parte de sus socios de la UE y, en particular, de la zona euro sufren duramente la crisis. Dado que en toda la UE se asiste a la bajada de la demanda de las familias descrita más arriba, a la que se añade una reducción de la demanda pública, las salidas para las exportaciones alemanas se reducen claramente. El efecto boomerang sobre la economía alemana está ya en marcha.
|15| Ver Eric Toussaint, « Au Sud comme au Nord, de la grande transformation des années 1980 à la crise actuelle », septembre 2009. Ver en español, La gran transformación desde los años ochenta hasta la crisis actual, tanto en el Sur como en el Norte.
|16| OIT, Informe Mundial sobre Salarios 2012-2013, Resumen ejecutivo, Ginebra, diciembre de 2012, 2012, p. xvi
|17| Ibid. El mismo informe subraya igualmente el aumento de la distancia entre los salarios más elevados y los salarios más bajos en cada país.
|18| Ver European Commission, Directorate General Economic and Financial Affairs, “The Second Economic Adjustment Programme for Greece”, Mars 2012. http://ec.europa.eu/economy_finance...
|19| El CADTM ha denunciado desde el comienzo la propaganda de la Troika y del gobierno griego. Ver, publicado el 10 de marzo de 2012,  Denunciamos la campaña de desinformación sobre la deuda griega y el plan de rescate de los acreedores privados. Ver igualmente, Christina Laskaridis, 4 de junio de 2012, Grecia ya ha caído en el impago en los términos de los acreedores; lo que temen es el impago en los términos de los endeudados.
|20| Financial Times, 1 noviembre 2012, primera página.
|21| Financial times, 1 octubre 2012.
|22| Financial Times, 29 diciembre 2011, p. 2.
|23| Miles Johnson, « Suicides spark call for Madrid to halt evictions by banks », Financial Times, 13 noviembre 2012, p. 2.
|24| Tobias Buck, “Spain’s deepening lack of hope takes its toll”, Financial Times, 6 noviembre 2012, p. 4
Eric Toussaint (doctor en ciencias políticas, presidente del CADTM de Bélgica, www.cadtm.org, miembro del Consejo Científico de ATTAC Francia). Damien Millet y Eric Toussaint han dirigido el libro colectivo La Deuda o la Vida, Editorial Icaria, Economía, ISBN: 9788498883848, Año Publicación: 2011, páginas: 336, que recibió el Prix du livre politique à la Foire du livre politique de Liège en 2011). Último libro publicado, Damien Millet et Eric Toussaint, AAA, Audit, Annulation, Autre politique, Le Seuil, Paris, 2012.
CADTM
http://cadtm.org/La-mayor-ofensiva-contra-los

sábado, 22 de diciembre de 2012

El enigma del rescate

La discusión acerca de si el gobierno de Rajoy va a pedir o no el rescate es, en gran medida engañosa. Como ya hemos explicado en otras ocasiones, España lleva intervenida desde, al menos, verano de 2011 bajo un mecanismo de intervención al que, a falta de un nombre mejor, hemos llamado rescate por goteo. A partir de aquí, y a falta de la cantidad necesaria para un rescate a la griega, en España el problema de la UE, BCE, Alemania y las finanzas es disciplinario y consiste en vincular visiblemente las operaciones de alivio de la carga de la deuda a las contrapartidas en términos de recortes y privatizaciones. Esto se puede hacer manteniendo la apariencia de soberanía nacional del gobierno de España, el mecanismo preferido por la UE, o mediante una formula de intervención más contundente que visibilice el poder europeo y que, por tanto, lo exponga a una confrontación directa con la ciudadanía sin el “tapón” del gobierno nacional.

La primera fórmula, más cauta políticamente, es la que esta ahora mismo funcionando, bajo la estela del impasse que causó el anuncio de compras, o las compras efectivas -esto nunca se sabe- de bonos nacionales por parte del BCE. No poder desplegar plenamente los mecanismos del rescate puede ralentizar, y está ralentizando, los tiempos de control de los recursos por parte de los agentes transnacionales pero las pausas tácticas no pueden durar para siempre, y ya se está exigiendo al gobierno de Rajoy el anuncio de nuevas series de recortes, probablemente en el subsidio de desempleo y en la edad de jubilación, y nuevos ataques a sueldos y puestos de trabajo de personal del sector público. Estos recortes van a coexistir con anuncios de recortes y privatizaciones en sanidad y educación a escala autonómica que, con distintas temporalidades, van a reforzar el malestar que generen las decisiones del Estado.

También cabe la posibilidad de que se endurezca la posición de Europa y se planteen los mecanismos de contrapartidas en una forma “rescate” más canónica mediante Memorándums de Entendimiento que fijen las privatizaciones y recortes. Dados los ritmos con que está desplegando la crisis en España es poco probable que esto pase en el corto plazo. Insistimos en que tanto España como la UE tienen interés en que España mantenga su apariencia de Estado soberano. Un ataque en bolsa sobre los bancos españoles o un repunte fuerte de la prima pueden forzar que esto cambie y haya que instrumentar una nueva fase del rescate por goteo, que vaya directamente al Estado o a los Bancos, que estamos viviendo. Es importante tener en cuenta que aunque los medios lo llamarán "rescate total",  es sólo una fase temporal de un mecanismo de rescate diferido.

El problema del “rescate” español, diríamos más bien de las modalidades de intervención de la economía española, no son independientes de la comunicación política. En este campo el problema fundamental consiste en buscar “causas” que corroboren la narrativa mainstream sobre la crisis tanto a escala europea como a escala española para unos efectos, recortes y privatizaciones, ya dados de antemano. Así se entiende, que nunca en los últimos meses hayamos estado tan cerca de un endurecimiento de los mecanismos de intervención como tras la caída de Monti en Italia. En realidad, los movimientos de la prima de riesgo no fueron reseñables durante esos días y, sin embargo, no se dudó en hablar de “contagio”, “terremoto”y, sobre todo, “rescate”. Lo que sucedió se sitúa en el orden de la ideología: se pudieron asociar unas “causas” aceptables (la crisis política italiana) a unos efectos dados de antemano (recortes y privatizaciones). El acontecimiento simbólico se produce y se puede presentar limpio de cualquier causalidad sistémica.  

Esto es importante políticamente, porque cuanto más lejos se está del acontecimiento más cerca se está de descubrir que está operando una implacable lógica del beneficio financiero que, aunque recupere el curso de los acontecimientos para acelerar los picos de extracción de beneficio no necesita de ellos para gobernar el proceso de acumulación financiera en Europa. Y cuanto más cerca se está de asumir que es la lógica del beneficio la que está operando sin piedad menos posibilidades tiene de salir adelante el combate entre simulacros de europeísmo (Monti) y simulacros de soberanía nacional (Berlusconi) que amenaza con ponerse en el lugar de los cada vez más fallidos bipartidismos como régimen político dominante para Europa.
 
Isidro López.  Integrante del Observatorio Metropolitano
Diagonal
 

domingo, 9 de diciembre de 2012

La Europa inservible

Su necesaria refundación no vendrá del “más Europa” que se pregona desde Bruselas y Berlín, sino de una rebelión popular cuyo marco solo puede ser nacional

Vamos a hablar del proyecto europeo, de porqué esta Unión Europea, tal como está diseñada, es inviable e inútil para afrontar los retos del siglo. Por “retos del siglo” entiendo el calentamiento global, el auge demográfico, el “pico” petrolero y los problemas globales de dominio de unos países sobre otros, de pobreza y de desigualdad, combinados con una mentalidad caduca que tiende a seguir “resolviendo” todas esas cuestiones con métodos militares en un mundo atiborrado de armas de destrucción masiva capaces de anular toda vida en el planeta. Esos retos claman una “nueva civilización” y una Europa como la que tenemos es un claro impedimento a ella.

Así que vamos a hablar primero de las razones que hacen inviable desde ese punto de vista a la actual Unión Europea, luego, de la respuesta ciudadana que habría que dar a esa realidad y acabaremos con una reflexión sobre la violencia y los riesgos que tal respuesta comporta para quienes la asumen. Pero antes de entrar en esa crítica, quisiera subrayar la importancia de que haya en Europa algún tipo de pacto y estrecho vínculo internacional.

El motivo es que, desde el punto de vista de la historia universal de la guerra y la paz, Europa es la parte más guerrera y violenta del mundo. En los últimos quinientos años la historia europea salta de una guerra a otra, especialmente en los dos siglos que van de 1615 al fin de las guerras napoleónicas en 1815. En ese periodo las naciones europeas estuvieron en guerra una media de sesenta o setenta años por siglo. Luego hubo un poco más de paz hasta 1914, si olvidamos la guerra de Crimea o la franco-prusiana, pero en ese periodo Europa continuó culminando la exportación de guerra y genocidio hacia fuera de sus fronteras con el holocausto colonial- imperial que fue la conquista del mundo no europeo. Además, en ese periodo de relativa paz interna Europa inventó la industrialización y con ella industrializó la guerra lo que la convirtió en algo mucho mas destructivo. Dos guerras mundiales de inusitada mortandad e incubadas en y por Europa, fueron el resultado.

La Unión Europea se creó, precisamente, para remediar la crónica pelea continental, que después de la Segunda Guerra Mundial ha dado lugar a 67 años de paz, una paz, sin embargo, tutelada por dos superpotencias en tensión nuclear, es decir una paz bajo vigilancia y presidida por un factor, el de la destrucción masiva, que representa el escalón superior de la estupidez humana.

Así que tengamos bien presente este dato sobre la Europa guerrera violenta y dominante a la hora de criticar el actual proyecto europeo.

I) Todavía en 2003 Jürgen Habermas, el principal filósofo alemán vivo, pudo escribir un libro titulado “El occidente dividido” y ser tomado en serio. Su contexto era la desavenencia entre una parte de la Unión Europea, su matriz franco-alemana, y la administración Bush durante la segunda guerra de Irak. Y su fundamento era la exaltación de los “valores diferentes” –y por supuesto mejores- que Europa decía representar comparada con Estados Unidos.

En esa comparación, Europa era un continente de paz y de cultura, con apego a la nivelación social y al estado asistencial, regido por el derecho internacional y no por la ley del mas fuerte, es decir centrado en la diplomacia y no en la guerra, y tolerante y no fundamentalista en materia religiosa.

En países como China, esa desavenencia de 2003 estuvo en el centro de la discusión internacional de los dirigentes de Zhongnanhai, el Kremlin de Pekín. La posibilidad de que Occidente, aquel bloque que crucificó a China en el XIX, pudiera partirse en dos y se convirtiera en dos polos con intereses globales y recetas diferentes, es decir en algo más débil que lo anterior, era sumamente interesante por las mayores posibilidades y márgenes de acción que podía reportar en la multipolaridad a los países emergentes.

Ahora sabemos que aquella desavenencia, con su discurso narcisista y embellecedor de la Unión Europea sobre sí misma, es un fraude y que las esperanzas de una divergencia trasatlántica que tanto interesaron en China fueron un espejismo. La actual crisis nos ofrece una perspectiva mucho más real y un espejo mucho más fiel de la realidad europea.

Constatamos que esa Europa “autónoma y mejor” y preconizadora de “otros valores”, ha apoyado, colaborado y participado en casi todo lo que reprochaba a su pariente histórico de ultramar. Es decir Europa sigue siendo imperialista y sus debilitadas naciones se unen, precisamente, para poder seguir siéndolo. Veamos la lista:

-Durante veinte años se ha excluido a Rusia de cualquier esquema de seguridad continental. Es decir se ha impedido cerrar la relación de guerra fría con el extremo oriente de Europa, tal como quería el malogrado proyecto de Gorbachov. La ampliación al Este de la UE se hizo sobre un guión supervisado en Washington, según el cual el ingreso en la OTAN era la antesala de la Unión Europea.

- En cuanto la URSS dejó de ser percibida como amenaza, Europa se lanzó a la guerra. Doce días después del ingreso de Polonia, Hungría y Chequia en la OTAN, comenzó la campaña de Kosovo para acabar con Serbia como estado regional anómalo para la nueva disciplina continental. El belicismo y la manipulación mediática adquirieron en Europa niveles que se creían exclusivos de Estados Unidos. Por primera vez desde Hitler, tropas alemanas participaron, en los Balcanes, en un conflicto, y nada menos que en nombre de la prevención de nuevos Auschwitz y “genocidios”.

-En Irak la divergencia franco-alemana con Bush no impidió una colaboración en toda regla a nivel de logística, servicios secretos, torturas y centros secretos de detención de la “guerra contra el terror” que impide considerar como exclusivamente americanos asuntos como el de Guantánamo: los vuelos de la CIA atravesaron Europa desde Polonia hasta Rota, las cárceles secretas, las torturas y los secuestros implicaron complicidades de todo el mundo. Francia cedió su espacio aéreo para la campaña iraquí, los servicios secretos alemanes identificaron sobre el terreno en Bagdad los objetivos de los misiles del Pentágono y las bases alemanas fueron el principal nudo logístico de la guerra.

-En Palestina, la UE ha sido incapaz de trabajar para la creación de un Estado Palestino, sin duda la medida más eficaz contra el radicalismo islámico en todo el mundo y un imperativo moral incontestable. Por el contrario, ha ido incrementando unas relaciones privilegiadas con Israel y ha incrementado su complicidad con esa comedia que llaman “proceso de paz” en Oriente Medio, basada en el apoyo al país ocupante y agresor.

- En Afganistán, la misma Europa que durante la guerra fría protestó y se negó a participar en Vietnam, se ha volcado con decenas de miles de soldados europeos metidos allá once años en esta guerra infame de treinta que no registra protestas. Aún más: los despliegues en el cuerno de África, la intervención militar en Libia y ahora en Mali, demuestran que el intervencionismo militar europeo no es una excepción puntual sino una tendencia consolidada.

-En Oriente Medio vivimos ahora las sanciones y amenazas contra Irán. Un intervencionismo creciente en la guerra civil de Siria que contribuye claramente a hacerla más sangrienta, que usa a fondo la habitual manipulación mediática y que da por completo la espalda a toda acción diplomática. El horizonte estratégico de este intervencionismo va más allá de Siria: complicar la vida a su aliado, Irán –objeto de sanciones por la sospecha de una ambición nuclear que, convertida en hecho conocido en el caso israelí se tolera sin problemas- y de paso complicar también el aprovisionamiento energético de China.

-Y todo esto está perfectamente interiorizado en el discurso europeo de la política exterior y de seguridad. En Alemania imponer el “acceso” (Zugriff) a los recursos energéticos globales es lo que da sentido a las misiones internacionales del Bundeswehr, afirma el discurso oficial. Hoy día no hay experto y analista de cualquier “centro de estudios estratégicos” del estáblishment, de Bruselas, Berlín o Londres, que no mencione el tema como algo rutinario, dando por supuesto que el militarismo es la respuesta a los retos del siglo. Lo llaman “nuevos desafíos” y la doctrina de la OTAN los quiere contrarrestar con acciones militares “preventivas” y “proactivas”, es decir agresiones, en todo el mundo.

Es decir, y concluyendo esta lista: en su relación con EE.UU, la Unión Europea desempeña en el mundo el papel que un primer ministro australiano definió para su país en Asia: el del “ayudante del Sheriff”.

Siendo imperialista y practicando un manifiesto vasallaje hacia Estados Unidos, la actual Europa no puede ser un polo de poder independiente y autónomo en el mundo multipolar y muchos menos un polo benévolo por otras razones.

En primer lugar, como ha apuntado Samir Amin, porque Europa no puede ser unos Estados Unidos de Europa. Por un lado carece de recursos naturales comparables a los de grandes países como Estados Unidos o Rusia. Por el otro, a causa de su manifiesta falta de unidad interna, porque en Europa están presentes las tensiones y conflictos de intereses centro-periferia propios del desarrollo desigual. Europa contiene zonas y países que son Norte -Alemania y compañía- otros que son Sur -España, Italia, Portugal- y otros que son patio trasero y tercera categoría: la Europa oriental y balcánica con Grecia incluida. (1)

En segundo lugar Europa no puede ser ni siquiera una federación unitaria porque no existe un “pueblo europeo”. La identidad europea no existe ni se la espera. Haciendo un gran esfuerzo, españoles, italianos, griegos y franceses, pueden alcanzar cierta afinidad identitaria apelando a aspectos de su común tradición (ibérica, católica, la herencia latina-románica, o al mediterráneo). A partir de ahí, y como dicen los chinos, “con la perspectiva de varias generaciones”, quizá pudieran embarcarse en algo juntos hasta el punto de borrar sus diferencias. Es una cuestión de imaginación. Pero imaginar eso mismo conjuntamente con los finlandeses, los alemanes, los húngaros o los británicos, es decir metiendo juntos a mediterráneos, vikingos y hunos, es superar los límites de la fantasía más atrevida.

Y en tercer lugar, la Unión Europea no puede funcionar como proyecto que valga la pena por el motivo que todos percibimos: porque su burocracia ha tenido la osadía de pretender que un billete de banco, asistido por un sistema sanguíneo-circulatorio compuesto por intereses empresariales multinacionales generalmente dominados por países del Norte europeo, podía ser el corazón de esa identidad de fantasía.

El resultado de esa osadía ha sido una especie de monstruo del Profesor Frankestein que ha acelerado la gran desposesión de soberanía que toda Europa siente hoy. Si la democracia en las naciones europeas, en el sentido genuino de “poder del pueblo”, ya era caricatura -en unas naciones más que en otras-, ahora resulta que nuestros imperfectos parlamentos ni siquiera tienen soberanía para decidir sobre presupuestos, o que las sacrosantas constituciones deben reformarse en veinticuatro horas por dictámenes que vienen precocinados desde Bruselas o Berlín y que son decididos por instituciones, como el BCE o la Comisión, que ni siquiera son electas.

Casi todas las propuestas que no parten de la propia burocracia de Bruselas para dar un aspecto humano a este monstruo son alemanas: la canciller Merkel desde la Alemania institucional y otros con pretensiones democratizantes e incluso rebeldes proponen lo mismo: más Europa, más integración europea para superar estos defectos. Habermas y otros quieren una Europa federal que resuelva internacionalmente esa devaluación de soberanía y democracia. Quieren convocar una “Asamblea constituyente europea” de hunos, vikingos y mediterráneos. El diputado verde Daniel Cohn-Bendit propone una Europa totalmente integrada compuesta por estados nacionales reducidos a la insignificancia. Es la única manera, dice, de afrontar el pulso mundial con las potencias emergentes. De lo contrario, advierte, “la influencia de nuestra civilización de dos milenios corre el riesgo de esfumarse”. El ex ministro de exteriores, Joshka Fischer, propone dar poderes dictatoriales a la Unión Europea… Los únicos que insisten en “más Europa” como fórmula para salir del hoyo son los alemanes. Hay que recordar que históricamente el discurso europeo de Alemania ha sido siempre entendido como el de una Europa germánica con los alemanes en el papel de dominante “Herrenvolk”. Una quimera hoy manifiestamente imposible.

Así que por todas estas razones (imperialismo, falta de autonomía y recursos, desigualdad interna, ausencia de un pueblo europeo y de identidad común, y por ser un androide empresarial) esta Europa es, a la vez, imposible e inservible para los retos del siglo.

Una vez constatado esto, y recordando aquello que hace importante y necesario un proyecto europeo común (impedir la pelea secular de sus miembros), no hay más remedio que plantearse la pregunta del qué hacer.

II) De lo que se trata es de realizar una refundación ciudadana del proyecto europeo.
De puertas afuera, esa refundación debe impedir la pelea europea. El proyecto europeo no debe tener más ambición mundial que una negación: la de no contribuir al imperio. Si el proyecto europeo ha de ser imperialista, no lo queremos.

De puertas adentro el marco de esta refundación no debe ser “más Europa”, sino más soberanía popular-nacional.

Hay que dejar bien claro que el de la refundación ciudadana no es el único escenario de la actual crisis. De lo que aquí se habla es de lo que “habría que…”, no de algo que vaya a ocurrir inexorablemente. Presentimos que en Europa se está incubando una revuelta social mucho más importante de lo que hemos visto hasta ahora, pero nos encontramos en plena divisoria y tenemos datos que pesan tanto en la balanza de lo positivo y emancipatorio como de lo negativo y regresivo.

Por un lado tenemos el avance, en toda Europa, del chovinismo, la xenofobia y el desprecio por el débil y el emigrante, la ridiculización de la solidaridad y el afán de justicia (resumido en ese miserable concepto neocon que es el buenismo). Una perspectiva de la Europa parda de 1930, podríamos decir.

Por el otro lado tenemos el progreso de la protesta social y solidaria: Cuarenta sindicatos en 23 países participaron el 14 de noviembre en una “Jornada de acción y solidaridad” sin precedentes en Europa. Cotejado con el tamaño y la virulencia de la enorme involución socio-laboral que sufre el continente aquello fue poco y desigual, muy poco. Pero eso ya no es Europa 1930, sino una perspectiva 1848.

La “primavera de los pueblos” de 1848 tambaleó el orden de la restauración absolutista del Congreso de Viena. Un orden absolutista en quiebra es aquel en el que una pequeña casta que acapara el grueso del poder la riqueza y los privilegios adopta decisiones que son vistas como injustas y erradas por la gran mayoría. No se trata del popular 1% contra el 99%, pero sí de algo muy polarizado como sugiere la creciente concentración desigual de la riqueza en Europa. Eso es lo que tenemos ahora.

¿Qué quiere decir una refundación ciudadana? Quiere decir una reconquista de la esfera económica y financiera que la política ha ido cediendo al capital en las últimas décadas. La UE ha sido diseñada como una autopista de la mundialización neoliberal. Pues bien, ahora se trata de combatirla con una desmundialización ciudadana que devuelva todo eso arrebatado a la política en los últimos treinta años, como dice Bernard Cassen.

Evidentemente todo esto plantea la pregunta del cómo.
Para eso es necesario crear un Frente Popular. Una gran unión, una gran alianza y un gran encuentro entre el mundo sindical, los subproletarios emigrantes y parados, la generación sin futuro y deshauciada, la gente mayor estafada tras una vida de trabajo, los sectores religiosos e intelectuales para los que la actual involución es intolerable desde el punto de vista de los principios éticos y morales.

Es fundamental la creación de nuevas fuerzas políticas y de programas. Hacen falta líderes, personas de todos estos ámbitos que representen y sean portavoces de esta refundación – de momento por ejemplo en Catalunya no tenemos líderes obreros ni sindicales dignos de tal nombre, pero curiosamente ha aparecido una de esas personas en el ámbito más inesperado: una hermana benedictina….

Esta refundación solo puede ser (en Europa y en el mundo) internacional e internacionalista, pero, a menos que queramos disolvernos en un sueño idealista de hermandad universal, su marco solo puede ser nacional.

Esa reconquista no puede hacerse en Bruselas, con su burocracia mucho más dominada por el lobbysmo empresarial que la de los estados nacionales, ni en el irrelevante Parlamento Europeo. El ágora, el punto de encuentro y la articulación de ese Frente Popular debe lograrse desde los respectivos marcos nacionales: entre comunidades de gente cercana unida por su marco geográfico y socio-laboral, su lengua su cultura y su común identidad integradora. La experiencia de los foros mundiales, tan interesante pero al mismo tiempo tan etérea e indeterminada, da mucho que pensar. Como ha dicho hace poco Oskar Lafontaine, “La Europa democrática empieza en casa”. Este marco nacional no es sustituto ni alternativa a lo internacional, sino mas bien su condición primera. (2)

Para acabar, una reflexión sobre la violencia.
III) La Europa de hoy no es la del XIX, cuando cualquier avance social pagaba el precio de enormes cantidades de sangre y de violencia. En este continente mucho más rico, mucho más culto y demográficamente mucho más envejecido que el del siglo XIX, quien más quien menos tiene algo que perder. Eso sugiere que la no violencia popular tiene un nuevo sentido y grandes espacios a su favor.

Al mismo tiempo, la rebelión civíl y pacifica, el movimiento social transformador, no es ninguna broma postmoderna y on-line. Exige lo de siempre: compromiso, voluntad, organización y sacrificio. Y recoge represión y reacción. Es decir: hay que ser consciente de lo que significa decir no a una oligarquía absolutista.

La experiencia histórica más reciente nos avisa del enorme potencial de violencia y provocación que tiene el estáblishment. Los dos principales líderes antibelicistas del 1968 en Estados Unidos, Martin Luther King y Robert Kennedy, fueron asesinados. También lo fue el líder estudiantil más notable del 68 alemán, Rudi Dutschke, muerto de las secuelas de un atentado.

Hay que recordar también que la dictadura no es imposible ni una lejana reliquia histórica. Hace menos de cuarenta años la Europa del Sur, desde Portugal a Grecia pasando por España, estaba gobernada por dictaduras. Hace poco más de veinte toda la Europa del Este estaba gobernada por dictaduras comunistoides. Es decir: la mayor parte de Europa eran dictaduras hasta hace muy poco.

Y hay que volver a leer todo lo que expone el Profesor suizo Daniele Ganser en su libro de 2005 sobre Gladio, la cada vez más documentada evidencia de la manipulación directa del terrorismo de los años setenta y ochenta por grupos vinculados a la OTAN -los peores atentados en Italia, Bélgica y Alemania lo fueron. Volver a escuchar la opinión de algunos antiguos miembros de grupos alemanes violentos que hoy confiesan que seguramente su labor estuvo policialmente manipulada desde el principio. Analizar lo que sabemos de las protestas antiglobalización de julio de 2001 en Génova. Lo que está ocurriendo ante nuestros ojos con los apoyos policiales y empresariales a la extrema derecha griega, o lo que se ha visto en España con los indignados… (3)

Hay que tener claro que cualquier presión hacia esa necesaria desmundialización ciudadana chocará, está chocando ya, con las habituales reacciones, tramas negras, represiones, manipulaciones mediáticas y juegos sucios. Repito: hay que ser consciente de lo que significa decir no a una oligarquía.
(*) Este texto sigue las notas de una conferencia pronunciada el 30 de noviembre en el Centre d´estudis Cristianisme i Justicia de Barcelona.
Notas
(1) Para la exposición de Samir Amin en castellano consultar Europa vista desde el exterior (en www.mientrastanto.org)
(2) El concepto desmundialización lo emplea Bernard Cassen. En L´heure de la démondialisation est venue, Mémoire des Luttes agosto 2011.
(3) El libro de Daniele Ganser, La Operación Gladio y el terrorismo en Europa Occidental, 2005. Sobre el brutal aplastamiento de la protesta contra la cumbre de julio de 2001 en Génova ver El atropello de Génova en este Diario de Berlín.

 
Rafael Poch
La Vanguardia.com