miércoles, 13 de junio de 2012

¿Cómo afecta el rescate de España al nivel de déficit y deuda pública?

Escribo este post con la intención de resolver algunas dudas que he visto han surgido en relación al rescate de España por parte de la Unión Europea y sus efectos en el nivel de déficit y de deuda pública. El gobierno se está esforzando por maquillar y suavizar la gravedad del asunto recurriendo a artimañas contables, declaraciones sesgadas, empleo de eufemismos e incluso vergonzosas mentiras. La última de ellas y de la que me ocuparé enseguida es la propinada por el presidente del gobierno Mariano Rajoy cuando aseguró que el rescate no afectaría al déficit público. Es difícil resistirse a desmontar una mentira tan escandalosa y más aún cuando proviene de la persona que, sobre el papel, representa a los ciudadanos españoles.

Cuando en un año concreto un estado presenta más gastos que ingresos (presenta déficit), tiene que cubrir esa diferencia de alguna forma. La forma más usual es la de pedir dinero prestado a los inversionistas en los mercados financieros. Imaginemos que un estado presenta en un año determinado unos gastos por valor de 30.000 millones de euros, y unos ingresos de 20.000 millones. La diferencia será el déficit: 10.000 millones de euros. El estado necesitará dinero por esa cantidad para poder cubrir todos sus gastos; y por lo tanto pedirá dinero prestado a los inversionistas. De esta forma, la deuda pública se incrementará en la misma cantidad (10.000 millones), puesto que será el volumen de capital que tendrá que pedir prestado el estado y devolver en un futuro. Si en el próximo año nuestro estado vuelve a presentar déficit, tendrá que volver a pedir prestado más dinero, por lo que la deuda pública volverá a incrementarse.

Pero la deuda pública no es exactamente equivalente a la acumulación de déficits públicos. Para ser más precisos, la deuda pública es todo el dinero que un estado tiene que devolver porque en su día lo pidió prestado. Puede ocurrir que la deuda pública aumente súbitamente sin que haya cambios en los niveles de déficit. Esto es precisamente lo que va a ocurrir en principio con el rescate al que se va a acoger el estado español. La Unión Europea va a prestarle a la economía española una cantidad de dinero (ampliable a 100.000 millones de euros) que en un futuro tendrá que devolver. La deuda pública española se incrementará (se calcula que lo hará aproximadamente en un 10% del PIB), porque el estado se endeudará y tendrá que devolver ese dinero en un plazo acordado. Con este primer movimiento, el déficit español no cambiará, puesto que no habrá alteraciones en los gastos ni en los ingresos. Este préstamo por parte de la UE no computará como ingreso porque el dinero no irá a las arcas del estado, sino que se apartará en un fondo especial: el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB). Obviamente tampoco computará como gasto; por lo que el nivel del déficit público no se verá alterado en un principio. Pero la deuda pública española sí aumentará.

Este movimiento hay que entenderlo de la siguiente forma: la UE reúne una cantidad de dinero y lo ingresa en el FROB. Puesto que el FROB está al margen del Tesoro, las cuentas del estado español no se inmutan con esta acción. Sin embargo, en un préstamo siempre tiene que haber algún agente que se haga responsable del mismo. Cuando pedimos un préstamo para comprar una vivienda, alguien tiene que hacerse responsable y comprometerse a devolver el dinero. En caso de que esa persona no pueda devolver el dinero, tendría que afrontar su responsabilidad de alguna otra forma, por ejemplo entregando otros bienes patrimoniales como la propia vivienda. El agente económico que se hace responsable del préstamo es quien se compromete a devolver el dinero. Por ejemplo, yo puedo pedir un préstamo a un banco y en el contrato nombrar como responsable a mi padre. Será mi padre quien se comprometa a devolver el dinero prestado y a compensar al banco de alguna forma si finalmente no pudiera amortizar el préstamo. Pues bien, en el caso del rescate de la UE, el responsable del préstamo es el estado español. La UE ingresa el dinero en el FROB, pero quien se responsabiliza del préstamo es el Tesoro Público (es decir, todos los contribuyentes). Será el estado quien tenga que devolver el dinero en un futuro, por lo que la deuda pública aumentará su cuantía tanto como sea el volumen de dinero prestado por la UE. En el acto del préstamo, el déficit del estado español no aumenta pero sí lo hace el nivel de deuda pública.

Ahora bien, no importa solamente la acción del préstamo como tal. También hay que tener en cuenta que el préstamo tiene un precio en concepto de intereses, y que los mismos tienen que ir pagándose a lo largo del tiempo. Si la economía española finalmente usa los 100.000 millones de euros que puede emplear, y el tipo de interés del préstamo es del 3% (como parece que será finalmente), el estado tendrá que devolver los 100.000 millones de euros en un futuro pero además tendrá que pagar 3.000 millones de euros extra por haber pedido el préstamo. En este caso la deuda pública aumentaría su nivel en 100.000 millones. Pero los 3.000 millones de euros de intereses no se añadirían a la deuda pública, sino que quedarían contabilizados como gastos del estado. Los intereses no conforman un dinero que haya que devolver porque fuese prestado en un pasado, sino que son el coste adicional que tiene que contraer el estado por haber pedido el préstamo. Y este aumento de gastos obviamente repercutiría negativamente sobre el déficit público del estado.

En resumen, el acto en sí del préstamo no afecta al déficit; solo afecta a la deuda pública española, incrementándola. Pero el pago de los intereses que tendrá que ejecutarse anualmente sí aumentará el déficit público, y en una cantidad nada despreciable. Rajoy mintió en su declaración, intentando quitarle hierro a un asunto muy preocupante. Es intolerable que el presidente del gobierno mienta y oculte información a los ciudadanos a los que representa, especialmente cuando se está tratando un tema tan importante para sus vidas. Puesto que España se ha comprometido a reducir su nivel de déficit al 3% en 2013, este aumento extra del déficit no hará sino complicar aún más las cosas. Si el gobierno quiere cumplir ese objetivo ahora tendrá que realizar más recortes de los que tendría que realizar si el rescate por parte de la UE no se hubiera llevado a cabo. Y todo esto sin tener en cuenta dos factores importantes: el primero, que la deuda pública se incrementará en un 10% y eso dificultará la situación financiera del país. El segundo, que inevitablemente la UE impondrá condiciones macroeconómicas y políticas al gobierno (tales como subida del IVA, aumento de la edad de jubilación, recorte de funcionarios…) que perjudicarán la situación a la mayoría de la población española.

El precio que tendremos que pagar por el rescate será muy elevado, y la ciudadanía debería estar perfectamente informada de ello. Resulta aberrante contemplar cómo el gobierno emplea buena parte de su tiempo y esfuerzo en engañar al pueblo, en vez de destinar esas energías a otras actividades más nobles y convenientes.

lunes, 11 de junio de 2012

Rescate: se consuma el engaño

Primero los gobiernos les crearon las condiciones para que financiaran una burbuja de crédito sin precedentes y con la que han ganado docenas de miles de millones de euros. Dictaron leyes de suelo para que los promotores les pidieran préstamos que financiaran construcciones en todas las esquinas de España, que irían quedándose vacías y sin vender cada vez en mayor número. Aumentaron las facilidades fiscales para promover las ventas y desincentivaron el alquiler y el consumo colectivo de servicios de ocio o residencia.

Solo de 2000 a 2007, los bancos multiplicaron el crédito total destinado a la actividad productiva por 3,1, el dirigido a la industria por 1,8, el de la construcción por 3,6 y por 9 el dirigido a la actividad inmobiliaria. Y eso que cada vez disponían de menos depósitos para generarlo: en 2000 la banca española recibía 1,43 euros en depósitos por cada euro que concedía a crédito, mientras que en 2007 solo 0,76 euros.

No contentos con los beneficios que les daba el negocio inmobiliario que condenaba al monocultivo a la economía nacional, impusieron políticas de bajos ingresos y recortes salariales para que las familias y pequeños empresarios vivieran en el filo de la navaja y tuvieran que endeudarse hasta las cejas.

Pero no contentos con obtener beneficios normales, los bancos utilizaron a sus tasadores para aumentar artificialmente los activos sobre los cuales iban a dar créditos, para así generar más deuda y cobrar comisiones más suculentas y recurrieron a todo tipo de prácticas comerciales predatorias para fomentar el consumo: manejaban a su antojo los índices de referencia, incluían la abusiva cláusula que autoriza al banco a vender el piso en subasta notarial si se produce el impago de la deuda, reclamaban importes elevadísimos por cuentas que creían canceladas, cobraban comisiones leoninas (más que en cualquier otro lugar de Europa) por cualquier cosa, giraban una y otra vez un recibo inatendido por el cliente generando múltiples gastos de reclamación por una misma deuda, embargaban saldos en cuentas corrientes sin respetar lo establecido en la ley… hasta cuatro folios me ocupa el listado de malas prácticas que han recopilado las asociaciones de usuarios, es imposible consignarlas todas aquí. Y eso, por no hablar de las estafas estrella, que han podido suponer un auténtico robo de entre 12.000 y 15.000 millones de euros, si no más, mediante las participaciones preferentes, las cláusulas suelo, etc.

Mientras sucedía todo esto, las autoridades dejaron hacer, consintieron las tropelías bancarias y permitieron que se inflase la burbuja sin cesar, haciendo oídos sordos a todas las advertencias.

El actual Ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, decía en 2003: “no existe una ‘burbuja inmobiliaria’ (…) el concepto de burbuja inmobiliaria es una especulación de la oposición que habla insensatamente de la economía de ladrillo y olvida que la construcción es un sector fundamental para la economía del país y en el que trabajan cerca de un millón de personas” (El Mundo 2  de octubre de 2003). Y el más tarde Ministro de Economía, Pedro Solbes, afirmaría que quienes auguraban el riesgo de recesión por esa causa “no saben nada de economía” (El País, 11 de febrero de 2008).

Los dirigentes de uno y otro partido negaban lo que hiciera falta, por muy evidente que fuese para el resto de los españoles, con tal de dejar que los banqueros y los grandes empresarios de la construcción literalmente se forraran a costa de todos los españoles.

El gobernador del Banco de España que había colocado el PP, Caruana, se pasaba por el arco del triunfo la denuncia de sus inspectores que en 2006 le señalaban formalmente que no se hacía nada frente a un endeudamiento creciente y muy peligroso de la banca española. Pero eso sí, no había declaración suya o más tarde de su sucesor, el socialista Férnandez, en la que no reclamasen moderación salarial y recortes de gasto social.

Pero gracias a todo ello, los bancos españoles se convirtieron en los más rentables del universo, justo, eso sí, en la misma medida en que situaban a nuestra economía entre las más vulnerables.

Cuando estalló la burbuja y ya no se iba a poder disimular lo que había pasado, el inmenso negocio que los bancos habían hecho a costa de la deuda, todos consintieron en disimular.

Permitieron que los bancos declarasen en balance los activos dañados a precios de adquisición siendo cómplices así de un engaño descomunal que hirió de muerte la credibilidad de nuestra economía porque, por mucho que Zapatero dijese en septiembre de 2008 -como le dictaban Botín y compañía- que el sistema financiero español era “el más sólido del mundo”, los inversores y prestamistas internacionales sabían lo que de verdad había hecho la banca española.

Los dos grandes partidos, a los que se  suman los de los nacionalistas de derechas de Cataluña y el País Vasco, colocaron en las cajas de ahorros a sus amigos y militantes y crearon una red de oligarquías provinciales que alentó la especulación, extendió la corrupción y que comenzó a llevar al desastre a la gran  mayoría de las entidades, al convertirlas en clones de los bancos privados, sin tener capacidad real ni naturaleza legal para serlo.

Y para facilitar la recuperación de los bancos mas grandes y dejarles a ellos todo el mercado consensuaron la ley de cajas que las llevaba a su bancarización forzada, para provocar cuanto antes su caída y el reforzamiento por esa vía de los bancos más grandes.

Claro que, a cambio, esos mismos partidos han recibido cientos de millones de préstamos para ir ganando las elecciones, ahora uno luego otro, que no devuelven, y han podido colocar en sus consejos de administración, o en los de empresas participadas, a docenas de ex dirigentes o socios.

Luego, cuando el sistema saltaba por los aires porque a los alemanes les consumía el ansia de cobrar los préstamos que con la misma compulsión habían dado a los bancos españoles, todos se concitaron para negar que iban a pedir un rescate. Diez días hace que lo negaba rotundo el presidente Rajoy: “no va a haber ningún rescate de la banca española” (EFE 28 de mayo).

Y cuando lo han pedido, niegan lo que efectivamente han pedido: 100.000 millones de euros para entregar a la banca y que vamos a pagar todos los españoles. Niegan que vaya a tener efecto sobre el déficit y la prima de riesgo, cuando será el Estado quien tenga que devolverlo (¿cómo lo harían unas entidades que se capitalizan precisamente porque no tienen dinero?) y tratan de hacer creer que es algo positivo y una ayuda generosa: “Las noticias que traemos hoy son positivas”, dijo el Ministro de Guindos cuando empezaba la rueda de prensa que dio ayer para anunciar el rescate.

Nos han engañado a todos cuando dicen que van a rescatar a España cuando lo que van a hacer es hundirla para años. Nos han engañado los bancos, nos han engañado los gobiernos del PSOE y del PP. Nos han engañado los dirigentes europeos que están borrachos de ideología neoliberal y no se dan cuenta de que las medidas que toman llevan al desastre a los países que las aplican (¿o acaso es que está mejor la economía de Portugal, por no hablar de los ciudadanos portugueses, desde que fue “rescatada”?). Nos ha engañado el Fondo Monetario que se ha sacado de la manga un informe deprisa y corriendo solo para justificar la decisión ya tomada y en el que cifra las necesidades de financiación de la banca española en una horquilla que sitúa, nada más y nada menos, que entre 45.000 millones y 119.000 millones de euro. ¿En qué quedamos?

Y nos engañarán esta tarde el presidente Rajoy y el Príncipe Felipe si es que definitivamente se han ido a ver el partido de fútbol cuando griten ¡España, España!, porque lo que están demostrando es lo contrario: España, los españoles de abajo, les importamos un pepino. Ellos y el resto de los políticos que han permitido lo que acabo de señalar, junto a los banqueros y los grandes beneficiarios de la burbuja y de la crisis, que tendrían que vivir 500 años más para disfrutar de todo lo que han ganado a costa de los españoles, son los responsables de este engaño descomunal. Hay que pedirles cuentas a todos y echarlos para siempre.

Juan Torres López
Ganas de escribir

domingo, 10 de junio de 2012

España: ¿rescate para quién?

Acontrapelo de las insistentes expresiones del gobierno encabezado por Mariano Rajoy en el sentido de que España no requeriría del rescate de la Unión Europea para superar la actual crisis de su sistema bancario, Madrid solicitó ayer finalmente un paquete de ayuda económica a Bruselas, y el denominado eurogrupo –integrado por los ministros de finanzas del conglomerado de naciones– concedió a ese país una línea de crédito hasta por 100 mil millones de euros que serán destinados para capitalizar a sus bancos y pasarán a formar parte de la deuda pública española.
 
Se asiste, pues, a la redición, en España, de un escenario parecido al que se vivió en México a finales de la década antepasada –cuando se convirtieron los pasivos de los bancos en deuda pública a través del Fobaproa–, que representa una radiografía nítida de la indiferencia al drama social que se vive en diversas naciones del viejo continente –Grecia y España, de manera notoria– y del designio neoliberal de rescatar a toda costa a los capitales privados.

En efecto, mientras que el plan referido representa una bocanada de oxígeno para entidades bancarias que tuvieron una responsabilidad inocultable en la génesis de la crisis que azota actualmente al viejo continente –particularmente por sus préstamos alegres en el sector inmobiliario–, para la sociedad española, sometida a la inflexibilidad y la dureza de sus autoridades, representará cuotas adicionales de sufrimiento y sacrificio social y humano.

Menguado orgullo puede representar para España, por lo demás, la afirmación de su ministro de Economía, Luis Guindos, de que el rescate europeo no representa la más mínima cesión de soberanía, cuando las medidas exigidas por la troika europea a otras naciones en dificultades a cambio de ayuda han sido aplicadas de antemano y en forma unilateral por el gobierno español: cobijado en la amplia votación que su partido recibió en la elección de noviembre pasado, Mariano Rajoy ha comenzado a imponer desde hace meses una descarnada ortodoxia neoliberal que amenaza con destruir el estado de bienestar que España había venido construyendo desde el fin de la dictadura, que se afecta tanto a los asalariados y los jubilados –desprovistos de golpe de conquistas históricas–, como a desempleados y trabajadores migrantes indocumentados –privados de casi todos los servicios de salud– y que deja prácticamente sin futuro a los sectores juveniles.

Para colmo, la línea de crédito otorgada a las entidades bancarias podrá contribuir en lo inmediato a evitar o postergar la quiebra en ese sector y dará respiración artificial a una unidad monetaria europea que parece pender de alfileres, pero que difícilmente encauzará a España y al continente por el camino de una recuperación económica: las políticas de choque impulsadas por Rajoy –cuya continuidad será vigilada por Bruselas– impiden la reactivación de la economía interna, cancelan las perspectivas de reducción del desempleo –que actualmente ronda 25 por ciento– y obstaculiza, en consecuencia, la creación de bases sólidas para la superación de la actual crisis.

El paquete de ayuda aprobado ayer por la UE, en suma, no representa en absoluto una operación de salvamento para la población, sino una nueva etapa de la ofensiva del capital contra la gente, que suele agudizarse en tiempos de crisis, y que vulnera la estabilidad, la gobernabilidad y la viabilidad misma de los países.

Editorial
La Jornada

Embusteros e incompetentes

Además de las graves consecuencias económicas y sociales que traerá el ya confirmado rescate de España por la UE, hay que resaltar otro hecho no menos importante: recordarnos a la ciudadanía la desagradable cruz que supone estar gobernados por embusteros y por incompetentes. Rajoy sigue añadiendo mentiras a las mentiras de los últimos meses y ha dado un paso de gigante para probar la nefasta gestión de la crisis de su equipo ministerial. Es verdad que los intereses financieros especulativos exigen a los políticos, en su propio beneficio, la ocultación de la realidad; pero es igualmente cierto que los ciudadanos exigimos a nuestros gobernantes, en defensa propia, transparencia informativa.

Tras afirmar reiteradamente que no habría rescate, el último embuste del gobierno ha sido proclamar que es España quien ha pedido el rescate, y no la UE quien ha forzado a aceptarlo. No es lo mismo llamar que salir a abrir. Aunque Guindos ha declarado que se trata de "un préstamo en condiciones muy favorables que implicará contraprestaciones únicamente para la banca", podemos preguntarnos qué grado de credibilidad le queda al Sr. Rajoy y al Sr. Ministro para hacernos pensar que va a ser así. En los movimientos sociales sabemos que cero. Estamos siguiendo los pasos de Grecia, Irlanda y Portugal y la pérdida de soberanía a manos del capital financiero se hará cada vez más patente. Vendrá la burocracia tecnócrata de Bruselas a “vigilar in situ” la evolución de nuestras variables macroeconómicas, el pago de las deudas y el cumplimiento del déficit. El resto del ajuste ya no es necesario imponerlo, pues hace meses que España ya está “intervenida”. Porque este gobierno embustero se ha encargado de hacer aplicadamente y de motu propio lo que se les ha exigido a los otros países rescatados.

Pero además de embustero este gobierno es incompetente. Machaconamente se nos ha dicho que la crisis era debida a que los ciudadanos habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades, y que por ello, la prioridad debían ser las políticas "de austeridad". Solo ahora, forzados por los acontecimientos, se reconoce que el tumor estaba en el sistema financiero, pero el problema es que difícilmente se podría haber realizado una gestión más tardía y desastrosa de la crisis de Bankia y del resto de las cajas y bancos cercanos a la quiebra técnica. La factura que ahora se estima en 100.000 millones de euros podría haberse reducido considerablemente si el gobierno hubiera defendido mejor los intereses de sus ciudadanos frente a los requerimientos de banqueros y especuladores (por ejemplo, prescindiendo en todo momento plantear una quita a los acreedores) y también si hubiera negociado con más profesionalidad y firmeza las condiciones de la ayuda de la UE (sin aceptar, por ejemplo, que sea el Estado español a través del FROB quien acabe avalando los créditos a las entidades financieras en apuros). Y esto, por no hablar de la indignidad de la amnistía fiscal puesta en marcha esta semana…

Frente a este gobierno embustero e incompetente no hay otra alternativa que la de seguir presionando desde la ciudadanía para forzar un cambio radical de las políticas dirigidas a salir de la crisis. Es oportuno recordar, aunque sea sintéticamente, cuatro propuestas ineludibles y largamente respaldadas por movimientos sociales como Attac. Son estas:

1.  Creación de una comisión formada por personas con acreditada experiencia en el mundo de las finanzas y de la economía mundial que depure las responsabilidades de los causantes de la crisis del sistema financiero español.

2.  Consolidación de una potente banca pública en base a las nacionalizaciones realizadas, con la cual financiar y estimular una reactivación  económica sostenible, generadora de riqueza social y de empleo decente. 

3.  Auditoría de la deuda pública y privada existente, con una investigación pormenorizada y rigurosa de los contratos de deuda vigentes, tendente a identificar y rechazar aquellos considerados ilegítimos. 

4.  Modificación de los acuerdos de la UE en materia de fiscalidad y que permitan dotar al Banco Central Europeo de poderes para emitir títulos propios de deuda pública, con los que financiar su presupuesto y las necesarias ayudas a los países y a los Estados.

¿Utopías de una izquierda radical? En Attac pensamos que no. No hay que olvidar que la aplicación del programa del partido de la izquierda griega, Syriza, si gana dentro de unos días las elecciones -como es bien posible-, puede ayudar a hacer despertar a una ciudadanía europea aletargada y resignada a aceptar todo lo que está imponiendo la troika (Bruselas, el Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional). ¿Hasta cuándo?

Ricardo Gª Zaldívar, doctor en Economía y presidente de Attac España
Público

Hay que salvar a España, pero de quién y cómo

Desde que empezó la crisis, sus verdaderos causantes han conseguido evadir sus responsabilidades y hacer que quienes la sufren incluso se sientan como los culpables y que paguen sin rechistar los platos que otros han roto.

Los bancos españoles fueron los primeros responsables de lo que ha ocurrido en nuestra economía al haber financiado una burbuja inmobiliaria irracional y a una clase empresarial (si es que se la puede llamar así) que no ha hecho más que dar un pelotazo detrás de otro a base de endeudamiento, de favores administrativos, de empleo precario y de fraude fiscal.

Los bancos han sido el mecanismo utilizado para evadir impuestos y para sacar hacia paraísos fiscales miles de millones de euros, y han obtenido los beneficios más altos del planeta a base de engaños y mil modos de estafas que han arruinado a miles de familias, que ahora se desgañitan para tratar de paliar su quebranto en los juzgados sin que los gobiernos hagan nada por apoyarles.

Los bancos españoles endeudaron artificialmente a familias y empresas para hacer negocio fácil y se endeudaron ellos al mismo tiempo, dando lugar así al auténtico problema de deuda privada que tiene España en estos momentos.

Los bancos españoles utilizaron su dominio sobre los medios de comunicación para hacer creer que su situación era saludable y que no tenían problemas patrimoniales. Y gracias al poder político que vienen acumulando desde el franquismo, y que ahora se traduce en partidos políticos esclavos de los préstamos multimillonarios que les conceden sin obligarles a devolverles, consiguieron que se aprobaran las medidas necesarias para salir del hoyo en el que han dejado al sistema financiero por la vía de quedarse con el mercado que ocupaban las cajas de ahorros. Pero a costa de seguir sin financiar a empresas y consumidores y de sumir a la economía española en una verdadera depresión.

Los bancos han obtenido los beneficios más elevados de toda nuestra economía pero los han obtenido arruinando a miles de empresas, destruyendo millones de empleos y facilitando el fraude fiscal y la corrupción política. Ahora, su situación se hace insostenible y tratan de que la paguemos los demás.

Los dirigentes del Banco de España han sido cómplices de ese desastre. Dedicados a pontificar sobre la necesidad de bajar salarios y de echar abajo las ya de por sí débiles estructuras de bienestar, han hecho la vista gorda ante el aumento del endeudamiento y de la pérdida progresiva de solvencia de la banca, y no solo de las cajas de ahorros. No oyeron ni a sus propios inspectores cuando éstos denunciaban lo que estaba pasando antes de que la crisis estallara, cuando ya habían empezado a detectar lo que se venía encima.
Los dirigentes de los partidos políticos mayoritarios son también corresponsables de lo que ha sucedido, aunque haya sido en medida diferente, pues incluso hasta algunos más radicales han mantenido hasta el último momento en Bankia y en otras cajas a sus representantes aliados con quienes han provocado el desastre, o han tenido dirigentes imputados. Todos ellos han alimentado un modelo de crecimiento y de gestión, sobre todo en los ayuntamientos y comunidades autónomas, vinculado a la obtención de plusvalías inmobiliarias, o tienen deudas millonarias con los bancos que nunca terminan de pagar, sin que el Tribunal de Cuentas u otros órganos jurisdiccionales hagan nada definitivo por evitar la corrupción que les rodea.

Es verdad que hay políticos honestos y que los partidos son necesarios siempre, pero eso no impide denunciar que sus dirigentes han generalizado una política de despilfarro en la administración pública, y de corrupción muy extendida, al mismo tiempo que reducían los ingresos que precisan los servicios públicos esenciales sin los cuales ni hay bienestar mínimo ni incluso democracia posible.

Y a estas responsabilidades habría que añadir las de algunos grandes empresarios, y las de otras autoridades, magistrados o incluso las del propio Jefe del Estado, que no han sabido estar a la altura de las circunstancias ni actuar con probidad cuando se le piden sacrificios enormes a la población.

Ahora bien. Si todas estas responsabilidades se han dado no ha sido solo como consecuencia de que se hayan multiplicado las conductas personales condenables. No. Estas ha ocurrido en un grado ya tan desastroso porque lo que ha fallado es nuestra armadura institucional, nuestro sistema político y, concretamente, nuestra propia Constitución, que no está sirviendo para que los ciudadanos disfrutemos de los derechos que nos reconoce ni para impedir las tropelías que a la inmensa mayoría nos avergüenzan.

Tenemos efectivamente derechos que no nos dejan ejercer, obligaciones que no cumplimos, tribunales que no investigan ni juzgan, delincuentes que no son perseguidos, o incluso culpables que no tienen que cumplir las condenas.

España lleva meses sacudida por especuladores, y bajo la amenaza más grave que ha sufrido en los últimos decenios, pero el empeño del gobierno es salvar a los bancos, se niega a investigar quién ha provocado el roto que hemos de pagar los españoles y se dedica a dividir y desprestigiar a los propios españoles y a sus propias instituciones. Millones de españoles contemplan con estupor que haya dinero sin límite para los bancos y no para los servicios públicos que necesitan, y el Rey se va a hacer las américas con los responsables de las empresas que más dinero han defraudado a las arcas nacionales, que más empleo han destruido y que más responsabilidad tienen en el desencadenamiento de la crisis tan singularmente aguda que vivimos en el contexto del descalabro financiero internacional. Y mientras todo esto sucede, los medios de comunicación de mayor impacto de dedican a difundir programación basura, silencian a las voces y los debates más críticos, se criminaliza la indignación y se permite que los partidos políticos hagan en el gobierno lo contrario de lo que dicen a los ciudadanos que van a hacer cuando se presentan a las elecciones.

¡Claro que España necesita un rescate! Pero no en forma de préstamo que vaya directamente a los bancos y que paguemos los ciudadanos, como están negociando. No. Lo que España necesita es rescatarse a sí misma de quienes la han llevado al desastre: creando una Comisión de la Verdad que depure responsabilidades, impulsando una nueva mayoría social y política capaz de conseguir en las elecciones que salgan del Parlamento los culiparlantes y los políticos comprometidos con quienes han provocado la situación en la que estamos, y que desde allí abra un debate realmente democrático sobre nuestra institucionalidad, sobre cómo es mejor organizar nuestro Estado, nuestra economía y nuestra sociedad para que no vuelvan a producirse los desmanes y las barbaridades que nos han situado al borde del abismo y que con tanta razón están llenando de rabia e indignación a las personas decentes, con independencia de su ideología o de sus creencias.

Juan Torres López
Ganas de Escribir

sábado, 9 de junio de 2012

La letra pequeña del rescate a España

Ya es oficial: España es el cuarto país de la zona euro que se acoge a un rescate para salvar sus cuentas. Por mucho que el Gobierno intente disfrazar la realidad, por mucho que sea solo un rescate financiero (como el de Irlanda, por otra parte), la realidad es que España pierde hoy gran parte de su soberanía. Aunque no hay condiciones explícitas para la política económica, las hay implícitas. La UE y el FMI no nos van a regalar 100.000 millones de euros. 

El propio comunicado del Eurogrupo lo deja claro: “El Eurogrupo está convencido de que España va a hacer honor a sus compromisos sobre el excesivo déficit y con las reformas estructurales, con el fin de corregir los desequilibrios macroeconómicos en el marco del semestre europeo. El progreso en estas áreas será vigilado muy de cerca y regularmente revisado ​​en paralelo con la asistencia financiera.. Traducido: si no se cumple con el déficit, el grifo para la banca se cierra. 

En próximas fechas, tal vez la próxima semana –hay quien dice que será mejor que llegue antes de las elecciones griegas–, Mariano Rajoy nos leerá a los españoles la cara oculta de esta “ayuda” exterior. Aunque el rescate no esté formalmente condicionado, implícitamente sí lo estará: el dinero para salvar a nuestra banca no saldrá gratis. Desde Alemania recetan desde hace años a España cuatro medidas para el ajuste fiscal, para cuadrar las cuentas públicas. Cuatro grandes recortes de los que Rajoy nos hará tomar dos tazas: pensiones, funcionarios, IVA y prestaciones por desempleo. 

El Gobierno da dos de estos tijeretazos por seguros –subida del IVA y recorte a funcionarios– y está intentando resistirse como puede a los otros dos: a tocar las pensiones y las prestaciones para los parados. “Las dos primeras están ya casi descontadas, pero las otras dos provocarían serios problemas sociales”, asegura un alto cargo del Gobierno. 

Subida del IVA. No se trata solo de subir otros dos puntos el tipo máximo, del 18% al 20 % o al 21%. También pasa por cambiar determinados productos y servicios del IVA reducido al IVA normal. Por ejemplo, los hoteles y restaurantes. En gran parte de Europa pagan el IVA normal. Aquí, por ahora, es IVA reducido.

Recorte a funcionarios. Con casi seguridad, se congelarán las nuevas plazas y también se recortarán los salarios, probablemente a través de reducciones en las pagas extras y en los complementos. La línea roja está en los despidos: en reducir el número total de trabajadores públicos, no solo eliminando interinos. No sería novedad en un país intervenido: ya ha pasado en Irlanda, en Grecia y en Portugal.

Pensiones. Es uno de los recortes que el Gobierno está intentando evitar, consciente de su tremenda impopularidad. Hay tres ingredientes en esta receta: elevar aún más la edad de jubilación –en Irlanda, por ejemplo, ya están en los 68 años–, acelerar la entrada en vigor de la jubilación a los 67 y, como última opción, recortes las pensiones que ahora mismo se pagan.

Prestaciones por desempleo. En dos formatos: endureciendo las condiciones para acceder al seguro de desempleo y también reduciendo su cuantía y su duración.

Además de estos cuatro duros recortes que se barajan, prepárense también para la pedrea: tasas, copagos, peajes, privatizaciones… El Gobierno español pretende pasar a la historia como el primero en Europa que afrontó una intervención sin perder el poder y sin dar siquiera la cara –que Rajoy no comparezca es insultante–. Después de todas sus mentiras, a pesar de su reciente mayoría absoluta, ¿tendrán la legitimidad social necesaria como para convencer a los ciudadanos de que acepten un ajuste así?

Ignacio Escolar
eldiario.es

martes, 5 de junio de 2012

Diez claves para entender qué está pasando

1. Que la prima de riesgo lleve varios días por encima de 500 puntos es gravísimo, pero no es lo peor. El problema más urgente no es el déficit público y cómo financiarlo (que también). Es el enorme agujero de la banca. Y quién lo va a pagar. 
 2. Las cuentas que se hacen los mercados: si Bankia necesita otros 19.000 millones de euros del dinero público para evitar el colapso, ¿cuántos millones harán falta para cubrir los boquetes del ladrillo en el resto de las entidades financieras españolas? Lo dirán los dos auditores extranjeros que van a evaluar a nuestros bancos y cajas, pero algunos informes ya hablan de entre 40.000 y hasta 200.000 millones de euros; entre el 4 y el 20% de nuestro PIB. ¿De dónde va a salir esa montaña de dinero? Es ahí donde la prima de riesgo se convierte en un problema aún peor. 

3. España no tiene capacidad para conseguir esa financiación en los mercados porque el tipo de interés sería disparatado, imposible de asumir. Y si España tuviese que financiar todo ese sapo sin ayuda, la prima de riesgo subiría todavía más hasta forzar el colapso del país. Que el boquete de Bankia pasase de 4.000 millones a 19.000 en apenas una semana no ayuda: da la impresión de que hay un agujero “a la griega”, que los balances no son de fiar. Que el presidente salga el lunes en rueda de prensa a decir que no sabe de dónde va a salir el dinero para Bankia ayuda menos aún.

4. Alemania hace meses que ofrece un rescate al Gobierno. Zapatero dijo no a Merkel en una docena de ocasiones y otras tantas llevará ya a estas alturas Rajoy. El problema es que un rescate implicaría condiciones durísimas, como las que ya padecen en Grecia, en Irlanda o en Portugal. Con un rescate, las decisiones políticas las tomarían los acreedores y el primer interés del acreedor es cobrar, no el futuro de la economía del país o el bienestar de la población. El rescate es la última opción. El Gobierno de Rajoy es consciente de estas cuentas y por eso está maniobrando para buscar otra salida a la situación que ha provocado Bankia. Ya ha intentado dos cosas: que el fondo de rescate salve a los bancos –sin pasar por el Estado– y también inyectar deuda pública directamente en los bancos. 

5. Lo de inyectar deuda pública en los bancos parecía una buena idea. La jugada era la siguiente. El Gobierno, en lugar de poner dinero en Bankia (y los demás bancos que necesiten capital), pone papelitos: inyecta bonos del Tesoro. El banco después lleva esos bonos al Banco Central Europeo (BCE), que se los cambia por un préstamo al 1% de interés; la deuda pública sirve como aval. Y así, sin necesidad de sacar una montaña de deuda al mercado de una vez, España va pagando el dinero en cómodos plazos a un tipo de interés mucho más bajo. ¿El problema? Que el BCE ha dicho que no.

6. La otra opción –que el fondo de rescate europeo inyecte capital a los bancos, sin pasar por los estados– era incluso mejor. Con esa fórmula, son los bancos a título individual quienes piden el rescate y España no tiene que asumir la recapitalización de su sector financiero: es la Unión Europea en su conjunto la que corre directamente el riesgo y la que aporta la financiación necesaria. La idea inicial la lanzó el FMI hace unos meses. Ayer por la mañana, la Comisión Europea entreabrió esa posibilidad. Sin embargo, por la tarde el vicepresidente de la Comisión y responsable de Asuntos Económicos, Olli Rehn, cerró esa puerta de nuevo. ¿La razón? Alemania dice no y la normativa aprobada no permite esta opción.

7. Alemania, por muchos paseos en barco que Mariano Rajoy se dé con Angela Merkel, solo parece dispuesta a aceptar una salida para España: la intervención con todas las letras, el rescate. Si Alemania va a poner el dinero, Alemania quiere decidir cómo se gasta y eso en la práctica conlleva que España pierda la poca soberanía que aún mantiene. Como Grecia. Como Irlanda. Como Portugal. Si Merkel paga, Merkel quiere mandar. Bajo el punto de vista de la presidenta alemana, hay pocos motivos para fiarse de España: no se han cumplido los objetivos de déficit, las autonomías afloran deudas imprevistas después de cerrarse la contabilidad, los balances bancarios no son lo que dijeron los supervisores… La confianza en España está bajo mínimos.

8. El Gobierno, a la desesperada, juega sus últimas carta con Luis de Guindos en Alemania y con otro viaje imprevisto (por mucho que desde La Moncloa se intente vestir la situación de normalidad): el de Soraya Sáenz de Santamaría a EEUU. La vicepresidenta se reunirá hoy con el secretario del Tesoro de Obama, Timothy Geithner, y con la directora del FMI, Christine Lagarde. El viaje de emergencia, dentro de esta situación y con Alemania diciendo a todo que no (salvo al rescate), solo puede significar una cosa: que la intervención es inminente. Así lo interpretan fuentes del propio Gobierno y de la oposición.

9. Solo queda una última oportunidad: que sea el FMI quien preste el dinero a España para refinanciar a los bancos. Pero ese dinero, una vez más, vendrá con un manual de instrucciones; con una serie de condiciones, recortes y “reformas”, como bien saben otros países que han acabado así. Si es el FMI quien nos rescata, el Gobierno podrá vender que en realidad no es una intervención. No es gran consuelo: en caso de ruptura del euro, es mucho mejor deber el dinero a Europa que al FMI, un organismo al que ni siquiera Argentina se atrevió a hacer un default. 

10. De una manera u otra, salvo que Alemania dé su brazo a torcer, se acaba el poco margen que le quedaba a España y a su soberanía nacional. El país ya está parcialmente intervenido, hablamos del siguiente escalón. En el mejor de los casos, el rescate se camuflará de “recomendaciones” de la UE, que Rajoy aplicará al dictado a cambio de que se mueva el BCE (que hoy no está por la labor). En el escenario más probable, el rescate podría llegar en un mes, en forma de ayuda para la banca: el Gobierno de Rajoy intentará como sea aguantar hasta el 1 de julio, hasta que entre en funcionamiento el Mecanismo Europeo de Estabilidad; puestos a ser intervenidos, las condiciones de este organismo se supone que serán mejores que las del Fondo europeo de estabilidad. En el peor de los casos, el rescate y la intervención del país podrían ser efectivos en cuestión de días, como busca Alemania. Es lo que hay.

Ignacio Escolar
Escolar.net
 http://www.escolar.net/MT/archives/2012/05/rescate-a-espana-diez-claves-para-entender-que-esta-pasando.html