viernes, 26 de octubre de 2012

Hay alternativas al rescate

A la vista de como se está presentando la situación económica en la inmensa mayoría de los medios de comunicación y de la falta de pluralidad que hay en tertulias, informativos y demás fuentes de opinión, es natural que la mayoría de la gente piense que el llamado rescate es inevitable. 

El razonamiento con el que están vendiendo su inevitabilidad es elemental: el Estado español ha acumulado una deuda muy grande, los mercados no confían en su capacidad de pago y por eso le imponen unos tipos de interés muy elevados que antes o después harán imposible que España haga frente al vencimiento de los pagos. Por eso no hay más remedio que acudir a un "rescate" en forma de un préstamo o crédito con el que el Estado enjugue sus pagos inminentes y pueda garantizar los venideros. 

A pesar de su aparente evidencia, el razonamiento hace aguas por varias partes. Sobre todo, porque la alternativa a la presión de los mercados a cuenta de nuestra deuda no es únicamente que el Estado se cargue con una aún mayor y a cambio de imponerle condiciones draconianas que van a hundir nuestra economía durante años. 

Desde luego había otras alternativas antes de que la situación llegase a la degradación actual, como hemos puesto de manifiesto en otros trabajos, y particularmente en el libro Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar social en España , y a las que no me voy a referir en este momento. 

Pero también las hay ahora, ya en situación de emergencia. 

Para bajar la prima de riesgo no hace falta rescate alguno sino simplemente que el Banco Central Europeo se comporte como una auténtica autoridad monetaria y evite que las presiones especulativas la eleven con el único propósito de obtener beneficios. Ni el nivel de deuda pública española cuando comenzaron las presiones ni incluso el actual (cercano al 90% pero mucho más bajo que el de otros países) justifica por sí mismo la presión de los mercados. Esos niveles (ahora, no lo olvidemos, más altos por la inacción del BCE) están todavía dentro de los que pueden asumirse sin demasiadas complicaciones a poco que se recupere la actividad y el ingreso, que es lo que están impidiendo, precisamente, las políticas europeas y la posición que mantiene el BCE. 

Lo que ocurre es que los dirigentes del Banco Central Europeo no actúan para evitar que siga subiendo la prima de riesgo española porque no busca resolver la inestabilidad que eso provoca sobre el euro. Lo que está haciendo en realidad es actuar como manager de los intereses de la banca privada europea que solo trata de asegurarse el cobro de la deuda privada que con ella tienen los bancos de la periferia, y concretamente los españoles. 

La presión que sufre España es la excusa que sirve para imponer un rescate que en realidad no es el rescate de España para que haga frente a su deuda soberana, sino para que financie la deuda que los bancos privados tienen con los alemanes y franceses ( 139.191 y 115.261 millones, respectivamente, a comienzos de 2012, que representan el casi el 45% de los 571.519 millones de dólares que deben). 

Si de verdad quisiéramos "rescatar" a la economía española lo que se debería hacer no es imponerle una losa de deuda aún mayor, más recortes en el gasto público que se requiere para que las empresas puedan crear empleos y los ciudadanos vivir dignamente, y, en definitiva, frenar aún más la actividad económica que se necesita para crear ingresos, empleo y proporcionar bienestar social. 

Lo que habría que hacer serían otras cosas: recuperar inmediatamente la demanda y hacer que las empresas y consumidores dispongan también de inmediato de la financiación que necesitan. Y además, como ya he explicado en otros textos, avanzar para que la actividad que se recupere sea de nuevo tipo, vertebradora y sostenible y que no reproduzca los males que provocaron la situación en la que estamos. 

Esos tres objetivos (demanda suficiente, financiación adecuada y cambio de modelo) se podrían conseguir incluso en el muy corto plazo si en lugar de dejarnos llevar por el fundamentalismo neoliberal que nos invade nos dedicásemos a innovar y a concretar las diferentes propuestas alternativas que muchos economistas, personal o colectivamente, están ofreciendo. 

Como una muestra más de que estas alternativas al rescate existen, de que son viables y de su efecto mucho más positivo para la economía y la sociedad española, quisiera referirme brevemente a la que acaba de divulgar Antonio Quero, alto funcionario europeo y militante socialista, con muy amplia experiencia política y de gestión (se puede ver con detalle en Bases para un Acuerdo Nacional para la salida de la crisis y la defensa de la soberanía económica ). 

En resumidas cuentas, su propuesta se basa cuatro ejes principales.
En primer lugar la creación de 3 millones de empleos y 2,5 millones de puestos de formación para jóvenes, principalmente poniendo en marcha un innovador sistema de anticipo subvencionado de contrataciones a las empresas, nuevos sistemas de rotación-sustitución, un fondo de inversiones para la creación y expansión de empresas y planes de eficiencia energética y de empleo juvenil. 

En segundo lugar, un estímulo inmediato de la demanda incrementando la renta disponible familiar mediante la rebaja temporal de hipotecas y alquileres al 20% de la renta de las familias con ingresos menores a 3.000 euros mensuales. Una medida que inmediatamente permitiría incrementar la demanda agregada en 48.750 millones en tres años. 

En tercer lugar, la generación de 75.000 millones de euros anuales de recursos públicos adicionales mediante una reforma del modelo bancario actual consistente básicamente en separar, por un lado, la captación de depósitos y, por oto, la concesión del crédito. Para ello se crearía inmediatamente una Central de Depósitos que garantizaría la integridad del sistema y haría innecesario cualquier tipo de rescate y que permitiría que inmediatamente comenzase a fluir el crédito a empresas y familias así como financiar sin problemas la deuda del Estado. 

Finalmente, se propone blindar la inversión en educación y en I+D+i porque constituye la base imprescindible para mejorar el futuro de nuestra economía y el progreso de nuestra sociedad. 

Si a todo ello se añade una reforma fiscal en la línea de la que proponen los técnicos del Ministerio de Hacienda, que permitiría obtener 63.000 millones de euros adicionales al año, el Estado y el conjunto de nuestras empresas y consumidores podrían ir generando de modo inmediato ingresos suficientes para salir de la situación en la que estamos sin necesidad de un rescate traumático, injusto y claramente contrario a los intereses nacionales. 

La cuestión es clara: no se aplican medidas alternativas no porque no las haya sino porque se quiere utilizar el rescate para beneficiar a los grupos sociales privilegiados y no al conjunto de la sociedad. 

Juan Torres López
Nuevatribuna.es

domingo, 21 de octubre de 2012

El expolio de Europa

¿Crisis? ¿Qué crisis? Los cafés, las terrazas, los restaurantes no se quedan vacíos, los turistas se atropellan en los aeropuertos, se nos habla de récords de exportaciones, de que el paro disminuye. La gente bosteza ante la “cumbre” política de cada semana y las oscuras disputas de los expertos.

Es manifiesto que casi nadie se percata de que los países europeos ya no están gobernados por instituciones que cuenten con una legitimidad democrática, sino por una ristra de siglas que han ocupado su lugar. Ahora mandan el MEDE, el FEEF, el BCE, la ABE y el FMI. Solo los iniciados llegan a comprender quién hace y cómo en el seno de la Comisión Europea y del Eurogrupo. Todos esos organismos no figuran en ninguna constitución del mundo y no asocian a los electores a su toma de decisiones.

Produce escalofríos la indiferencia con que los europeos aceptan que se les despoje de su poder político. A diferencia de las revoluciones, los golpes de Estado y los alzamientos militares, que no escasean en la historia de Europa, esta desposesión se está llevando a cabo sin ruido y sin violencia. Todo ocurre pacíficamente, en un reservado.

Ya no asombra a nadie que no se respeten los tratados. De las reglas existentes, como el principio de subsidiariedad establecido por el Tratado de Roma o la cláusula que prohíbe los rescates financieros en el de Maastricht, se hace caso omiso cuando hace falta. El principio pacta sunt servanda [hay que respetar lo pactado] se convierte en un eslogan carente de significado.

La abolición del Estado de derecho queda clara en el tratado fundacional del MEDE (el Mecanismo Europeo de Estabilidad). Las decisiones de los pesos pesados de esta “sociedad de rescates” tienen validez inmediata y no están sujetas al consentimiento de los parlamentos. Se les llama “gobernadores”, como era habitual en los antiguos regímenes coloniales, y, como en estos, no tienen que rendir cuentas ante la opinión pública.  Están exentos de control judicial o legal. Y gozan de un privilegio que no posee ni el jefe de la Camorra napolitana: la inmunidad penal absoluta (según los artículos 32 a 35 del tratado fundacional del MEDE).

El expolio político de los ciudadanos empezó cuando se introdujo el euro, incluso antes. Esta moneda es el fruto de maquinaciones políticas que no han tenido en cuenta las condiciones económicas necesarias para poner en marcha semejante proyecto.

Lejos de reconocer y corregir las malformaciones congénitas de su creación, el “régimen de los rescatadores” insiste en la necesidad de seguir a toda costa la hoja de ruta establecida. Proclamar que no tenemos “otra salida” viene a ser negar el peligro de explosión inducido por el aumento de las disparidades entre los Estados miembros. Las consecuencias se dibujan en el horizonte: división en vez de integración, resentimiento, animosidad y reproches en vez de concertación. “Si el euro se hunde, Europa se hunde”. Este eslogan inepto trata de movilizar a un continente de quinientos millones de habitantes en la empresa azarosa de una clase política aislada, como si 2000 años no fuesen nada comparados con una moneda inventada hace muy poco.

La “crisis del euro” prueba que esto no acabará con el expolio político de los ciudadanos. Su lógica quiere que conduzca al expolio económico. La gente baja a las calles en Madrid o Atenas porque no le queda otro remedio. También ocurrirá en otras partes.

Se ha cortado el paso a las opciones prudentes que hasta ahora se han propuesto. A la idea de una Europa a varias velocidades se la ha perdido ya de vista. Las cláusulas de salida sugeridas con la boca pequeña jamás han encontrado un lugar en los tratados. La política europea ha humillado el principio de subsidiariedad. Esa palabra significa que, de la escala municipal a la regional, del Estado-nación a las instituciones europeas, siempre debe ser la instancia más cercana a los ciudadanos la que mande dentro de su marco de competencias, y los niveles superiores no deben heredar más competencias reglamentarias que las que no se puedan ejecutar en otros niveles.

Pero los 500 millones de europeos no capitularán sin haber opuesto resistencia.

Este continente ya ha superado conflictos más sangrientos que la crisis actual. Salir del callejón donde nos han arrinconado los apóstoles tendrá un coste y no se logrará sin conflictos y sin dolorosos recortes. El pánico es el peor de los consejeros, y quienes predicen que Europa va a entonar su canto del cisne ignoran las fuerzas que tiene. Antonio Gramsci nos ha dejado esta máxima: “Al pesimismo de la inteligencia tiene que acompañarle el optimismo de la voluntad”.

Hans Magnus Enzensberger
Ensayista y periodista
CCS (Centro de Colaboraciones Solidarias)

jueves, 18 de octubre de 2012

¿Premio Nobel de la Paz para la Unión Europea?

¿Creíamos que lo habíamos visto y oído todo, que estábamos curados de espanto? Pues no, todavía hay margen para la sorpresa: La Unión Europea (UE) ha recibido el Premio Nobel de la Paz. Es posible que con este galardón se haya pretendido contrarrestar el continuo y creciente desapego de la población hacia las instituciones comunitarias. Pero, cualquiera que haya sido su propósito, ¿qué méritos acredita la UE para hacerse merecedora de este premio, con esta carga simbólica?

En mi opinión, el término “Paz” se convierte en un recurso retórico y vacío de significado si, al mismo tiempo que se proclama (y se reparten medallas), se están degradando las condiciones de vida de buena parte de la población. Y esto es justamente lo que está sucediendo en la UE, con mayor o menor intensidad, dependiendo de los países. Y no vale como excusa que los mercados, como si fueran un “objeto volante no identificado”, impusieran sus lógicas, sus exigencias o su racionalidad a unas instituciones, las comunitarias, que conservarían en su código genético su vocación redistributiva de antaño y, por lo tanto, su pretensión de impulsar la cohesión social. ¿Los mercados habrían capturado las instituciones? No, lo cierto es que los intereses de unos y otras se funden y se confunden configurando un magma de intereses indisociable.

Sólo así cabe explicar las políticas implementadas desde Bruselas y que suponen un ataque inédito, sin límites, sin tregua a las políticas de bienestar social: drásticos recortes del gasto público en educación y salud, reducción del subsidio en concepto de desempleo y de los recursos canalizados hacia otras prestaciones sociales, alargamiento de la edad de jubilación y pérdida de capacidad adquisitiva de las pensiones, merma de los salarios de los trabajadores… y así una larga lista de tijeretazos que apuntan en la misma dirección.

Y todo ello en nombre de la “austeridad”, necesaria, nos dicen, para salir de la crisis. Más bien, las falacias y las mentiras de la austeridad. No caben otros apelativos cuando, transcurridos cinco años desde que estallara la crisis, la situación no ha dejado de empeorar. No sólo ha pasado el tiempo sin que los resultados esperados por los gobiernos se hayan materializado, sino que en ese tiempo se ha encauzado una gran cantidad de recursos públicos en apoyo de los grandes bancos; sí, de aquéllos que están en el origen mismo de la crisis, sin exigencias, sin contrapartidas.

Además de esta sangrante paradoja, las instituciones comunitarias y la mayor parte de los gobiernos europeos mantienen, imperturbables, con más vehemencia si cabe, el mantra de “más esfuerzo, más restricciones”; proclama que se escapa a la lógica de la razón y del razonamiento económico, y que sólo podemos entender, que no justificar, si consideramos los intereses y, por qué no decirlo, los negocios en juego.

En estos años de sufrimiento y frustración para buena parte de la población la polarización social y la concentración de la renta y la riqueza no han dejado de aumentar. No todos pierden con la crisis; atención: no estoy diciendo que no todos pierden en idéntica proporción, sino que algunos grupos están cosechando grandes beneficios, no sólo en términos económicos sino también políticos. De hecho, esta crisis ha abierto para las élites económicas y sociales un  escenario de oportunidades apenas imaginado o incluso soñado hace unos pocos años.

Es dudoso que las muy mal denominadas políticas de austeridad consigan la meta    que, al menos en apariencia, las justifican: la recuperación del crecimiento. Pero es seguro que están facilitando la consecución de otros objetivos que, claro está, no se formulan de manera explícita, quedan diluidos y convenientemente ocultos en una retórica tan vacía y engañosa como eficaz: “todos tenemos que arrimar el hombro”.

Pero, más allá de esa retórica, lo cierto es que las grandes corporaciones se han apoderado de mercados y recursos “liberados” por las empresas más afectadas por la recesión; los grandes bancos han recibido enormes cantidades de dinero procedente de las arcas públicas y del Banco Central Europeo; las remuneraciones de los equipos directivos y de los grandes accionistas, monetarias y en especie, han continuado creciendo sin control alguno y, por supuesto, sin que se hayan visto contaminadas por las llamadas a la austeridad; la  fiscalidad sobre el capital, los beneficios y los patrimonios continúan disfrutando o incluso han reforzado su estatus privilegiado; y el espacio europeo –las instituciones y las políticas- están cada vez más al servicio de los países ricos, sobre todo de Alemania, de los lobbies empresariales y financieras, de la burocracia comunitaria  y de las agencias monetarias y financieras internacionales.

Podemos mirar en otra dirección, podemos ensalzar una Europa social y redistributiva que sólo existe en la cabeza de algunos europeístas de salón. Pero esta Europa, la que realmente existe, está practicando una violencia continua y creciente contra los trabajadores. Conceder a la UE el Nobel de la Paz, además de un sinsentido y de un gesto de cinismo, es un paso más, y me temo que no será el último, hacía el descrédito, ya muy profundo, de las instituciones comunitarias.

Fernando Luengo
EconoNuestra

lunes, 15 de octubre de 2012

El MEDE, la consolidación del golpe de estado financiero en la UE

El 8 de octubre empezó a funcionar el MEDE (Mecanismo Europeo De Estabilidad), una nueva institución financiera intergubernamental que tiene como objetivo garantizar la solvencia de los estados miembro facilitándoles crédito y asumiendo las funciones hasta ahora desempeñadas por el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera y el Mecanismo Europeo de Estabilidad Financiera. La creación del MEDE ha sido posible gracias a la modificación del artículo 136 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea que se llevo a cabo en 2011 para “salvaguardar la estabilidad de la zona euro” e introducir “condiciones estrictas” para los beneficiarios de la ayuda financiera. 

El MEDE debe convertirse en una especie de Fondo Monetario Internacional para los estados miembros de la UE. La capacidad de crédito inicial prevista es de 700.000 millones de euros, de los cuales 80.000 procederan de la aportaciones directas de los estados y el resto se alcanzaran mediante capital “movilizable” y garantías, es decir, comprometiendo futuras cuotas de los países antes de haberlas ingresado. Las explicaciones técnicas sobre la capacidad de crédito del MEDE son, como es habitual en estos casos, auténticos jeroglíficos para la ciudadanía. Ni la información resulta de fácil acceso, ni es comprensible para la gran mayoría de personas que acabaran sufriendo las consecuencias del funcionamiento de esta institución, ni el tema tiene la relevancia mediática que merece, atendiendo al atentado contra el funcionamiento de las instituciones democráticas que supone el articulado del tratado fundacional del MEDE.

El único debate sobre el MEDE que ha tenido cierta repercusión ha sido el rechazo de Alemania a la propuesta inicial de que esta institución pudiera requerir capital ilimitado de los estados miembros para ampliar su capacidad de crédito. A pesar de que organizaciones ciudadanas presentaron multitud de recursos de inconstitucionalidad por considerar que el MEDE agrede la soberanía de las instituciones democráticas, el Tribunal Constitucional Alemán abrió las puertas a la firma del tratado exigiendo tan sólo una modificación: que se fijará un límite a la aportación alemana de 190.000 millones de euros (efectivo más avales). Más allá de esta cifra, la contribución deberá ser votada en el Parlamento. El resto de recursos han sido rechazados considerando que el MEDE es creado el 11 de julio de 2011 por los ministros de Finanzas de la zona euro actuando como representantes de la soberanía de sus respectivos estados.

Pero el texto del tratado por el que se constituye el MEDE contiene otros muchos aspectos preocupantes des de el punto de vista político y de calidad democrática que escapan al debate de las cifras. Según el articulado inicial, que todos los diputados y diputadas el Europarlemento han tenido en sus manos, el MEDE, sus propiedades y sus activos, van a gozar de una inmunidad total frente a los estados miembro. No podrán ser objeto de ninguna forma de acción legal en su contra ni podrán ser “intervenidos, confiscados o embargados” ya sea por vía ejecutiva, judicial, administrativa o legislativa. Lo cual coloca a esta institución, creada a la sombra de la opinión pública europea (si es que existe tal cosa), fuera del control de las instituciones de las ya debilitadas democracias liberales estatales. En el terreno de las responsabilidades personales, el tratado establece que directores, subdirectores, director ejecutivo y demás empleados del MEDE serán inmunes a cualquier tipo de proceso legal por actividades ejercidas en el desempeño de sus funciones, y gozarán de inviolabilidad de sus archivos y documentos oficiales. Lo que significa que los tribunales de los países europeos no podrán, bajo ningún concepto, investigar las actividades profesionales de los altos cargos del MEDE.

Esta institución, que tendrá su sede en Luxemburgo, cristaliza la subordinación de toda forma de ejercicio de la soberanía popular en Europa a las necesidades financieras que, ante la deriva de los acontecimientos, son las necesidades de los grandes bancos. Las condiciones ligadas a los créditos y la conversión de deuda privada en deuda pública, consolida el golpe de estado financiero que vive la Unión Europea como consecuencia del profundo déficit democrático que arrastra desde su fundación.

Albert Sales e Inés Marco
Rebelión

sábado, 6 de octubre de 2012

El euro y la evolución del desempleo en Europa

Desempleo en Europa 1983 - 2012

El desempleo ha aumentado de manera significativa en Europa en los últimos años y toda la fuerza de contención que creó la introducción del euro el año 2001 se ha desvanecido. Como muestra esta gráfica, el euro aportó notoria estabilidad hasta el estallido de la crisis subprime. Pero, desde entonces, cada país ha retomado su senda anterior confirmando que la estabilización del empleo debe mucho al efecto burbuja que significó la implantación del euro. El crédito barato que inundó de dinero a países como España, Grecia e Irlanda ayudó a generar falsas expectativas de bienestar. Ahora con el desempleo en niveles históricamente altos y con una economía en fuerte contracción, el euro juega también un rol apremiante.

La abundancia del crédito que generó en los años del boom ayudó a elevar el nivel de empleo y aumentar el crecimiento. Pero todo se hizo por caminos de desequilibrio financiero que tarde o temprano se agotarían. Ahora se constata que todo ello no fue más que un castillo de naipes levantado sobre una base muy débil amparada en la inconsistencia del sistema financiero. Una vez descorrido el velo de ese espejismo ha emergido la fuerza rotunda de lo real desvaneciendo toda la ilusión de una década. La gran paradoja es que la gran beneficiada de la crisis ha sido la banca por la vía de los rescates públicos con cargo a los contribuyentes. La banca no solo ganó en su proceso de hinchar la burbuja sino que ha seguido ganando en su derrumbe. En la siguiente gráfica vemos en detalle el desempleo en el período 1999-2009.

Desempleo en Europa 1999-2009

Esta gráfica permite apreciar la evolución del desempleo en el período de mayor expansión del euro. Sólo España y Alemania alcanzaron por momentos niveles de desempleo del 11,5 por ciento. Pero mientras el desempleo de Alemania se ubica hoy en el 5,5 por ciento, el de España supera el 25,1 por ciento. Y Alemania no está libre de este flagelo como apuntamos aquí. Ahora es el FMI el que ha comenzado a reducir las perspectivas económicas para Alemania, y los inversionistas anticipan que España quebrará como Grecia y Francia será el próximo en caer. La deuda que ha infligido la banca a los Estados ha sido un veneno mortal. 

Por eso que el futuro de Europa se hace cada vez más incierto dado que la espiral del desempleo es un camino sin salida en el cual el euro ha desempeñado un rol central. Todos los lideres se han empeñado en rescatar a la banca, cuando de lo que se trata es de rescatar a la economía real si es que se quiere inyectar vida a la moneda única. Se han cumplido cinco años de crisis, cuatro años desde la quiebra de Lehman Brothers, tres años desde los primeros traspiés de las finanzas griegas, y no se han logrado grandes avances por defender en forma errónea el rol del euro.

El desempleo es hoy una de las mayores dificultades que enfrentan los países del mundo y también una de las principales fuentes de profundización de la crisis que pone en riesgo la propia existencia de la moneda única. A medida que la crisis se extiende, lejos de encontrar vias de salida, la situación se profundiza porque no se asume que éste es el problema central de la economía. Las consecuencias a largo plazo del desempleo pueden ser devastadoras no solo en términos económicos sino también en términos sociales y políticos. Salvar al euro pasa no solo por salvar a una banca zombi y famélica sino más bien por inyectar vida a la economía real que es la que genera empleo y da sentido al sistema financiero.

Marco ANtonio Moreno
El Blog Salmón

domingo, 30 de septiembre de 2012

Todo el miedo del mercado es porque España ya fue rescatada en secreto

Balance Target2

El miedo que se ha apoderado de la eurozona por el eventual rescate a España y sus dramáticas consecuencias oculta un hecho crucial: España ya fue rescatada por el BundesBank y eso lo sabe el mercado. Aunque la inmensa mayoría lo ignora. Como muestra esta gráfica con los datos del balance Target2, España ha recibido la friolera de 428.617 millones de euros, suma que ha disparado los pasivos del BundesBank a 751.449 millones de euros. Una cifra que es 50 veces mayor a la que durante toda una década se permitió el banco central alemán, desde 1999. 

Esto indica que España ya fue rescatada en secreto y los temores que infunde el temido anuncio del presidente Mariano Rajoy, es que un país dificilmente puede ser rescatado dos veces, si en verdad se han agotado todas las lineas de crédito existentes. Simplemente, el gobierno no ha hecho bien las cosas, y todo pasa a ser cuestión de tiempo hasta que los mercados se calmen o den el asalto final.

Saldo de España con Eurosistem

Uno de los guarismos que da más fuerza a estos temores es el de la prima de riesgo. Si el Banco Central Europeo ha recurrido a la compra de bonos soberanos para mantener la estabilidad, y si el principal banco de Europa ha inyectado dinero por la vía de los Target2, ¿qué más esperan los mercados?

Riesgos soberanos y cambiarios

En un contexto de unión monetaria como el planteado por la UE, y como lo demuestra el masivo apoyo del BundesBank (más de 751.000 millones de euros en los Target2), no debería existir miedo ante la insolvencia de países como España o Italia, dado que están respaldados desde el corazón de la Unión Monetaria Europea. 

Por eso que las variaciones en la prima de riesgo de los bonos soberanos (España volvió a los 460 puntos, y el 6 por ciento de interés, cifras inadmisibles) ya no está reflejando el riesgo de insolvencia de estos países (cubierto por el BCE y los Target2) sino el riesgo del tipo de cambio. Los mercados ya anticipan una ruptura del euro y otorgan a cada país la tasa que correspondería a su retorno a la moneda nativa.

De ahí que importe tanto el tema de la fuga de capitales y el sangramiento que sufre la banca española por esta vía que, como señalamos ayer, ha visto esfumarse en los últimos 13 meses la suma de 331.226 millones de euros de las arcas españolas, suma equivalente a un tercio del PIB español.

Evolución pasivos del BundesBank

En esta gráfica se presenta la evolución de los pasivos del BundesBank, desde 1990 hasta agosto de 2012. Como vemos, durante una década el BundesBank movilizó una media de 10.000 a 20.000 millones de euros y acuñando pasivos en ese orden. Sin embargo, desde el estallido de la crisis, y sobretodo desde noviembre de 2007, el BundesBank se ha convertido en un acreedor neto de los otros países y, sobretodo, de España, país al cual ha ido destinado el 57% de los Target2.

El campo de batalla del euro

Como hemos advertido desde los inicios de la crisis, estamos ante una batalla campal entre los mercados y las autoridades. Mientras los mercados apuestan por el término de la zona euro y el fin de la moneda única, Alemania está prácticamente sola defendiendo la integridad del euro y la importancia de una moneda común como emblema de una futura unión política y fiscal. 

¿Quien ganará la contienda? ¿Serán los mercados que harán jugosas ganancias con los diferenciales euro/dracma o euro/peseta cuando se liquide la eurozona? ¿O será Alemania la que impondrá su linea dura para defender su moneda y no hundirse en el fracaso de los otros países? Porque el futuro del euro también pasa por asumir el fracaso neto de los países hoy deficitarios y rendirse a los que tienen superávit. Alemania está obligada a defender la integridad del euro por cualquier víia. 

Todo está por verse. Lo cierto es que España se ha convertido en el campo de batalla central para la supervivencia de la zonaeuro. Y esto está alentado fuertemente por la fuga de capitales, que ha pasado a superar con creces la fuga de capitales vivida en los países asiáticos en 1997. En esos momentos, el país más afectado, Indonesia, alcanzó a tener una fuga del 22 por ciento del PIB. En la actual crisis Europea, España ya ha superado el 33 por ciento del PiB. Es un dato para tener en cuenta en la hora del segundo rescate.

Marco Antonio Moreno
El Blog Salmón

domingo, 23 de septiembre de 2012

La receta del BCE para Europa. "Austeridad para el pueblo, bienestar para los bancos"

El tratamiento despiadado por parte del Banco Central Europeo de los Estados endeudados contrasta con su apoyo a los bancos. Andrew Bowman y Leigh Phillips analizan cómo los bancos centrales han utilizado la crisis para asumir un nuevo papel, que va desde apuntalar a banqueros a derribar gobiernos. 
 Traducido para Rebelión por Christine Lewis Carroll.

Mientras la Eurozona se balancea al borde del precipicio, continúa la construcción, en el distrito financiero de Frankfurt, de la nueva sede del Banco Centro Europeo (BCE). La fecha de terminación está prevista para 2014 y el rascacielos de 185 metros de altura y diseño futurista tendrá el doble de espacio para oficinas que el edificio actual del BCE, el Eurotower. Encarna las expectativas de futuro de la moneda única precisamente para la institución que, sin ella, no tiene futuro. 

A medida que se ha ido desplegando la crisis financiera en los últimos cinco años, la prensa y el debate político han concentrado su atención en las acciones de los dirigentes políticos nacionales. Sin embargo, los funcionarios en la trastienda del banco central han sido muchas veces unos personajes muy influyentes. 

En ninguna parte es esto más cierto que en el BCE. Los procesos de toma de decisiones en la Unión Europea (UE) son incapaces de reconciliar los intereses nacionales y paneuropeos y en ausencia de una política fiscal para la Eurozona, el BCE ha llenado la brecha.

Todos han recurrido al BCE: primeros ministros que no saben cómo controlar los intereses sobre los préstamos en sus países, los bancos que necesitan liquidez durante la prolongada crisis crediticia y la más escurridiza de todas las entidades, ‘los mercados’, que buscan ‘una vuelta a la confianza’. Junto con la Reserva Federal de USA y el Banco de Inglaterra el BCE ha actuado como un sistema de soporte vital para el inflado sector financiero de occidente.

Los bancos centrales son las instituciones con más poder político, aunque no se les inspecciona adecuadamente, del capitalismo contemporáneo. Esto es porque no se espera que los bancos centrales sean poderosos en sentido político. El sistema moderno de los bancos centrales se base en la suposición de que se componen de tecnócratas políticamente neutros, que sus actividades se limitan fundamentalmente al control de la inflación de precios mediante mecanismos simples y que, como tal, pueden operar independientemente de controles políticos formales.

Con la crisis, se ha roto en pedazos este guión, puesto que los bancos centrales, en particular el BCE, se han salido de sus papeles convenidos con el fin de desempeñar varias funciones controvertidas: proveedor de bienestar indefinido y sin contrapartidas para el sistema bancario; el árbitro principal en la deuda soberana -con la capacidad de derribar gobiernos-; y en el caso del BCE el defensor más directo de la austeridad fiscal democrática. Ha llegado el momento de examinar esta situación con más detenimiento.

Antecedentes
Desde el establecimiento de los primeros bancos centrales en el siglo 18 han tenido siempre una relación tirante con la política. Sus deberes, métodos e independencia se han renegociado periódicamente: desde el papel original de ayuda al Estado para conseguir financiación para la guerra; a un ‘banco de bancos’ independiente durante el patrón oro previo a 1914; y un siervo del crecimiento estatal y las políticas de empleo de la posguerra. La crisis de stagflation [cuando se produce un estancamiento de la economía y el ritmo de la inflación no cede] de los años 70 y el triunfo político del neoliberalismo acarreó un enfoque ‘monetarista’ más limitado, donde se atajaba la inflación mediante el control de la cantidad de dinero disponible y, más tarde, los tipos de interés a corto plazo. 

La independencia formal de las influencias corruptoras de la política democrática -que se consideró responsable de la incapacidad de los bancos centrales de controlar la inflación de los años 70- llegó a ser la meta. El papel histórico como guardián de la estabilidad financiera fue menos prioritario porque se suponía que la innovación financiera que sembraba riesgo y los avances en la ‘ciencia’ de la política monetaria harían menos probables las crisis financieras.

El BCE soporta estas influencias, pero se le considera más como hijo del Bundesbank alemán. La estabilidad monetaria es un tema sensible en la historia alemana. La hiperinflación preparó el camino para la extrema derecha en los años 30 y los éxitos económicos iniciales de Hitler implicaron que se obligase al Reichsbank a financiar el rearme. Después de la guerra se abolió al Reichsbank, gran parte de la gigantesca deuda alemana se canceló dentro del Plan Marshall y el Bundesbank independiente se estableció para asegurar que nada de esto se repitiera. 

El Bundesbank, enemigo de la inflación y que consideraba las políticas fiscales expansionistas como peligrosas, fue parte íntegra del Ordoliberalism [variante alemana del neoliberalismo]. Se declaró responsable del wirtschaftswunder [prodigio económico] de la Alemania de la posguerra, frustró a sucesivos cancilleres alemanes y convirtió al marco alemán en la moneda fuerte de Europa. La política monetaria de todo el continente siguió al Bundesbank con ciclos constantes de ajuste de la moneda. 

El euro se suele representar como un proyecto político de un idealismo ingenuo o un aparente imperialismo nefario. Sin embargo también nació al amparo de objetivos menos románticos de política monetaria: para acabar con la inestabilidad de los tipos de cambio y la especulación con las divisas; para dar a Alemania una moneda más débil con el fin de impulsar sus exportaciones; para liberar a Francia de la subordinación al Bundesbank; y para reducir los impedimentos a la inversión.

La salida del marco alemán no fue fácil para Alemania. A Helmut Kohl se le atribuye haber dicho a Mitterand durante las discusiones sobre la moneda única: “El marco alemán es nuestra bandera. Es el fundamento de la reconstrucción de la posguerra. Es parte esencial de nuestro orgullo nacional; no tenemos mucho más”.

Para aplacar las preocupaciones, el BCE se localizó en Frankfurt con una estructura de gobierno y atribuciones similares al Bundesbank, lo que incluía el objetivo primario de estabilidad en los precios. Se sugirió que la moneda única no funcionaría si la política monetaria estuviera sometida al regateo entre los distintos gobiernos nacionales. Por lo tanto, mientras los bancos centrales nacionales implementaban las operaciones monetarias, el BCE tomaría sus decisiones independientemente de los gobiernos mediante la combinación de un consejo de administración de seis personas y los representantes de los bancos nacionales centrales de la Eurozona. Sus reuniones de toma de decisiones serían secretas. Su constitución declaraba ilegal que el BCE siguiera instrucciones de las instituciones de la Comisión Europea o los gobiernos nacionales o que se financiaran los gastos de los Estados miembro al comprar sus bonos. En ausencia de una autoridad fiscal de contrapeso, el BCE se encontraba entre los bancos centrales más poderosos del mundo y sin rendir cuentas a nadie.

La gestión de la crisis: hacer cumplir las medidas de austeridad.
El euro no planteó inicialmente ninguno de los problemas que sus detractores habían vaticinado. La Eurozona participó en la llamada ‘Gran Moderación’ de la primera década del siglo 21: crecimiento estable, baja inflación, bajos tipos de interés y una moderada regulación financiera. La credibilidad de los banqueros centrales subió e igual que la Reserva Federal y el Banco de Inglaterra se convirtió en cheerleader de los servicios financieros.

Jean-Claude Trichet, presidente del BCE en los momentos del auge económico, aseguró a los dudosos que la integración allanaría los desequilibrios económicos de la Eurozona y que el capital se trasladaría automáticamente donde pudiera utilizarse con más eficiencia sin una redistribución fiscal políticamente controvertida. Las mayores tasas de crecimiento de Irlanda, Grecia, España y otros en los primeros años del siglo 21 parecen confirmar esto. Los mayores bancos de inversión prosperaron al trasladar capital de las naciones del norte de Europa que arrojaban excedentes presupuestarios -en especial Alemania- para invertirlo en las burbujas crediticias de la periferia de la Eurozona. Junto con las burbujas, se ignoraron en gran medida las diferencias crecientes en los balances de pago, los sueldos y la inflación.

La arrogancia precrisis de los banqueros centrales se apoyó en la capacidad de predicción de la economía monetaria que -como la economía en general- había llegado a ser más esotérica y algebraica. Esto también reforzó las alegaciones de neutralidad política. Después de la crisis la fachada se derrumbó.

El BCE respondió a la crisis crediticia de 2007 con una provisión de liquidez bancaria que continuó en los años posteriores. A diferencia del Banco de Inglaterra y la Reserva Federal, no se lanzó a la compra masiva de bonos del Estado -flexibilización cuantitativa- a causa de su mandato de no financiar gobiernos, ya que ésta desincentiva la prudencia presupuestaria. El BCE siguió a Angela Merkel al calificar la flexibilización cuantitativa anglosajona como un riesgo inflacionista.

La crisis de la deuda de la Eurozona que empezó en Grecia en mayo de 2010 forzó un cambio de rumbo. El BCE tuvo que escoger entre (1) meterse en el mercado de bonos y monetizar los bonos de Estado de la zona periférica con el fin de reducir el coste de pedir prestado y los riesgos de suspensión de pagos de los bancos que sostenían la deuda (anatema de los principios del Bundesbank) o (2) contemplar la posible desintegración de la unión monetaria.

Decidió meterse en el mercado con la compra por valor de 74.000 millones de euros de deuda pública griega, portuguesa e irlandesa mediante el Securities market programme (SMP) en el mercado secundario de bonos (la compra de bonos a titulares que no son los gobiernos). La demanda cayó en picado a consecuencia de los desastrosos programas de austeridad y los llamamientos a la acción por parte del BCE han sido implacables. Cuando el programa SMP se detuvo en marzo de 2011, los rendimientos de los bonos volvieron a subir. Cuando la crisis llegó a España e Italia y el mecanismo europeo de estabilidad financiera (el fondo de rescate temporal de la UE) se mostró inadecuado, el BCE volvió a intervenir y compró en el verano de 2011 deuda soberana con problemas por valor de 210.000 millones de euros al ritmo de aproximadamente 14.000 millones a la semana.

Sin embargo, el BCE ha utilizado su poder selectivamente; Merkel lo atacó por ser demasiado indulgente mientras Sarkozy y Cameron (éste imploró que el BCE usara la “gran bazuca”) lo hicieron justo por lo contrario. Las peleas sobre el tamaño del SMP crearon discordia dentro del BCE, lo que provocó la dimisión del economista jefe alemán del BCE, Jürgen Stark, y Axel Weber del Bundesbank.

Para los pueblos de los países de la periferia de la Eurozona, las acciones del BCE han tenido su precio: la austeridad. Al BCE se le conoce por su alergia a cualquier insinuación de interferencia política en sus asuntos. Pero Frankfurt no tiene inhibiciones cuando se trata de los asuntos de los gobiernos democráticamente elegidos en los que interviene habitualmente. El presidente actual del BCE, Mario Draghi, sigue a su antecesor al reiterar la falacia de que el gasto irresponsable de los gobiernos ha causado la crisis -un análisis que los exonera convenientemente de sus propias deficiencias- y hace hincapié en el mensaje de cómo hay que tratar a los receptores de rescates.

La mayoría de los ciudadanos de los ‘países del SMP’ -que quiere decir que han perdido soberanía a cambio de los rescates- estará familiarizada ya con la temida llegada trimestral de los inspectores de la Troika (los controladores de la austeridad y los ajustes estructurales procedentes de la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el BCE). Después de contemplar esta rendición humillante y casi completa de la soberanía fiscal, el primer ministro portugués, José Sócrates, y más recientemente su homólogo español, Mariano Rajoy, negó la posibilidad de sufrir una indignidad similar. Un golpe de estado financiero perpetrado por el BCE metió en vereda a Sócrates.

“He visto lo que pasó a Grecia e Irlanda y no quiero que ocurra lo mismo en mi país. Portugal se las arreglará solo; no será necesario un rescate”, afirmó. Pocos días después de sucumbir en abril del año pasado, se supo que el jefe del BCE había impuesto su voluntad al quitar el tapón al Estado. Cuando los bancos portugueses anunciaron que ya no comprarían bonos si Lisboa no pedía el rescate, Sócrates no tuvo más remedio que solicitar una cuerda de salvamento externa. Más tarde esa semana el jefe de la asociación de la banca de Portugal, Antonio de Sousa, dijo que había recibido “instrucciones precisas” del BCE y del Banco de Portugal de cerrar el grifo. Hasta los cínicos más curtidos en Lisboa y Bruselas se asombraron y declararon en privado que el BCE había cruzado la línea. 

En agosto del año pasado el BCE se apresuró a rescatar a Italia y España mediante la compra masiva de bonos cuando los niveles de rendimiento de éstos se estaban acercando a los de Grecia e Irlanda y estos países solicitaron ayuda a los prestamistas internacionales. Una carta secreta del jefe del BCE en aquel momento, Jean-Claude Trichet, y su sucesor Mario Draghi, cuyo contenido divulgó el diario italiano Corriere della serra, esbozó lo que querían a cambio de esta ayuda: todavía más austeridad y la desregulación del mercado laboral. La carta indicaba con exactitud al gobierno italiano qué medidas tenía que implantar, cuándo y con qué mecanismos legislativos. El BCE, no elegido y que tampoco rinde cuentas a nadie, dirigía ahora la política fiscal y laboral de Italia. En secreto. Hasta Silvio Berlusconi dijo en aquel momento “parecemos un gobierno ocupado”.

Cuando el primer ministro griego, Geórgios Papandréou, anunció en octubre del año pasado que iba a celebrar un referéndum sobre el segundo rescate y mayor austeridad, a los mercados les dio un ataque de nervios. El 2 de noviembre el grupo de Frankfurt -un octeto autoescogido, no elegido y que se creó en octubre del año pasado, se dice durante la fiesta de despedida de Jean-Claude Trichet- lo llamaron al orden.
El grupo de Frankfurt constaba en aquel momento de la jefa del FMI, Christine Lagarde; la canciller alemana, Angela Merkel; el presidente francés Nicolas Sarkozy; el recién instalado jefe del BCE, Mario Draghi; el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso; el presidente del Eurogrupo (el grupo de Estados que utilizan el euro), Jean-Claude Juncker; el presidente del Consejo Europeo, Herman van Rompuy; y el comisionado de la Unión Europea, Olli Rehn. Decidieron que ya habían visto suficiente de Papandréou, incapaz de implementar los recortes y la desregulación que exigían.

Unos días más tarde, Papandréou suspendió el referéndum y dimitió. Fue sustituido por el tecnócrata no elegido, Lucas Papademos, anterior vicepresidente del BCE y negociador del primer rescate griego. La Troika había dado un paso más que la maniobra que forzó al dirigente portugués a pedir un rescate en contra de su voluntad; por primera vez se había derrocado a un gobierno, suspendido la democracia griega e instalado un gobierno propio. Días más tarde se hizo lo mismo en Italia.

Si el derrocamiento del primer ministro griego fue más una consecuencia de la intervención del politburó europeo -con el BCE en el centro-, la mayoría de analistas tiene claro que el derrocamiento de Berlusconi, intocable incluso después de 18 años de juicios, fiestas bunga-bunga y escándalos de corrupción, fue obra directa del BCE. A medida que el rendimiento de los bonos se acercaba al 6,5% -la zona de peligro en que Atenas, Dublín y Lisboa habían solicitado que se les rescatara-, se informaba ampliamente de que Draghi presionaba a Berlusconi para que dimitiera. Esto se hizo patente porque la compra de bonos italianos por parte del BCE fue muy limitada. Esta arma del mercado de bonos a disposición de Frankfurt fue mucho mayor que cualquier presión procedente del partido de Berlusconi o la oposición. 

El derrocamiento de dos primeros ministros en sólo una semana sirvió de aviso musculoso y sin ambigüedad a otros gobiernos de que el BCE es el que quita y pone. Cuando el primer ministro español, Mariano Rajoy, se resistía a pedir un rescate, consciente de que entregaba la soberanía de su país, se presionó a Madrid para que capitulara. El BCE lo animó públicamente a no demorar la petición de rescate al recordarlo cortésmente el papel que el BCE había desempeñado en echar a Berlusconi. 

Las propuestas hechas el 25 de junio de ir hacia una ‘unión política’ de la UE por parte del cuarteto autoelegido de los presidentes del Consejo Europeo, de la Comisión Europea, del Eurogrupo y del BCE van mucho más allá de la revisión centralizada de la Unión Europea de los presupuestos nacionales y las multas aprobadas el año pasado y hacia un fondo de soberanía sin supervisión democrática. Se le otorgaría a Bruselas el poder de reescribir los presupuestos nacionales y si un país necesitase aumentar el volumen de sus préstamos, tendría que pedir permiso a los demás gobiernos de la Eurozona. Esto está en línea con la visión de la unión política que el ex jefe del BCE, Jean-Claude Trichet, esbozó en junio del año pasado cuando todavía estaba en funciones; es decir, un veto centralizado de los presupuestos nacionales esgrimido conjuntamente por la Comisión y el Consejo ‘en asociación con’ el BCE, donde los gobiernos que gastan demasiado se declararían en suspensión de pagos.

La visión del BCE, expuesta en varias ocasiones por Trichet y su sucesor, se describió como un ‘salto enorme’. Tiene dos características: por un lado un programa liberalizador radical de desregulación del mercado laboral, la reestructuración de las pensiones y la deflación de los sueldos y por otro lado la transferencia del control de la política fiscal por parte de los parlamentos a manos de ‘expertos’, que a largo plazo significará un ministerio de finanzas de la UE, de la misma manera que la política monetaria se ha retirado de las cámaras democráticas para colocarla en manos de Frankfurt.

Los analistas ortodoxos muestran bastante simpatía por los objetivos del banco central. Jacob Funk Kirkegaard del Peterson Institute, el grupo de expertos económicos de Washington, ha escrito “el BCE se halla dentro de un juego estratégico con los gobiernos democráticos de Europa”, una estrategia excesivamente política “orientada a conseguir que los diseñadores de políticas recalcitrantes de la Eurozona hagan cosas que de otra manera no harían”. El banco “contempla el diseño de las instituciones políticas que gobernarán la Eurozona durante décadas”. Para Kirkegaard y otros observadores veteranos del BCE, el principal objetivo no es en último término España o Italia, sino Francia, históricamente resistente a una reglamentación fiscal más vinculante de la Eurozona, considerada una vulneración radical de su soberanía. Al hacer poco frente a los ataques del mercado sobre España e Italia, Frankfurt advierte a París y a su nuevo presidente de que no tiene más remedio que acceder a su visión de la gobernanza fiscal tecnócrata.

Welfarism* de los bancos
El tratamiento despiadado por parte del BCE de los Estados soberanos endeudados contrasta con su apoyo a los bancos. La gran cantidad de liquidez proporcionada a los bancos desde el inicio de la crisis ha empequeñecido su apoyo a la deuda soberana.

La crisis de la deuda soberana en realidad ha sido siempre una continuación de la crisis bancaria de 2008. En ausencia de reformas serias, los bancos han permanecido frágiles, sobreapalancados y altamente interconectados entre fronteras. Las suspensiones de pagos soberanas significarían el desastre para muchos de los principales bancos de las economías más importantes de la Eurozona -sin hablar del Reino Unido- que, escasos de oportunidades seguras de inversión AAA y provistos de nueva liquidez procedente de los programas de apoyo de sus bancos centrales, miraron hacia el sur en 2008 y 2009 para invertir en deuda soberana periférica. Los rescates de estos Estados fueron rescates de los bancos también.

Además del riesgo de suspensión de pagos, la crisis de la deuda soberana plantea problemas adicionales para los bancos. La mayoría depende fuertemente de pedir prestado a corto plazo en los mercados monetarios interbancarios en los que deben comprometer activos como colaterales para recibir un préstamo. Cuando un prestamista ha recibido este producto colateral de un prestatario, lo puede usar también como colateral de sus propios préstamos y así acumular una cadena de deuda en un proceso que se conoce como ‘rehipotecación’.

Antes de la crisis, los valores respaldados por activos AAA, ahora tristemente célebres, fueron importantes por su uso en los préstamos ‘colateralizados’. Pero cuando se cuestionó su valor y su valoración cayó, ya no eran aptos (un factor principal de la causa de la crisis crediticia). Los bonos del Estado se aceptan generalmente como un activo colateral seguro para utilizar como préstamo, pero la crisis de la deuda y las degradaciones de la deuda periférica efectuadas por las agencias de calificación han hecho que gran parte de los bonos del Estado no sea idónea, exacerbando los problemas de liquidez.

El BCE ha intervenido para apoyar el sector bancario al facilitar continuamente balsas de préstamos baratos para, en la práctica, mantener vivos a los bancos zombis. Desde 2007 los préstamos del BCE a las instituciones de crédito de la Eurozona han triplicado desde aproximadamente 400.000 millones de euros a más de 1.200.000 millones de euros. El balance del BCE se ha incrementado desde aproximadamente el 15% a más del 30% del PIB de la Eurozona.

Como continúa aceptando los activos colaterales ‘no negociables’, el BCE permite a los bancos cambiar sus malas inversiones de los años buenos por dinero de mejor calidad: el de la reserva del banco central.

Estas acciones empezaron con el comienzo de la crisis crediticia de agosto de 2007 cuando el BCE inyectó rápidamente 95.000 millones de euros de liquidez automática a los bancos con problemas de la Eurozona. Esto continuó en años sucesivos, pero la intervención más dramática tuvo lugar en diciembre de 2011 con ocasión de una operación de refinanciación a largo plazo (LTRO por sus siglas en inglés), un término árido para una acción sin precedentes. 

Como se temía que el sistema bancario de la Eurozona estaba al borde de un colapso estilo Lehman, el BCE proporcionó al sistema bancario un suministro ilimitado de préstamos ‘colateralizados’ a tres años a un interés del 1% al sistema bancario el 21 de diciembre de 2011 y otra vez el 28 de febrero de 2012. En total la cantidad era aproximadamente de un billón de euros. Los beneficiarios fueron los principales bancos de la Eurozona y también del Reino Unido. Dado que los bancos utilizaron sus activos malos como colaterales, esto casi representó dinero gratis.

El objetivo declarado de la LTRO era que los bancos volvieran a prestar a la ‘economía real’. Sin embargo, hay poca evidencia de que esto ocurriera. Analistas del banco ING estimaron que de los 489.000 millones de euros prestados en la LTRO de diciembre de 2011, sólo 50.000 millones de euros volvieron a la economía.

Uno de los resultados de todo este apoyo ha sido el uso de los préstamos fácilmente accesibles del BCE para emprender operaciones de carry trade -pedir prestado dinero a bajo interés y prestar a interés mayor- con los gobiernos de la Eurozona. Como el BCE no puede prestar directamente a los gobiernos, presta más barato a los bancos que a su vez prestan a gobiernos y reciben mayores tipos de interés a cambio. Se dice que los bancos españoles, por ejemplo, han comprado 83.000 millones de euros en bonos del Estado español desde diciembre. Esto es más que una manera fácil de hacer dinero: intensifica la relación entre los bancos comerciales y el Estado, de forma que cada uno no pueda sobrevivir sin el otro.

Como consecuencia de este apoyo a los bancos, el BCE está ahora en posesión de una gran cartera de cientos de miles de millones de euros de activos bancarios arriesgados. Esto va mucho más allá de hacer de ‘prestamista de último recurso’ al sistema bancario -lo que se espera tradicionalmente de los bancos centrales- y representa una transferencia masiva de riesgo desde las áreas privadas a la públicas. El valor de estos activos, muchos de los cuales están vinculados a los mercados inmobiliarios hiperinflados, permanece muy incierto.

El desenlace para los bancos centrales no está claro. Algunos economistas argumentan que no pueden volverse insolventes porque imprimen dinero; otros temen que esto crearía una pérdida de confianza en la moneda y que se requeriría una recapitalización cara (y políticamente explosiva) del BCE de mano de los gobiernos de la Eurozona.

Las operaciones de apoyo al sector financiero por parte de los bancos centrales se han retratado como medidas técnicas para mantener en movimiento el sistema de crédito. Pero su mismo tamaño plantea una pregunta política: ¿por qué mantiene una institución política una industria bancaria tan grande, tan frágil y con una contribución social tan dudosa?

Hay cada vez más personas que opinan que el sistema bancario es simplemente demasiado grande y complejo y que la única solución razonable es encoger y simplificarlo con el fin de devolver a la banca su función de servicio público. Pero la necesidad de mantener el régimen de bienestar del sector financiero hace que a los bancos centrales no les interesa discutir estas reformas más radicales y conserva con eficacia el sistema en su estado actual.

E igual que el peor estereotipo de dependencia del estado de bienestar inventado por la prensa derechista, los receptores del régimen de bienestar bancario -como demuestra su gestión del escándalo del banco Libor- muestran una falta de preocupación por el bien común y una falta de voluntad de cambiar sus métodos. En comparación con la austeridad que castiga la periferia de la Eurozona o la reestructuración del sector público en el Reino Unido, las reformas bancarias han sido livianas.

¿Y qué hay del futuro de los bancos centrales? Tanto al Banco de Inglaterra y ahora parece que al BCE se les dará responsabilidades adicionales en la regulación bancaria. Si se sigue el patrón, los gobiernos trasladarán la responsabilidad de las decisiones económicas fuera del control democrático. El hecho de que los bancos centrales se hagan cargo de los activos malos de los bancos comerciales suscita la pregunta de si llegarán a ser responsables de rebajar su valor al utilizar su capacidad ilimitada de crear dinero como agente para la cancelación de la deuda. Frente a la turbulencia financiera y los probables cambios económicos futuros, la independencia del banco central parece insostenible.

Esta independencia se basó en tres factores: la competencia técnica, la neutralidad política y una limitación estricta de funciones. En el caso del BCE y otros grandes bancos centrales, estas tres condiciones se han pisoteado. En el Reino Unido, a medida de que la connivencia en la manipulación del banco Libor entre el Banco de Inglaterra y los principales bancos comerciales se hace evidente, es buen momento de volver a poner la democratización de los bancos en la agenda.

* Evaluación de las acciones, políticas o leyes de acuerdo con sus consecuencias.

Este artículo se desarrolla dentro de un proyecto de investigación denominado ‘¿Capitalismo liderado por los bancos centrales?’ que se está llevando a cabo en la Universidad de Manchester sobre los cambios socioculturales. Se puede conseguir documentos sin coste en www.cresc.ac.uk.

Leigh Phillips escribe habitualmente para Red Pepper y fue anteriormente corresponsal para Europa de Red Pepper desde Bruselas. Andrew Bowman investiga sobre cambios socioculturales en la Universidad de Manchester y es editor de Red Pepper y Manchester Mule.

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