lunes, 30 de julio de 2012

La economía voluble

Bastó apenas una declaración de Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, hace unos días, para que el índice de la bolsa de valores de España subiera 6 por ciento en la jornada, con la mayor alza en dos años, y bajara la prima de riesgo de los bonos de deuda estatal que tiene a ese país contra las cuerdas desde hace muchas semanas. Un entusiasmo similar se provocó en Italia.
 
Lo que dijo Draghi fue: El BCE hará todo lo necesario para sostener el euro. Y, créanme, eso será suficiente. Hay que admitir que es poco el contenido, no es más que un ofrecimiento, como si de un oráculo se tratara. ¡Hay que creer!

Lo que me interesa destacar aquí no es si podrá o no cumplir con su objetivo de salvar al euro, en qué condiciones y cuál será la durabilidad de su intervención. El elemento que me parece relevante en el marco de lo dicho por el funcionario concierne al modo de operación de los mercados financieros o, dicho sin eufemismos, de los poderosos fondos privados e institucionales de inversión y los grandes bancos.

El asunto tiene que ver con la manera en que se toman las decisiones de inversión. La cuestión se resolvía entre los economistas ortodoxos y los operadores hasta antes de la crisis de 2008, asumiendo que las decisiones se basaban en esquemas de racionalidad casi perfecta y que, por lo tanto, los mercados se ajustaban en un nivel de equilibrio óptimo. Este esquema está quebrado.

La racionalidad impuesta a los agentes económicos es el cimiento sobre el que está construida la economía tal y como se enseña convencionalmente en las escuelas y que crea a las teorías y modelos para actuar en los mercados, sean de productos, trabajo, dinero o capital.

Al parecer fue demasiado tibia la advertencia de Keynes cuando, tras la crisis de 1929-33, apuntó: “Aun haciendo a un lado la inestabilidad debida a la especulación, hay otra … que resulta de las características de la naturaleza humana: que gran parte de nuestras actividades … dependen más del optimismo espontáneo que de una expectativa matemática, ya sea moral, hedonista o económica. Quizá la mayor parte de nuestras decisiones de hacer algo … sólo pueden considerarse como el resultado de los espíritus animales … y no como consecuencia de un promedio ponderado de los beneficios cuantitativos multiplicados por las probabilidades cuantitativas”.

Los modelos de racionalidad perfecta, en cambio, generaron la llamada hipótesis de los mercados eficientes, predominante en el entorno financiero. Esta sostiene que los mercados de capitales son tan eficientes que incorporan toda la información relevante para tomar las decisiones y que, por ello, todos los precios de los valores son justos en un sentido económico.

De tal suerte, la única forma de obtener ganancias más altas es comprando títulos de mayor riesgo. Súmese esto al entorno institucional con una regulación más laxa de las transacciones y una fuerte innovación en los productos financieros para crear el entorno de una crisis como la de 1981 y, sobre todo, la de 2008.

La información completa y la existencia de una amplia competencia son la base de modelos económicos y financieros, también de la creación de nuevos productos para administrar los mayores riesgos, como ocurre con los derivados.

Pero ni una ni la otra existen. La información no está contenida toda en los precios, como se ve ahora con los arreglos para fijar la tasa Libor, ni la competencia provoca los ajustes que se le atribuyen, como recientemente se ve en la magnitud de las pérdidas del banco J. P. Morgan por la especulación con derivados. Hay control de la información y concentración en el mercado. Hay grados de monopolio y estructuras de poder, esa es la realidad del sistema económico y social.

Tampoco penetró el trabajo de los economistas la aportación de la psicología, precisamente en el campo de la toma de decisiones bajo condiciones de riesgo. Los criterios en este caso no son compatibles con la supuesta racionalidad de los agentes económicos. Los juicios se forman, en cambio, con la consideración de las situaciones externas, sobre todo en un entorno de gran incertidumbre.

Esto ha creado la base para proponer una economía basada en el comportamiento. No es claro aún cómo podría desarrollarse la disciplina sobre estas bases, pero se abre un espacio muy distinto de análisis al que ha predominado en las últimas décadas englobado en la existencia de las expectativas racionales.

Pues ante lo dicho por Draghi, los operadores financieros reaccionaron modificando instantáneamente sus expectativas y sus decisiones de inversión. Esa declaración no cambió para nada la situación de la deuda española, ni las exigencias derivadas del déficit fiscal, la presión sobre los bancos o el gran desempleo que hoy existe. Cambió la estimación de los riesgos de muy corto plazo y las perspectivas de ganancias financieras.

El estado de las expectativas en un marco de incertidumbre forma los juicios y define la toma de decisiones. Lo que hay es un mercado de alto riesgo donde las tasas de interés en los países más ricos están prácticamente en cero y en el otro extremo son elevadas para compensar un alto nivel de riesgo. Draghi no es un mago y lo que haga, como comprar deuda de los países en crisis, no será una operación suficiente sin un arreglo político de fondo en la Unión Europea y la zona euro. Estas condiciones políticas pueden dejar mal parado al BCE y agravar aún más la situación regional.

León Bendesky
La Jornada

jueves, 26 de julio de 2012

Demasiado grandes para caer... y demasiado grandes para ser rescatados. España e Italia son el dilema del euro

Costo deuda pública española últimos 5 años

Aunque el costo de la deuda soberana ha tenido una tregua, igual se mantiene sobre el 7 por ciento o muy cerca de esta cifra que es totalmente inviable para la economía española. Es una cifra de usura que indica que 7 céntimos de cada euro generado irá a pagar los intereses. O, desde otro ángulo, que tres semanas del trabajo anual se destinarán a este objetivo. Estos son los costos reales del colapso. Un colapso largo y acentuado que ayuda a comprender lo que ha ocurrido en Grecia, Irlanda y Portugal. 

El problema es que España no esta sola en este gran dilema del euro dado que Italia, un vecino que muchas veces se olvida, está con problemas similares. Y ambos países son demasiado grandes para pensar en un rescate conjunto. Y si son demasiado grandes para rescatar, son también demasiado grande para dejarlos caer. El dilema del euro comienza a vivir las horas cruciales de su existencia. De nada han servido las palabras del gobierno y las buenas intenciones de los socios de la UE. Estamos en serios problemas y hay que aceptarlo. El costo de la deuda soberana ha escalado a máximos de una década, mientras la economía se desploma como un castillo de naipes. Estamos viviendo el derrumbe de un esquema Ponzi potenciado en las últimas cuatro décadas con la desmedida pasión del consumo desatado. 

Todo indica que los costos del colapso serán enormes y que esos costos ya hemos comenzado a pagarlos, pero siguen creciendo a medida que se posterga el momento de la verdad. Si hoy debemos trabajar tres semanas para cubrir el coste de los intereses de la deuda, en poco tiempo más llegarán a cuatro y también a cinco semanas. No es de extrañar que la economía esté bajo tal presión y que el desempleo esté en nivel tan escandalosamente altos como indica esta gráfica: 

Desempleo en España a mayo 2012

Esto es porque no hay voluntad de poner fin al esquema Ponzi, y se cree que el problema de deuda se resuelve con la generación de más deuda. Es decir, entregar dinero a los bancos que crearon dinero en forma irresponsable y que no solo han manipulado las tasas de interés sino que también se han prestado para el lavado de dinero y el tráfico de drogas y las impías operaciones de fuga de capitales hacia los paraísos fiscales. Como hemos señalado en otros artículos, este sistema creó la deuda y nos arrastró adonde estamos ahora, y esta deuda se revierte como un bùmerang y lo arrastra a su propio colapso, demostrando que todo no es más que una larga cadena de fraudes y abusos que nadie ha sido capaz de detener. Esto no hace más que precipitar su colapso real y definitivo, pese a todo el sistema político que lo defiende y ampara.

Y ese punto final está muy cerca. España no puede recibir un rescate al estilo griego dado que la UE, ni con toda su invención de fondos posibles, puede seguir creando dinero de la nada. Y aunque se rescate mañana España, luego vendrá Italia y la presión general seguirá siendo abrumadora. Y si lo de Grecia lleva tres años, lo de España e Italia no resistirá 12 meses. Tal vez mucho menos si entra a escena Francia en los próximos dos meses. Francia tiene una deuda pública mayor a la española y muy similar a la alemana. A nadie le ha importado hasta el momento, aunque es una deuda de larga data como señalamos en este post, pero ahora pasará a ser de gran importancia para los tiburones del mercado.

Marco Antonio Moreno
El Blog Salmón

viernes, 20 de julio de 2012

Un paso más hacia la barbarie social

Análisis sobre el Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza de la UE.

El Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza (TSCG) de la Unión Económica y Monetaria, negociado por Nicolas Sarkozy y Angela Merkel, abrió una nueva etapa en la sumisión de Europa a los intereses del sector financiero y a las reglas que este desea que se impongan. François Hollande ha anunciado que lo renegociaría. Ya veremos en qué acaba esto.

Las clases dirigentes y la tecnocracia europea son incapaces de salir de la crisis. De hecho, la utilizan para reducir el gasto público, debilitar los sistemas de protección social y el derecho laboral y privar a los pueblos de voz y voto en las cuestiones monetarias y presupuestarias. Está claro que desde el Tratado de Roma en 1957, la construcción europea ha obedecido a la lógica del mercado, pero su sumisión se ha acentuado con el tiempo. El Acta Única de 1986 supuso un salto cualitativo en este sentido: el objetivo de un mercado único de capitales, productos y servicios abierto a la competencia internacional se convirtió entonces en el eje central de la construcción de la Unión. Al mismo tiempo, la política comunitaria puso en la picota a las empresas públicas y los servicios públicos.

Sin embargo, esta lógica neoliberal se aplica a realidades nacionales profundamente diferentes y la Unión se dota de cada vez menos medios para hacer que converjan. El presupuesto comunitario está congelado en un importe equivalente a un poco más del 1 % del PIB europeo. El Tratado de Maastricht y el proyecto de moneda única se elaboraron como un instrumento de convergencia, pero de convergencia a través de la moneda y la austeridad.

Endurecimiento de la normativa vigente
En 1996, previamente al lanzamiento de la moneda única, el Gobierno de Juppé negoció el Pacto de Estabilidad. Lionel Jospin anunció en la campaña de las legislativas de 1997 que lo renegociaría: “El Pacto de Estabilidad es un súper-Maastricht, una concesión absurda que el Gobierno francés ha hecho a los alemanes o a determinados sectores alemanes. Por tanto, no hay motivo para que me sienta vinculado a este respecto. Después de ganar las elecciones, Jospin optó por no oponerse a la aprobación del pacto y contentarse con solicitar que se añadiera un apéndice sobre el “empleo”. La Comisión Europea y el canciller alemán, Helmut Kohl, aceptaron la inclusión de un capítulo sobre el empleo, lo que era un brindis al sol porque Bruselas no obtenía competencias ni fondos para la lucha contra el desempleo. Los días 17 y 18 de junio de 1997, Jospin firmó el Pacto de Estabilidad y Crecimiento en Amsterdam.

El Pacto de Estabilidad y Crecimiento prorrogaba los criterios de Maastricht: deuda pública inferior al 60 % del PIB, déficit presupuestario inferior al 3 % del PIB. Estas reglas limitaban drásticamente los márgenes de maniobra presupuestarios de los Estados miembros, al tiempo que con la creación del euro perdían su autonomía monetaria. Estos objetivos no pudieron impedir que Irlanda y España, que los respetaban con creces, se hundieran tras el estallido de la crisis financiera.

La crisis dio lugar a partir de 2008 a una recesión y después a un debilísimo crecimiento y un aumento del paro. Sin embargo, tras un año de políticas de apoyo a los bancos y a la actividad económica, ante la agravación de los déficit públicos y el aumento de la deuda pública, los Gobiernos europeos y las instituciones de la Unión optaron por una política de austeridad generalizada. Con el TSCG, los Gobiernos europeos la endurecerán notablemente mediante una serie de disposiciones:

- La instauración de una “regla de oro” que establece que “la situación presupuestaria de las administraciones públicas (…) será de equilibrio o de superávit”. Esta norma deberá integrarse en la legislación de cada Estado miembro “mediante disposiciones que tengan fuerza vinculante y sean de carácter permanente, preferentemente de rango constitucional, o cuyo respeto y cumplimiento estén de otro modo plenamente garantizados a lo largo de los procedimientos presupuestarios nacionales”. Se considerará respetada si el déficit estructural alcanza el 0,5 % del PIB. El déficit estructural es el déficit presupuestario calculado sin incluir las variaciones de la coyuntura y su cálculo plantea numerosos problemas metodológicos. El informe anual de 2012 del Tribunal de Cuentas Europeo señala que el déficit estructural de Francia era del 5 % del PIB en 2010, es decir, de 96.550 millones. Reducirlo al 0,5 % del PIB habría exigido ahorrar casi ¡87.000 millones de euros!

- Con respecto a la deuda pública, los Estados que superen el umbral del 60 % del PIB deberán reducirla en el plazo de tres años a un ritmo medio de una veinteava parte al año.

- En caso de incumplimiento de las normas de déficit presupuestario se pondrá en marcha un mecanismo de sanción a iniciativa de la Comisión. Los países deberán reducir su déficit de acuerdo con un calendario propuesto por la Comisión. Los países con déficit someterán sus presupuestos y programas de reformas estructurales a la Comisión y al Consejo, que emitirán su dictamen y supervisarán la ejecución del presupuesto. Hará falta una mayoría cualificada de países de la zona del euro para oponerse a las sanciones decididas por la Comisión.

- El instrumento preferente para restablecer el equilibrio no es el aumento de los ingresos (sobre todo con cargo a las personas de renta elevada o de las empresas), sino la limitación del gasto, sobre todo el gasto social. En un momento en que el consumo de los hogares se estanca o se reduce, semejante política no hará más que incrementar las dificultades económicas.

Para comprender lo que está en juego hay que contemplar lo que ocurre en países como Grecia, Italia o Portugal. Las instituciones europeas no solo les reclaman esfuerzos de austeridad, sino también reformas estructurales que alteran sustancialmente el derecho laboral, reducen la vigencia de los convenios colectivos e individualizan la relación entre el trabajador y su empresario.

Una prueba para François Hollande
Estas disposiciones del TSCG y la política europea en su conjunto responden a una opción social: los derechos de los acreedores y los beneficios de las grandes empresas contra el resto de la población. La adopción del nuevo tratado, como es lógico, cuenta con el aplauso entusiasta del mundo de los negocios, en particular de la federación patronal europea BusinessEurope; por otro lado, por primera vez en su historia, la Confederación Europea de Sindicatos (CES) se ha opuesto a un tratado europeo.

Durante la campaña electoral, el candidato a la presidencia francesa, François Hollande, hizo declaraciones bastante contradictorias. Por un lado, reafirmó su voluntad de llegar a un equilibrio presupuestario en 2017, es decir, de aplicar en este sentido las disposiciones del tratado. Por otro lado, anunció su deseo de “renegociarlo” para incluir un “pacto de responsabilidad, de gobernanza y de crecimiento”. Hollande se encuentra ahora en la misma situación que Lionel Jospin en 1997. La aceptación o el rechazo del TSCG será por tanto la piedra de toque.

Además, Hollande no se ha pronunciado sobre la cuestión del modo de ratificación del tratado: ¿ratificación parlamentaria (es decir, por una mayoría del PS y la UMP) o convocatoria de un referéndum? No cabe duda de que el rechazo del TSCG abriría una crisis política en Europa. Esta crisis sería deseable porque es ilusorio creer en la posibilidad de modificar por las buenas la orientación de la construcción europea.

La táctica de la socialdemocracia europea es un callejón sin salida. Desde hace años, los Gobiernos socialistas han aceptado la construcción neoliberal, o incluso la han suscitado, como en el caso de Jacques Delors (entonces presidente de la Comisión después de haber sido ministro de Hacienda bajo Mitterrand) con el tratado de Maastricht. El argumento ha sido siempre el mismo: la cuestión social vendría después. Resultado: unas reglas que han agravado en Europa el impacto de la crisis y hacen pagar a los pueblos los platos rotos del sector financiero, sin garantías frente a un retroceso de la construcción europea en los próximos meses.

La idea de una Europa unida defendida, frente a los nacionalismos, por los progresistas desde el siglo xix, de Victor Hugo a León Trotsky, se desacredita por su identificación con un capitalismo cada vez más marcado por la “barbarie social”. Otra Europa es necesaria: pasa por el rechazo del TSCG y por una movilización social y política capaz de imponer medidas anticapitalistas.

Henri Wilno
* Publicado originalmente en la revista Tout est à nous ! nº 33 (junio de 2012).
Traducción: VIENTO SUR

miércoles, 18 de julio de 2012

Españoles convertidos en griegos

España, que siempre denostó a Grecia, ha sido intervenida por la troika europea y se ha convertido en un nuevo país tutelado. Merkel pregona para la Europa del Sur políticas que nunca aplicó en su país.

Ahora que ya nos han intervenido en toda regla quizá comprendamos, como país, la situación y sentir de los griegos de los que hemos estado desmarcándonos de forma tan miserable. Somos víctimas del mismo fraude que ellos: los de abajo pagando por estafas internacionales realizadas por el sector financiero y consentidas por el poder político. Los ahorros y sacrificios son para pagar las deudas de ese sector, que es internacional. Y los imponen los mismos políticos que sancionaron el casino.

Además, dentro de ese fraude social manifiestamente injusto, en Europa, especialmente en la Europa del Sur, somos víctimas de una política estúpida y miope con la que Berlín y Bruselas intentan resolver mediante devaluación interna el defecto de nacimiento del euro, una unión monetaria sin unión fiscal. El resultado es una asfixiante política de austeridad que agrava la situación. Grecia es eso. Y ahora nosotros somos Grecia.

Es verdad que el gobierno griego mintió en sus cuentas y que el gobierno español dio alas al ladrillo para mantener su “España va bien”, “superamos a Italia” y “vamos a por ti, Francia”. Son diferentes modalidades de la misma mentira. Meros detalles. No hay país europeo que no haya mentido con su economía. La mentira de Alemania es particularmente desvergonzada y a diferencia de la española o la griega, aún está por desvelar. Se trata de que la Señora Merkel pregona para sus socios cosas que no practica en su país.

Alemania hizo recortes sociales muy dolorosos en 2003, cuyo impacto en la productividad y el crecimiento fueron casi nulos. Donde sí tuvieron impacto, junto con las bajadas de impuestos a ricos y empresas, fue en la tasa de beneficio de la minoría más rica. El Estado Social alemán era, y es, una bestia mucho más rechoncha que su equivalente meridional. Había más grasa y el adelgazamiento fue menos intolerable. Los ajustes alemanes fueron dolorosos pero no tienen nada que ver, en sus plazos y en su profundidad, con lo que se ha hecho en Grecia y lo que se va a hacer ahora en España.

En 2005, la hoy canciller Merkel y entonces mera candidata de la CDU anunció en el congreso de su partido en Leipzig reformas radicales, pero cuando llegó al poder y firmó el acuerdo de coalición con los socialdemócratas, con quienes compartió su primer gobierno, decidió frenar las reformas para no sobrecargar a la gente de tal forma que los dolores de los recortes no se hicieran insoportables. De paso mandó a paseo el compromiso europeo de mantener el déficit por debajo del 3%, y, al revés, practicó una política económica expansiva.

En 2009, Alemania entró en recesión, y ¿qué hizo la Señora Merkel, que ya no gobernaba con los socialdemócratas, sino con socios tan neoliberales como ella?: estimuló la economía invirtiendo dinero en el kurzarbeit, la jornada a tiempo parcial, subvencionó al fundamental sector del automóvil con el llamado Abwrackprämie, la rebaja por compra de coche nuevo a los propietarios de modelos viejos, y metió mucho dinero en infraestructuras y escuelas sin bajar en ningún momento los presupuestos de educación.

La lista contiene todo lo contrario de lo que Merkel dice que hay que hacer en Europa: recortar, impedir mediante el corsé del Pacto Fiscal cualquier huida del compromiso de déficit, nada de programas de estímulo y castigar a la población mucho más allá de lo soportable –lo de Grecia, capítulo en el que ahora va a entrar España.

Este cinismo no es particularmente malvado ni exclusivo de la canciller: es lo que se ha hecho siempre desde los países más poderosos de Occidente: recomendar e imponer políticas, a Rusia, a América latina, al Tercer Mundo en general, que ellos nunca practicaron en casa por la sencilla razón de que la austeridad unilateral nunca ha funcionado en ninguna parte y porque las enormes tasas de paro del 20%, que Grecia y España sufren, desestabilizan las sociedades y convierten a sus gobiernos en misión imposible. Con más de quince millones de parados –el equivalente a nuestro 20%– también Alemania sería un caos y probablemente un caos mucho peor que el griego por la ausencia o extrema debilidad en Alemania de mecanismos y redes de solidaridad familiar que en el mundo mediterráneo son importantes.

Como la actual receta obviamente no funciona, hay que ir en otra dirección. Una solución podría ser la alemana, pero la de verdad, no la leyenda, y, naturalmente, adaptada a nuestras condiciones y , a poder ser, manifiestamente mejorada. Es decir, aflojar la austeridad, denunciar la deuda y no pagarla (por lo menos, en toda aquella parte manifiestamente odiosa), hacer caso omiso del estúpido Pacto Fiscal, invertir en educación y en transición energética hacia renovables de forma descentralizada y sostenible, practicar una política fiscal menos injusta que grave a los más ricos, acabar con la ignominia de los desahucios, cuidar nuestra satisfactoria sanidad, mejorar nuestras universidades y formación profesional, etc., etc.

Obviamente, para ello es preciso una sociedad despierta, activa y comprometida con tal programa. Son necesarias nuevas fuerzas políticas. Y como el caso griego ha evidenciado con sus 17 jornadas de huelga general, no basta con protestar en casa contra decisiones que vienen de fuera, sino que hay que actuar directamente contra Bruselas y Berlín, en coordinación con los sindicatos y la ciudadanía de otros países y teniendo siempre mucho cuidado en no degenerar en un nacionalismo excluyente.

Ahora que la Unión Europea quiere disolver, aún más, la soberanía nacional, los nacionalismos –catalán y español incluidos– son necesarios, pero hay que manejarlos con cuidado pues a esta fiesta acudirán no pocos vendedores de alfombras dispuestos a hacer pasar las graves cuestiones sociales e internacionales del momento por ajustes de cuentas nacionales con promesas de dorados amaneceres.

La identidad europea, si es que algún día llega a existir tal excéntrico concepto, debe forjarse desde la ciudadanía. Como el ciudadano es el sujeto de la nación, cualquier identidad civil europea seguirá siendo necesariamente nacional por varias generaciones. Así que el “más Europa” sólo puede alcanzarse desde abajo y desde las naciones –desde todas ellas, no sólo desde los Estados-nación– y no contra ellas. Un “más Europa” contra la ciudadanía y contra las naciones es lo que sugiere el último delirio de Berlín. El “más Europa” merkeliano no es más que un fraude que se agita para tapar las desastrosas consecuencias del anterior, es decir para cubrir el desastre ocasionado por la austeridad y la disciplina dirigida a pagar deudas odiosas. No creo que ni la propia Merkel se lo crea, pero algo debe decir para seguir pasando por europeísta cuando es la líder de la desolidarización europea, Habermas dixit.

Lo que está en crisis no es el euro, sino precisamente una Europa construida conforme a los mercados. Contra esa fracasada Europa conforme al mercado que se quiere profundizar –lo que evidencia que los burócratas de Bruselas no han entendido nada–, hay que inventar una Europa conforme a los ciudadanos y sus naciones. No funcionará como unos Estados Unidos de Europa, pero eso es más virtud que defecto. Será algo necesariamente ambiguo y fofo, pero ahí estará la gracia porque esa es la vía democrática.

Rafael Poch 
La Vanguardia.

martes, 17 de julio de 2012

Banco de España acumula saldo negativo de 408.420 millones de euros en los Target2


Fuga de capitales

Un informe verdaderamente lapidario y alarmante publicó ayer el Banco Central de España y, como es habitual, aún no sale ninguna nota en la prensa española. El informe da cuenta de algo que apuntábamos ayer: la quiebra total de la banca española y del gobierno español que ha corrido a socorrerla. De acuerdo al informe del BdE, la deuda de España por la vía del programa Target 2, escaló en junio a 63.314 millones de euros, alcanzando un récord de -408.420 millones de euros en contra. Si entendemos que los fondos del mecanismo de rescate que la UE prepara para el próximo año llegan a 500.000 millones de euros, sólo los pasivos del Banco de España en el programa Target2 superan el 80 por ciento del fondo. 

Esto da cuenta de la forma en que se ha intensificado la crisis en España como un momento previo al colapso de la Unión Europea en su conjunto. La banca está totalmente quebrada y paralizada y en su quiebra arrastra a los gobiernos y a los contribuyentes que se verán castigados por un aumento del IVA, tal como anticipamos, y un recrudecimiento de la crisis sin parangón que cada día se hace más insostenible. Las necesidades de capital y el financiamiento del sistema bancario español es simplemente demasiado grande y el estado difícilmente puede ser refinanciado en los mercados financieros con las actuales tasas de 7 por ciento que no tienen ningún asomo de ceder. 

El desarrollo de la balanza de Target2 para el Banco de España acumulaba en mayo un saldo negativo de -345.105 millones de euros, con el incremento en ese mes por -45.360 millones de euros. En abril el saldo en contra era de -299.745 millones de euros, lo que indica que en sólo dos meses el saldo negativo se incrementó en un 36%. A este ritmo la bomba de tiempo inició su cuenta regresiva y lo que espera para este segundo semestre y el próximo año será mucho peor a todo lo vivido en el 2008. La gran diferencia es que esta vez no habrá ninguna alternativa de socorrer a nadie (ni a bancos ni a empresas) lo que dará cuenta de un escenario desolador.

Esto es así porque los desequilibrios que se viven al interior de la eurozona siguen cundiendo y todas las propuestas han fracasado miserablemente por la cantidad de villanos involucrados que saltan de la banca a los gobiernos o de los gobiernos a la banca urdiendo fraudes cada vez más solapados como los que hemos denunciado con la manipulación de la tasa Libor, que ha llegado también al Deutsche Bank y al Euribor. Esta es la más clara señal de que el sistema está terminado y que se mantiene artificialmente a flote gracias al desconocimiento generalizado y a los formidables actos de habla de los líderes europeos. El daño ya está hecho y a estas alturas no hay forma de revertirlo.

Para el caso español, parte del abultado pasivo del Banco de España se enmarca en la masiva fuga de capitales que en los últimos 12 meses llega a 223.420 millones de euros. Frente a esto, la UE ha propuesto una “intervención suave” de los hombres de negro a cambio de una ayuda por 30.000 millones de euros que en verdad no será más que un pequeño bocado a la voracidad de los especuladores. Otro acto de habla de los líderes europeos que va directo al fracaso. 

Marco Antonio Moreno
El Blog Salmón

miércoles, 11 de julio de 2012

Se ríen de España y de los españoles

Leer las páginas económicas o incluso solo las portadas de los medios se está convirtiendo en un ejercicio de puro masoquismo: no hay manera de disimular el ridículo que está haciendo España.

Hace un mes que se aprobó el rescate de la banca española que según Rajoy resolvía el problema de nuestra economía y que mereció una surrealista felicitación del Rey Juan Carlos. En este tiempo ha habido cumbres y varias reuniones de los ministros de Economía pero hasta el momento no se han fijado ni las condiciones concretas, ni qué cantidad exacta se precisa, ni cuándo comenzará a ser efectivo. Se hacen declaraciones contradictorias diciendo un día blanco y otro negro pero siempre se insiste en lo mismo: hay que seguir rebajando gastos y derechos y reduciendo los ingresos de los trabajadores. Lo que era la solución resulta que lo ha empeorado todo y nadie, sin embargo, da cuenta de ello.

Se han reído de nosotros. El objetivo es salvar a la banca alemana, que es lo que de verdad les interesa, pero quieren hacerlo con las máximas garantías y eso obliga a que el rescate sea uno definitivo, directamente sobre la economía española y con la garantía directa del Estado. El de los 100.000 millones para los bancos no era sino una salva porque resulta infumable: nadie puede entender que si es a los bancos a quien hay que rescatar se haga responsable de ello a los ciudadanos en su conjunto. Por eso, para provocar el grande, están dejando que nos precipitemos al abismo, no porque la cuantía de nuestra deuda pública sea excesiva, como dicen, sino porque nos atan de pies y manos y nos empujan ante los inversores. Simplemente haciendo lo que está haciendo el Banco Central Europeo, nada de lo que haría un banco central auténtico, bastará para que seamos intervenidos en poco tiempo y para que nuestra economía sea puesta bajo control directo y permanente de los acreedores alemanes. Queda muy poco tiempo para que las comunidades autónomas se declaren sin liquidez y para que el propio Estado, con tipos en los mercados superiores al 7% u 8%, se reconozca incapaz de hacer frente a sus compromisos de pago. Esa es la secuencia inevitable que producen las medidas que se están tomando.

Si lo que quisieran de verdad fuese salvar a nuestra economía y al euro no harían lo que están haciendo ni nos seguirían obligando a tomar medidas que van a hundir más la demanda, la generación de ingresos, o incluso la posibilidad de que paguemos la deuda que dicen querer que paguemos. Si desearan realmente frenar la presión de los mercados bastaría que el Banco Central Europeo fuese lo que no es, y que se adoptara una estrategia de creación de actividad y empleo para toda Europa en el marco de un pacto global de rentas, pero es que no buscan eso. Quieren que la prima de riesgo siga subiendo para extorsionar más fácilmente y acelerar lo que revestirán como una situación de emergencia que no admita retóricas. Se ríen de nosotros porque lo que van buscando es someter a nuestra economía y no salvarla en un marco de cooperación y unión europeas.

La última tomadura de pelo de quienes se pasan todo el día diciendo que hay que respetar a los mercados y dejarlos que actúen con plena libertad ha sido salvar una vez más la cara de los bancos permitiendo valorar sus activos a precios “razonables” en el marco de una agencia inmobiliaria sui generis, como ya adelantamos que harían en nuestro libro Lo que España necesita. Es decir, que una vez más se pasan por el forro lo que establecen libremente los mercados que tanto dicen respetar: si el precio razonable no es el que fijan los mercados ¿para qué puñetas sirven? Se ríen de nosotros porque una vez más nos están robando delante de nuestra mismos ojos.

En España es nuestro propio gobierno quien se ríe de nosotros engañándonos sin piedad.

El Ministro de Economía alaba sin descanso a las autoridades europeas, agradece sus propuestas razonables y jura y perjura que haremos todo lo que sea necesario para contentar a los mercados, porque es lo que más nos conviene. Pero, justo al mismo tiempo, el de Asuntos Exteriores suplica al Banco Central Europeo (donde hemos perdido la influencia que teníamos, aunque tampoco podamos decir que la hayamos utilizado precisamente a nuestro favor) para que intervenga contra los mercados y ponga formes a los especuladores. Un alarde de discurso coherente y de sincera estrategia compartida. El Ministro de Hacienda, que ya ocupa la cartera por segunda vez, reconoce que ha de subir el IVA porque es un incompetente que no sabe hacer que todos paguen lo que tiene que pagar y Cospedal se consolida como la mayor y más desvergonzada demagoga del reino. Ahora carga contra la función pública sin caer en lo que ella tendría que ser la primera en recordar: que en España hay menos trabajadores públicos en relación con la población activa total que en la media de los Quince, que se gasta menos en retribuirlos, que nuestro sector público es bastante más reducido que el de los países más avanzados y competitivos de nuestro entorno, y que esos seres despreciables a los que se refiere y a los que ya está poniendo en la calle son los maestros o los médicos de los hijos de familias que no pueden pagarse servicios privados, por cierto, casi siempre de peor calidad que los públicos a pesar de que disponen de más recursos y de que no asumen todas sus cargas. Y olvidando, sobre todo, que la función pública con la que quieren acabar fue la mejor e imprescindible solución para evitar que las oligarquías de los partidos (de las que ella forma parte) se hicieran dueñas del Estado en perjuicio de la mayoría de la población.

Pobre España y pobre pueblo español, tan silencioso y obediente. Vibra de patriotismo cuando gana La Roja pero enmudece cuando le roba una potencia extranjera o cuando su gobierno le miente y le traiciona.

Juan Torres López
Público.es

Menos democracia, más recortes sociales, más pobreza generalizada

Acuerdo del Eurogrupo: dar dinero a la banca va a hacer que cada vez más gente no llegue a fin de mes

La reunión del eurogrupo, celebrada la tarde noche del 9 al 10 de julio, confirma lo que ELA denunció un mes antes, cuando el eurogrupo se reunió el 9 de junio. No se trata de un rescate, sino de un empujón al precipicio. Lo acordado en ambas reuniones (y que ahora se dice que se tendrá que concretarse más el próximo día 20) es muy grave, tanto por la forma como por el fondo. 

Nos encontramos ante un procedimiento antidemocrático. La democracia se basa en la información, en la transparencia, en la información veraz y en el debate social y político. Y en la Unión Europea ocurre justo lo contrario. Los gobiernos de la UE están de acuerdo en seguir aplicando las políticas de recortes, y han establecido un mecanismo basado en la mentira. En lugar de información hay mucha desinformación (a día de hoy todavía no se sabe el contenido de los compromisos que el gobierno español ha asumido para recibir el crédito de 100.000 millones). Se nos ha repetido hasta la saciedad que el crédito es a los bancos, lo cual es totalmente falso: el crédito es al gobierno, que lo tendrá que devolver con intereses, cuya cuantía tampoco se ha hecho pública. La opacidad sustituye a la transparencia. Y el debate social y político es secuestrado por una élite (los ministros de finanzas o los presidentes de gobierno) que entre cena y cena, con nocturnidad y alevosía, toman las decisiones que dicen que impone Bruselas. Ellos deciden cuando nos van a decir las cosas. Y como ocurrió el año pasado con la modificación de la Constitución, el periodo vacacional se habilita para ello. Nos recuerda tiempos pasados. 

El resultante es claro: el fin (aplicar los recortes) justifica los medios (la anulación de los procedimientos democráticos). Es una estrategia que trata de adormecer a la población, hacernos creer que no hay alternativa. Estamos ante una operación orquestada. Es muy grave. 

Los contenidos de lo acordado se van dando a conocer poco a poco. A falta de poder acceder a la totalidad de los mismos, sí se pueden señalar algunos aspectos: 

· Se reitera que es un préstamo al gobierno, no a la banca. El préstamo lo recibirá el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), que es un Fondo público, del gobierno español, por lo que dicho préstamo va a computar como deuda pública. 

· Se van a establecer condiciones para el sector financiero, que por una parte afectarán a todo el sistema financiero, a la vez que habrá exigencias para las entidades financieras que reciban dinero del FROB (política de bonus y dividendos, venta de activos y de oficinas, despidos, etc.). 

· Se van a establecer condiciones a las políticas públicas del gobierno. En contra de lo reiterado por los distintos responsables del gobierno español, los créditos estarán condicionados a cambios de las políticas fiscales, sociales o laborales. El comunicado emitido por el eurogrupo hace una referencia explícita a las Recomendaciones del Consejo Europeo aprobadas el pasado 30 de mayo, que instan a la reducción adicional del déficit público, reducir las cotizaciones sociales y aumentar el IVA y otros impuestos indirectos, nuevos recortes de las pensiones, más reformas laborales, etc. El gobierno de Rajoy ha anunciado que muchas de estas medidas las va a aplicar de manera inmediata. 

· Es un préstamo a plazos. De los 100.000 millones de euros que se van a prestar al gobierno, antes de finales de julio le darán 30.000 millones. El resto, en el futuro, dependerá de que se cumplan las condiciones que se fijen. Es decir, si el gobierno hace los deberes, se le dará más crédito, si no, no. Es un crédito condicionado a aplicar más recortes. Como en Grecia, Portugal o Irlanda. 

· Es un dinero que se va a dar a la banca, sin visos de que se vaya a recuperar. Ahora a Bankia le quieren dar 23.500 millones de euros. Nadie en su sano juicio puede pensar que ese dinero se va a recuperar en el futuro. Que en julio vayan a prestar al gobierno 30.000 millones tiene que ver con el agujero de Bankia. 

· Además habrá que devolver intereses, que se calculan en unos 4.000 millones de euros al año. Se habla de que el tipo de interés rondará el 4%, muy por encima del 1% al que el BCE ha prestado un billón de euros a la banca en diciembre y febrero. 

· Supone una intervención del Estado español. A partir de ahora, la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI van a evaluar cada 3 meses la actuación del gobierno y del sistema financiero. Van a tener poderes de supervisión y control, lo que supone una evidente pérdida de soberanía. Y todo por salvar a la banca. No merece la pena. 

Podemos extraer algunas conclusiones:
· Las políticas de recortes que se están aplicando en el estado español, y que se van a intensificar en los próximos días y semanas, suponen un empobrecimiento generalizado de la población. Están agravando la recesión, aumentando el desempleo, recortando la protección social y haciendo que cada vez más gente tenga problemas para llegar a fin de mes. Aumentar el IVA, o recortar las pensiones o las prestaciones por desempleo son políticas injustas que hacen que la crisis la paguen quienes no tienen responsabilidad en la misma. 

· Esta política se basa en la manipulación y en la mentira. La forma en la que se imponen a la población estas medidas antisociales, a la vez que se destinan cantidades ingentes de dinero público para la banca, deterioran la democracia debido a la ausencia de información veraz y de debate social. 

· Destinar grandes cantidades de dinero a la banca es injusto e inmoral. Supone salvar a los banqueros a costa del bienestar de la mayoría de la población. 

· Se está profundizando en un modelo de construcción europeo claramente antisocial, que ELA rechaza. 

Queremos denunciar que existe un acuerdo político de fondo para ir en esa dirección. Un ejemplo significativo de ello es la ratificación del último Tratado de la Unión Europea, realizada el pasado 21 de junio en el Congreso español, con el voto favorable de PP, PSOE, PNV o CIU. La poca relevancia concedida a un debate tan importante es también destacable. 

· Lo que ocurre en el estado español es cada vez más parecido a lo sucedido en Grecia, Portugal o Irlanda. El resultado de las políticas que se aplican en todos estos lugares es nefasto. Solo favorecen a quienes se enriquecen a costa de los recortes salariales, sociales y las privatizaciones. Quienes gobiernan deberían explicar porqué trabajan a favor de una minoría poderosa. 

· Existe una alternativa, que supone una salida justa a la crisis, y que consiste en la no aplicación de los recortes y un cambio radical de las políticas fiscales y sociales. Esta política supone confrontar con la actual lógica neoliberal y capitalista, y confrontar también con el poder económico y financiero. 

· El rechazo social y la movilización supone la única vía para cambiar las políticas. 
 
Idoia  Intxaurbe y Mikel Noval
Rebelión